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domingo, 21 de febrero de 2021

DOS ESPOSAS EN LA VIDA DE VICENTE BLASCO IBÁÑEZ

1891 - María y Vicente en el día de su boda

Dos mujeres  acompañaron la vida del novelista, aunque era bien conocida su admiración por las mujeres bellas y sobretodo si estaban dedicadas al mundo de la ópera. Pero estas dos hicieron que su vida sentimental fuese plena, aunque las dos la complementaban, María Blasco del Cacho, le dió la firmeza de un hogar, la fidelidad de una esposa dedicada y bondadosa que recibía cartas de amor a la espera del regreso de su marido cuando viajaba por otras tierras. Elena Ortúzar, amante enamorada hasta convertirse en esposa, la intelectualidad marcada por ambos, compañera de viajes, hechos y éxitos y la que consiguió que tan solo estuviera ella, por su poder sensual, para acabar con sus escarceos amorosos.

Mejor contar la historia como si de una de sus novelas se tratara ya que se entremezclaron sus vidas en un momento determinado.

Era el año 1885 cuando Valencia estaba improvisada por hospitales que recibían enfermos de cólera,  pues la epidemia asolaba la ciudad. Pero la vida seguía su ritmo y no se rendía ante la evidencia y el peligro. Se hacían reuniones políticas y literarias en las casas de personajes ilustres y de la alta burguesía.

Una tarde de otoño, en casa de los señores Blasco de Cacho, un amigo común, y que pretendía a María, invitó a Vicente a la reunión informal que  aquella casa iba a tener. Como solía hacerse por costumbre, mientras se tocaba el piano, se saboreaba un delicioso chocolate caliente, que en muchas ocasiones acompañaba el dulce sabor de una jugosa “coca de llanda”.

María estaba radiante, de espléndida juventud, guapa, morena, de cuerpo esbelto, que quedó prendada de un muchacho algo mayor que ella y que mostraba conversación inteligente.

Hija única que junto a su madre vivía en la alquería de su tío paterno, cercana al lugar donde más tarde se edificaría el mercado de Colón, huérfana reciente de padre.

Su carácter era bondadoso y hogareño, una perita en dulce para Vicente que se vió rápidamente cautivado por ella. Se veían a menudo, menos cuando ella pasaba los veranos en Villavieja, un pueblo de Castellón, y él iba a visitarla los fines de semana.

Por aquel tiempo Blasco Ibáñez escribió su novela “Por la Patria”, por la que sufrió destierro y a la vuelta se casaron en la iglesia de San Valero, era ya el año 1891.La reciente muerte de su madre hace que se case con vestido negro y velo blanco. Se instalan en una casa de la calla Horno de San Nicolás.

La vida de María no fue muy agraciada con su matrimonio, al que le dio cuatro hijos, pero casada con un hombre de inquietante vida, que sufrió de cárcel y exilios, arruinado varias veces y que se batía en duelos por amantes.

Elena Ortúzar

Sus vidas, cuando Vicente ya cumplía los cuarenta, se veía muy resentida. Su gran amigo Sorolla lo citaba a su estudio para hacerle un retrato. Se percató de una mujer que encerrada en un lienzo le hizo sentir deseos de conocerla. Su amigo le preparó un encuentro en su estudio de Madrid, aunque le anticipó que era casada con un rico diplomático chileno, dueño de unas minas de cobre en su país. Aprovechó la llegada de ella con su esposo a Madrid, que le sobrepasaba bastante en edad y le presentó a Elena Ortúzar, le llamaban Chita en su entorno.

Del encuentro, poco más que decir que se enamoró ciegamente de una mujer de bella figura, elegante porte, alta, rubia, ojos azules, que el lujo era parte de su vida, vestida de visones y chinchillas y con joyas exclusivas de Cartier.

En poco, logró que su fijación en ella le apartara de su afán por las mujeres del espectáculo, las germánicas en especial y dedicadas a la ópera.

Escribió la novela “La maja desnuda” en dos meses, haciendo parecer una confesión íntima del escritor al asemejarse la trama y los personajes a los dos amantes. Al parecer, su esposa  María se percató, al igual que su amante Elena, que se sintió identificada con el personaje. Tuvieron una ruptura Vicente y Elena de poco tiempo, ya que él por intento de reconciliación hizo caso de la proposición de ella y se destruyó la edición entera, no habiendo mejor forma que quemarla la noche antes de su distribución. No fue esta la primera, ni última ruptura temporal con Elena. A raíz de un nuevo enfado con ella escribió, simplemente dejándose llevar por la ira, la novela “La voluntad de vivir”, y volvió a quemar la edición, los doce mil ejemplares, en la playa de la Malvarrosa, con el fin de recuperar el amor.

En 1917 enviuda ella, pero como mujer devota y católica, no había podido convivir con él y era la ocasión para hacerlo durante las estancias del novelista en Mentón, en la villa  Fontana Rosa.

1925 - Entierro de María Blasco del Cacho

María Blasco del Cacho murió a los 55 años, y Elena y Vicente se casaron allí, en Mentón, en 1925. Treinta y cinco años sobrevivió al escritor.

                                         Blasco Ibáñez y Elena Ortúzar

María se fue pronto, dejando su legado de amor a los amantes, pero sabiendo de la profunda admiración hacia ella y su familia de su esposo y cumplido el sueño de una residencia espléndida en la Malvarrosa. Lo que no sé si desconocería que su amor era compartido mientras le escribía "cartas cariñosas” durante su exilio en Francia.

Esta es la historia de un hombre de fama mundial en sus tiempos y después de ellos, que amó a dos mujeres, que admiró a otras y que hizo de su vida la principal novela.

Texto de Amparo Zalve Polo

lunes, 4 de noviembre de 2013

LA MAQUINISTA VALENCIANA

la maquinista valenciana_estatua rey don jaime 1891

1891 - El proceso de obras y mejora urbanas de Valencia del siglo XIX, tanto referido a obras públicas como al desarrollo de las reedificaciones y a la multiplicación de las construcciones nuevas, contribuyó también a incrementar los pedidos de cierto tipo de productos propios de la industria metalúrgica. La industria del metal arranca con la cerrajería, manteniendo su carácter artesanal a principios de siglo y no perdiéndose a lo largo de la centuria. Ya que este sector carecía de una tradición previa y comienza a configurarse a partir de la década de los cuarenta. 

Y es a partir de 1849 cuando esta fundición conocida como la Primitiva Valenciana, amplia el capital y los socios capitalistas: Valero Cases como director técnico y Cleofás Cano como contable. Entre 1850 y 1860 el progreso de la empresa fue espectacular, hasta el punto que hubo que ir contratando más especialistas en fundición para poder atender el incremento del negocio. En septiembre de 1870 Valero Cases se convirtió en el único propietario; es el momento en que contrata a Francisco Climent como director técnico y a Miguel Alcalá como administrador–contable. Estos dos a la muerte del propietario de la Primitiva Valenciana en 1879 intentan crear una sociedad con la viuda de Cases. No obstante tal sociedad no llegó a cuajar, y en 1880 se creó una nueva Climent-Alcalá y con un nuevo nombre para la fábrica: La Maquinista Valenciana.

En 1884 esta empresa realizaría la primera locomotora de vapor fabricada totalmente en España.Y en 1889 la sociedad se disolvió y Francisco Climent se quedó como único propietario de los talleres. La Maquinista Valenciana fue famosa por las maquinas a vapor sistema Corliss, tipo Wheenock y Wanniek. También se especializó en la construcción de todo tipo de maquinaria para la industria del tabaco, utilizando el modelo patentado de esta empresa “DuplexCliment” que fabricaba cigarrillos mecánicamente con picadura al cuadrado; igualmente destacó en la construcción de puentes y obras artísticas como las estatuas del rey Jaime I, en Valencia y en Castellón. Así mismo esta empresa familiar no sólo trató de reflejar aspectos como lo público y lo económico, sino también relaciones sociales y políticas como pudo ser la visita del rey Alfonso XIII a la Maquinista Valenciana en el año 1905.

De su fundición, tal y como vemos en la foto, salió la estatua de Jaime I hacia el Parterre para su inauguración en el año 1891 realizada por Agapito Vallmitjana.

Texto: Isabel Balensiya

martes, 12 de julio de 2011