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lunes, 15 de febrero de 2016

ESCUELAS DEL AVE MARÍA EN MARCHALENES


El 7 noviembre de 1912, fue un día de feliz recuerdo, inusitada alegría y satisfacción en el popularísimo barrio de Marchalenes. En tan  señalada fecha tuvo lugar el feliz acto de la inauguración de la Escuelas del Ave María, grupo docente modelo en la época creado a semejanza de los que con tanto acierto fundara el padre Manjón en la ciudad de Granada.

Aquel día la calle principal de Marchalenes  amaneció  engalanada con colgaduras, guirnaldas y gallardetes; frente al nuevo edificio escolar se levantó un monumental arco de bienvenida artísticamente confeccionado con ramas verdes y diversidad de  flores.

Los actos organizados con motivo de la inauguración de la mencionada colonia escolar, estuvieron presididos por monseñor Victoriano Guisasola y Menéndez, arzobispo de Valencia, quien procedió a la bendición de la Colonia Escolar, al que acompañaban  entre otros don Luís Bermejo Vida, alcalde de Valencia, representación del Capitán General, Señora e hija del Gobernador Civil, Concejales del Ayuntamiento de Valencia, canónigos, autoridades civiles y del magisterio, curas de diferentes parroquias circundantes, el barón de Terrateig, la marquesa de San Joaquín y otras personalidades de la vida valenciana de aquellos momentos.

En vista de la densidad de este popular arrabal de "vora riu", el arzobispo de Valencia encargó al sacerdote don Miguel Fenollera la dirección de la construcción de este nuevo centro escolar, levantado sobre un extenso solar donado por la señora Condesa viuda de Rótoba; los terrenos alcanzaban desde la casa abadía de la iglesia parroquial de la Verge del Rosari hasta la misma orilla de la acequia de Algirós (braç de Mestalla), al fondo, la frondosa arboleda y muros del huerto del Real Monasterio de la Zaydia, donde se encontraban enterrados los cuerpos de doña Teresa Gil de Vidaure, tercera mujer de Jaime I, su hijo, y su esposa la princesa Adelfa.

Según la crónica aparecida en el Diario de Valencia, de aquella época, el nuevo Centro Escolar merecía los calificativos siguientes:

“La Escuelas del Ave-María, son la última palabra de esta clase de establecimientos eminentemente populares y prácticos, fundados por el sacerdote don Andrés Manjón. El inaugurado ayer es modelo de ellos. En su patio amplísimo y pintoresco, se encuentra establecida la Colonia Escolar de Nuestra señora del Rosario de Marchalenes. En él se levanta el edificio compuesto por tres partes: dos, a las dos escuelas de la clase de San Victoriano, y un pabellón sostenido por sencillas columnas y dándose de este modo clases al aire libre”. El mencionado rotativo, terminaba su crónica con este más que expresivo párrafo. “La concurrencia salió muy satisfecha de la fiesta, que resultó solemnísima y complacida por haber visto funcionar las escuelas”.



El periódico Las Provincias, insertaba en portada la crónica que comenzaba de la manera siguiente:

“Con inusitada solemnidad se verificó ayer tarde la inauguración de la Colonia escolar de (…) Marchalenes y conocida por la Escuelas del Ave Maria. Muy conocidas son las agrupaciones escolares que fundara en Granada el Padre Manjón, obra eminentemente cristiana y pedagógica, que tuvo resonancia en todas partes, y muy especialmente en Valencia, donde por iniciativa del señor Arzobispo se ve hoy ultimada de modo tan brillante”.

En la actualidad, los terrenos de las Escuelas del Ave Maria, ocuparían las tres cuartas partes del actual complejo parroquial de Santiago Apóstol y colegio del mismo nombre, construidos en la calle Doctor Olóriz después de la trágica riada de octubre de 1957.

Es de justicia el destacar aquellas abnegadas profesoras del Ave María, que finalizada la guerra civil, de manera altruista, después de cumplida su jornada laboral emprendían otra importante labor el dar clase a mujeres adultas, no solo de enseñanza, sino también de costura, además de las "labores propias de las mujeres" como se decía en aquellos ya lejanos tiempos.

No podemos olvidar que durante la mitad de la década de los años cincuenta, en el amplio patio del referido colegio, la parroquia instaló un popular cine de verano con el nombre de “Terraza Olóriz”.

Esto es en síntesis la historia de las escuelas del Ave María (1912-1966), que incluso en plena vorágine y represalias durante la guerra civil, el vecindario siempre mantuvo el nombre de Colegio del Ave María.


(1960)

El actual colegio Santiago Apóstol y la parroquia del mismo nombre se levantaron en el mismo lugar donde anteriormente se encontraba la pequeña iglesia separada por un muro del espacioso recinto donde se encontraba el colegio objeto de este relato. 

El nuevo complejo de Santiago Apóstol con gran boato y solemnidad fue inaugurado el día 5 de marzo de 1966. Tan solemne acto se vio concurridísimo, al cual asistieron las máximas autoridades valencianas. Apadrinó el acto el Regimiento de Caballería Lusitania número ocho, quien marcialmente rindió los honores de ordenanza una compañía de gastadores, uniformados de gala pertenecientes al mismo. 

Texto de Juan B. Viñals Cebríá

Fotos del Archivo de Juan B. Viñals Cebría

lunes, 20 de abril de 2015

EL CADAFAL DE MARCHALENES

plaza de toros del llano de la Zaidia
Archivo Juan B. Viñals

La plaza de toros que se instalaba en el siglo XVIII en el típico arrabal de Marchalenes es un hecho posiblemente ignorado por muchos de los actuales vecinos de esta antaño típica barriada. Es digno de resaltar que desde siempre los valencianos han sentido una gran afición por la fiesta de los toros.

La plaza de toros del Pla de la Zaïdia o de Marchalenes según el historiador Orellana, por los años mil setecientos y pico fue el núcleo principal de las corridas de toros que se celebraban en la ciudad de Valencia.

Salvador Carreres, de manera jocosa también nos dejó escrito, que entre los días 22 hasta el 30 de de septiembre de 1755 se celebraron en este Cadafal (Plaza de Toros de Madera) diferentes festejos taurinos.

Donde de verdad más beneficios reportaba a los organizadores de los festejos taurinos era sin lugar a dudas era en el Mercado Central, pero las autoridades Municipales celosos de sus funciones en ocasiones eran reacios en conceder los permisos por las incomodidades que producían tanto a los vendedores, transeúntes y compradores del mercado. Por lo tanto los organizadores se vieron obligados ha instalar “els cadafals” en diferentes lugares de nuestra ciudad y es por eso que en algunas ocasiones las corrida de toros y festejos se trasladaron al barrio de Marchalenes y más concretamente en el conocido Pla de la Zaïdia, cuyo palco principal o de autoridades se encontraba frente la desaparecida Creu del camí de Marchalenes, que luego fue trasladada al camino de Paterna hasta el día de hoy.

1901 Cadafal de marchalenes_ coso calle jativ 1901_Album Barbera Masip_047 (1) 
1901 – Coso de la calle Játiva – V. Barberá Masip
Archivo de Rafael Solaz

En definitiva muchas son las dificultades y trasiegos tuvieron que soportar la Junta del Hospital General de Valencia, hasta que se consiguió ver realizada por fin, la flamante y actual plaza de la calle de Játiva.

”El origen de la fiesta de los toros en Valencia se pierde en la oscura noche de los tiempos. Las más autorizadas opiniones sostienen que los romanos importaron a España la afición al circo, la cual decayó casi por completo durante la dominación de los godos y visigodos, hasta que, ocupado posteriormente por los árabes el territorio español, volvió a renacer, si bien sustituyendo a la lucha de gladiadores y de fieras por la lidia de toros, en la que ostentaban su pujanza y brío los más esforzados adalides de las distintas tribus sarracenas. La nobleza española, que bajo todos los conceptos sostenía una rivalidad sin limites con la musulmana, tomó una parte muy activa en tales diversiones, no solo impulsando por el espíritu y la galantería dominante en aquella época, sino también que nadie cedía en serenidad, esfuerzo y valor. Muchos fueron por este motivo los caballeros cristianos que se distinguieron en la lidia de los toros y adquirieron gran celebridad y renombre, por su singular destreza y bizarría. Valencia que nunca ha podido contar con pastos para la cría de reses de tales condiciones, es acaso de los pueblos más antiguos en donde se ha ejercido la tauromaquia como ley caballeresca, o como fiesta popular. Mucho interés despertó la afición a la fiesta de los toros, así como apetencia de ganancias en la organización de los primitivos corros, pues el 27 de de enero de 1612, ya se solicitó a Felipe III, un privilegio del derecho de renta de los corros de los toros de la municipalidad de Valencia, celosa por sus intereses y también por la comodidad del publico, hizo siempre cuanto pudo para alejar del mercado esta diversión. El Hospital fue atendido por SM y, en Real Cédula de trece de julio de 1742, se revocó la del quince de julio de 1741, que mandaba hacer corridas en la Plaza de Santo Domingo. Esto no bastó para que el ayuntamiento cejara en sus instancias, en términos que en los intervalos e indecisiones tuvo el Hospital que buscar sitio en el Pla de la Zaïdia de Marchalenes”

Recordar que en otros lugares de la ciudad también se celebraron corridas de toros, pero por lo que a nosotros nos ataña, nos referirnos al importante cadafal del Pla de la Çaidia.

“La plaza del Llano de la Zaidia, siempre fue cuadrada; pero su situación varió según los cálculos y gusto de los maestros carpinteros, que tomaban por su cuenta la construcción de los tinglados (cadafals). Unas veces se hizo teniendo a su lado N. paralelo a la acequia de Algirós que pasa lamiendo el Monasterio de la Zaidia, apoyando el vértice N.O., sobre el puente antiguo frente la cruz que todavía existe. Otras se ladeaba toda ella de modo que este lado paralelo comenzando desde el mismo punto frente la cruz, tomaba la dirección oblicua al molino Villacampa, y en este caso cortaba la acequia, sobre la cual se construía la plaza. Generalmente, cada uno de los cuatro lados de esta plaza tenia doscientos veinte palmos valencianos; había tres puertas, una daba frente a Santa Mónica, a cuyo lado N. estaba el toril, otra frente al pretil del río y otra en el camino de Marchalenes, encima de la cual estaban los palcos de las autoridades”.

En el siglo dieciochesco, una tarde de toros o de cualquier otro festejo taurino de los que se celebraban en el cadafal de Marchalenes, suponía un espectáculo multicolor y toda una diversión para la época. El trasiego de los entablados y de la piezas para construir el Cadafal; el ir y venir dels mestres fusters (carpinteros) para dejarlo todo a punto y en su punto.

Antes de la hora programada la plaza quedaba engalanada en cada uno de sus rincones y cada empleado hacia lo propio para el posible y normal desarrollo del festejo (areneros, alguacilillos, torileros, porteros, etc.…).Primero el espectáculo de la arriesgada desencajonada de las reses bravas. Las colas para adquirir las entradas. El emerger de las gentes tanto de la ciudad como de la huerta formaban remolinos humanos entusiasmados por ver la llegada de los toreros, sus cuadrillas y los mozos de espadas; carruajes y calesas, portando a las guapas cupletistas de los más importantes teatros de la ciudad, quienes aparecían luciendo bonitos mantones de Manila, mantones, que después eran extendidos en sus barreras.

Mientras tanto la laureada Agrupación de la Música de La Vega, no cesaba de interpretar airosos pasodobles. Todo en sí, era festivo, por lo que los más curiosos no cesaban de ir de un sitio para otro, para no perderse nada de lo que por allí ocurría. La mayoría de la marejada de espectadores se trataba de huertanos venidos de los poblados limítrofes quienes aparecían ataviados con la clásica brusa negra del -diumenge i díes de festa- los labradores y los Gremios que aportaban más aficionados y que presumían conocer los secretos de la fiesta, eran tratants i corredors d`orella, carnissers y blanquers (curtidores). La mayoría de esos espectadores iban provistos de ostentosos puros habanos.

La fiesta la componían además de los empleados del Cadafal, la misma avalancha de espectadores provenientes de la ciudad y de los pueblos, además se congregaba toda una grey de vendedores y aiguders, portando el preciado líquido con botijos de arcilla, no faltaban tampoco los horchateros. Alrededor de la plaza como si de un mercadillo medieval se tratara se colocaban tenderetes con todo un sinfín de las más variadas chucherías, toda esa diversidad de vendedores con potente vocerío pregonaban las bondades de la mercancía, lo que impregnaba al ambiente, un bullicioso sabor festivo alrededor de la plaza de toros del Pla de la Zaïdia en aquel populoso y típico barrio de Marchalenes.

Texto de Juan B. Viñals

Bibliografía.
.Juan Miquel de San Vicente.”Memoria sobre la Plaza de Toros de Valencia”.-1861.
.Juan B. Viñals Cebriá.-“Marchalenes huerta y marjales (…)”2000.

jueves, 19 de marzo de 2015

El MONUMENTO A SAN JOSÉ EN EL PUENTE DE SU NOMBRE

monumento a San jose  
El día 19 de marzo de 1951 es una fecha de feliz recordación para todo el mundo que siente y ama a las fiestas de las fallas. En tan señaladísimo día fue solemnemente inaugurado y bendecido el monumento a San José el patrón de las fallas que se encuentra en el puente que sobre el río Turia lleva su nombre en Valencia.

Tan solemne acto estuvo presidido por el Ministro de Educación Nacional, don José Ibáñez Martín y la Fallera Mayor de Valencia, Pilar Ibáñez Martín-Mellado. A quienes acompañaban autoridades Nacionales, Provinciales y Locales, señorita Maruja Peiró Lázaro, Fallera Mayor de Doctor Olóriz –Arzobispo Fabián y Fuero y, respectivas Cortes de Honor. Bendijo el monumento don Marcelino Oloachea y Loizaga Arzobispo de Valencia.

Octavio vicent final de los 50
El marmóreo monumento dedicado por los falleros al patrón de las Fallas descansa sobre una peana de color imitación a los pretiles del río y el Patriarca San José Artesano está labrado en piedra, en el que el santo figura de pie junto al niño Jesús sentado frente al banco de carpintero, idealista a la manera clásica y moderno en su factura, es obra del galardonado escultor valenciano, don Octavio Vicent Cortina (Premio Nacional de escultura), ayudado por el marmolista Roca Doménech; dicho monumento está esculpido sobre piedra de mármol nacional blanco, y le circunda parcialmente la peana un pequeño enrejado que sirve para depositar las flores; en el centro del mismo, figura un contorno de hierro con el escudo de la comisión de la falla de Doctor Olóriz- Arzobispo Fabián y Fuero.

En el monumento figura éste tan sobrio como expresivo texto:
“LAS FALLAS A SU SANTO PATRÓN”
Como fiel continuadora de la tradición iniciada en el año 1951, la comisión fallera decana del barrio de Marchalenes, todos los días 19 de marzo de cada año en el día grande y último de las fiestas falleras en la ciudad de Valencia en su casal se ofrece el 'desdijuni de festa' acto presidido por nuestras FFMM.

La interesante iniciativa de levantar el monumento dedicado a San José patrón de las fallas en el puente que lleva su nombre en Valencia, surgió en el seno de nuestra comisión fallera que en aquellos tiempos era presidida por el entusiasta y dinámico fallero don Manuel Lahuerta Grancha, miembro destacado que fue de la Junta Central Fallera.

El monumento se dijo que fue costeado por suscripción popular, pero es justo reconocer que en su mayor parte por fue sufragado por el mundo fallero y por ese motivo por aquellos tiempos los vecinos de Marchalenes consideraban como propio el -monument dedicat a Sant Josep en el Pont Nou.

Texto de Juan B. Viñals Cebriá
Fotos: Archivo de Juan b. Viñals Cebría.

viernes, 6 de marzo de 2015

MARCHALENES, ZAIDIA Y UN RETABLO

José Cózar en 1962 cogió el caballete y desde su calle Mondúber se fue a Marchalenes. Buscaba el Monasterio de la Zaidía, sin desdeñar alquerías, huertos, casas y aleros; y cómo no, el retablo de la Virgen del Rosario. Con su certero trazo llevó al lienzo tan entrañables paisajes urbanos.

Marchalenes, Marjalena como le gusta mencionar el historiador Juan Bautista Viñals quien se recrea en el trabajo de Pepe Cózar, a su vista nos informa de lo que ven sus ojos porque los recuerdos, pese al tiempo, permanecen inalterables.
 
1962 marchalenes
Derecha: Escalones subida Calle de la Bomba. Almacenes. Ebanistería de Ortiz. Carnicería de García. Al fondo, cúpula del Real Monasterio de la Zaidía. Entre ésta y la Calle de la Bomba nuevos edificios.

Izquierda: En primer término, caseta con aliviadero de la caudalosa acequia de Rascanya. A continuación, la casa de las modistas Grancha y, seguidamente, la “algepseria” que daba entrada a la calle Montañana.

1962 marchalenes2 Ángulo del principio de la calle  Marchalenes  fragmentada en el año 1919. El primer tramo  se rotuló  calle Doctor Olóriz.

A la derecha retablo de la Virgen del Rosario, 1800-1991, artístico altarcillo que según todos los soportes documentales que se disponen corresponde su obra con anterioridad al año 1800, y estuvo dedicado a Sant Vicent Ferrer i a la Verge del Rosari, todo como consecuencia de la devoción que se les profesaba a la Virgen y al Santo Dominico Valenciano en este peculiar arrabal  de extramuros mitad lacustre y mitad huertano.

El retablo  estaba construido de bonitos azulejos, y quedaba protegido por tejas de alfarería de color rojo. En nuestro particular recuerdo lo inmortalizamos cimentado entre un balcón con sencilla balaustrada de hierro provista de torna puntas, y ventanas con unas interesantes verjas; su forma era rectangular, sus medidas aproximadas, tres metros a lo alto, además de la cornisa construida de madera, y friso de azulejos, y en sus proximidades existía una fuente loada entre otros por el celebrado poeta valenciano Martí Gadea.

El caserón por su composición y su trazado en su tiempo fundacional debió de corresponder a familia de alto linaje, en sus últimos y lastimosos momentos estuvo rotulado con el número 4 de la calle Marchalenes y en sus últimos instantes la vivienda con el mencionado retablo la ocupaba la familia Bonora, la del medio  como almacén  Vicente García. Y la esquina con la calle Montañana se encontraba la vieja peluquería y enfrente la “algepseria”.  

Por la izquierda comienza la casa de la familia Salom, la carnicería del señor García, la carpintería de Ortiz y seguidamente los escaloncitos de  la entrada de la calle de la Bomba, y al fondo la arboleda de la alquería de Barriga, anteriormente conocida como alquería de Guinart.

1962 marchalenes3
Real Monasterio de la Zaidía y sus huertos en las décadas de los cincuenta y sesenta.

De quien el historiador Juan B. Perales dejó escrito: “No menos renombrado, ni menos suntuoso, ni menos histórico que los grandes monasterios de aristocráticas religiosas, existentes o que han existido en varios puntos de España como Las Huelgas de Burgos, las Dominicas Reales en Medina del Campo, Las Salesas, Las Comendadoras Calatravas y otras de Madrid y de diferentes ciudades de la península es el histórico y celebradísimo monasterio de la Zaidía en Valencia fundado en 1260 por Doña Teresa Gil de Vidaure quien historiadores graves proclaman como tercera mujer de Don Jaime el Conquistador”.

Texto de Juan B. Viñals

martes, 11 de marzo de 2014

EDIFICIO Y SEMIROTONDA DE MARXALENES

MARXALENES.- 16-04-1987. E.Gonzalo

Foto de Esteban Gonzalo Rogel

Años 80 - El edificio de viajeros y el depósito semicircular de locomotoras de vapor de la estación de Marxalenes son los vestigios más antiguos, y sin modificaciones arquitectónicas que los desfiguren, de los ferrocarriles de vía estrecha de la zona norte de Valencia, líneas férreas que en sus adentramientos soterrados forman parte de la red de metrovalencia. Tienen más de ciento veinticinco años, ya que el 6 de junio de 1888 fue abierto al servicio público el tramo ferroviario de ancho métrico entre Marxalenes y Paterna y el día 18 del mes siguiente la continuación hasta Llíria, mientras que el resto de las líneas (Grao, Bétera y Rafelbunyol) fueron inauguradas en los años 1892 y 1893.

ESTACION DE MARCHALENES
La actividad del depósito de locomotoras de vapor fue disminuyendo, paulatinamente, con la electrificación de las cuatro líneas férreas entre 1917 y 1925, y finalizó con la llegada de dos locomotoras eléctricas, “los tanques”, una en 1930 y otra el año siguiente, construidas por Devís para el remolque de los trenes de mercancías. Las quince locomotoras de vapor de la Sociedad Valenciana de Tranvías (desde 1917 Compañía de Tranvías y Ferrocarriles de Valencia, CTFV) tuvieron tres destinos diferentes: cinco fueron trasladadas al trenet de Torrent y Villanueva de Castellón, otras tantas vendidas (3 a Altos Hornos de Vizcaya en el Puerto de Sagunto y 2 al Ferrocarril de Tortosa a La Cava) y las restantes desguazadas por inútiles. Depósito de vapor que revivió entre 1936 y 1939 cuando trajeron locomotoras de Sierra Menera para atender el servicio ferroviario si había cortes de suministro eléctrico.

Con el traslado en la posguerra a las nuevas instalaciones, más cercanas a la estación Pont de Fusta, los antiguos talleres y el depósito de locomotoras fueron alquilados, mientras que el edificio de viajeros continuó prestando servicio hasta el cierre de la línea el 30 de enero de 1990 para su transformación en línea de tranvías, que fue inaugurada el 21 de mayo de 1994 con una variante al sur para dejar para otros usos parte de las instalaciones del siglo XIX.

El largo edificio de viajeros, de una sola planta, es utilizado como centro para personas disminuidas, y la antiguo depósito de locomotoras comparte exposición municipal del Trenet, inaugurada el 2 de mayo de 2003, con centro de jubilados de la barriada.

Texto – Esteban Gonzalo Rogel