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domingo, 12 de mayo de 2019

CEMENTERIO BRITÁNICO INTERNACIONAL



Es un montaje de Pep Valencia via GIPHY


El credo protestante unido con la ciudad de Valencia a través del ferrocarril y del hierro fundido tras la eclosión en España de la revolución industrial en la segunda mitad del siglo XIX, hizo aparecer en el cap i casal a singulares personajes británicos dispuestos no solo a implantar la tecnología imperante, sino también a fijar su residencia en nuestra capital por el resto de sus vidas.

A los Willian Bartle, ingeniero de ferrocarriles y Henry Fink, fundidor dedicado a la construcción de locomotoras en su nave industrial de la calle Ruzafa, próxima al paso ferroviario, situada frente al lugar donde un siglo después estaría la farmacia Royo, se unieron cada uno en su cometido los Walter Morris, Arthur Rees, Tapp, Craven, Eknes y un largo etcétera, mientras era necesaria la llegada de ingenieros foráneos que demandaba la industrialización valenciana, todos protestantes.

Los vice-cónsules Joseph Dart, británico, y Per Eknes, noruego, compraron un terreno situado frente el Cementerio General, por ser éste de uso exclusivo para los católicos, sobre el que se construyó un nuevo camposanto, que, años después y bajo la dirección del arquitecto valenciano Antonio Martorell, se levantó su actual fachada y capilla, siendo sus artísticas vidrieras (restauradas felizmente por “Fet de Vidre” hace un año) obra de Vicente Sancho y Fuster, que completaron el conjunto en 1907, cuya construcción se había iniciado en 1879, aunque se tiene constancia de que el primer entierro fue el del niño de 8 años Charles Morris en 1863.

El cementerio ha recibido la sepultura de personas procedentes de veintidós nacionalidades, con la mezcolanza de protestantes, judíos y católicos, como también algún ateo, estando datadas doscientas noventa y seis inhumaciones, aunque en realidad se cree superan las trescientas cincuenta. 

Reposan también los restos del exportador naranjero Alfred Faulconbridge, enterrado en 1932, introductor del tenis en Valencia. La vía marítima y el ferrocarril, daban vigor económico a la ciudad.

Archivo Municipal

En los últimos años la Fundación Cementerios Británicos en España ha ido protegiendo del vandalismo sus instalaciones gracias al esfuerzo desinteresado de sus miembros, mejorando el servicio y con la pretensión de una mayor divulgación para la ciudadanía.

La creación de un espacio en su interior denominado como “El Jardín de los recuerdos” para las cenizas ha sido el último de sus logros.

Camposanto "propiedad" de la Reina Victoria, con el nombre de Cementerio Británico Internacional, cuyo antiguo imperio y tras su descolonización, quedó al amparo de la Commonwealth of Nations.

Sin embargo, el gobierno británico considera que los expatriados locales deben ser responsables de este cementerio plurinacional. 

La industrialización de la Valencia decimonónica no podría entenderse sin la valiosa contribución de quienes allí descansan, santo lugar que en un tiempo fue conocido como “el cementerio inglés”, que forma parte de nuestro acervo cultural e histórico.

Con mi agradecimiento a Diana Clifton-Sewell.


martes, 28 de noviembre de 2017

LA CASA DE LAS CORONAS



Archivo Municipal
Con la colaboración de Pep Valencia

La señorial plaza de Alfonso el Magnánimo tiene su origen cuando el Mariscal Suchet, desde su puesto en plaza, tomó la decisión de construir la Glorieta ante el Palacio de la Aduana llevada a cabo años después por el General Elio.

Ya mediados el siglo XIX se tomó la decisión de esponjar aún más la zona con los derribos de una pequeña retícula urbana que albergaba ochenta y cuatro casas. Nació entonces con el nombre de la plaza de la Aduana, popularmente conocido como el jardín del Parterre, como mención del lateral del palacio arriba citado, que después sería fábrica de tabacos, siendo numerosos los cambios en su rotulación.


Archivo Municipal

En la plaza, cuando su nombre era el de la Milicia Nacional, se hallaba una casa, ya en la calle Poeta Quintana, con su huerto, que fue reedificada hacia 1846 con el nombre de “Casa de la Coronas”, que tomaba el mismo por las seis coronas en lo alto de su remate. Se sabe de ella que su huerto albergó desde 1776 la estatua de San Pascual Bailón que había sido derribada por una riada, lo que hace suponer su función como almacén municipal. Tras su restauración, el 9 de julio de 1782, el santo fue nuevamente colocado en su casilicio del Puente del Mar. 

Curiosamente, en el plano de Tosca de 1704, aparece una casa con el mismo emplazamiento en la que se observan seis almenas.

Casa de abolengo que perteneció a D. Juan Cervellón, fue propiedad de los Condes de Trigona en 1909 quienes tras tomar morada comunicaron a sus amistades su nuevo domicilio de Poeta Quintana 1, mediante elegantes tarjetas.

Archivo Municipal

Casa de las Coronas, que junto a su vecino edificio de elegante porte, fueron derribado años después de la riada de 1957, ya en los sesenta, cuando presentaban el aspecto que vemos en las imágenes de los años cuarenta. 

miércoles, 15 de febrero de 2017

UN INCENDIO EN LA CASA DE LA CIUDAD

(Es un montaje de Pep Valencia)

Dicen las crónicas que hubo un incendio en la Casa de la Ciudad, donde, entre otras, tenía la función de cárcel. 

Hablamos del producido a las 19 horas de un 15 de febrero de 1585. Se inició, fue lo más probable, en el Archivo del Racional y las llamas se hicieron dueñas durante más de 24 horas, que transcurridas, no sería hasta el día siguiente cuando llegó el momento de su total extinción. Recinto el citado, cuyas paredes y techumbre fueron embadurnadas con alquitrán por los presos. 


Incendio voraz que supuso la pérdida de miles de documentos, actas de gran interés para la ciudad y la liberación de los presos, toda vez que no había lugar para su encierro, salvo aquellos con mayores penas que fueron trasladados a las Torres de Quart, al torreón del Palacio de la Generalidad y a la prisión del Santo Oficio.

Así detalla las pérdidas el  cronista de la época: “de dicho archivo se quemaron todos los altos de la Sala, con sus legajos; los porches y toda la casa de Baltasar Ximeno, escribano de la sala de los magníficos Jurados, sin que pudiera salvarse absolutamente nada, ni muebles, ni ropas. Quemáronse todas las presiones altas, que vulgarmente se llamaban de la torre; la capilla de los presos y el retablo; las prisiones llamadas Guinneus; las estancias del “Conde y Torre  fonda” y todos los demás departamentos más pequeños”.

También se liberaron los presos, hombres y mujeres, de la planta baja, conocida como “Comuna”, con penas de menor entidad, que cuando abandonaron su presidio cogieron un crucifijo del altar mayor de la capilla, exclamando por las calles gritos de misericordia.

Aquel incendio fue determinante para que en 1586 las Torres de Serranos fueran convertidas en lugar de cárcel por primera vez, hasta entonces fortaleza militar.

martes, 6 de diciembre de 2016

EL JARDÍN DEL CARMEN



Montaje de Pep Valencia

1955 Ca. - Valencia ciudad de huertos, fuera y dentro de las murallas, en especial por “la morería”, donde tanto el conocido como del “tirador” como el de “ensendra” fijaban el contrapunto al resto de la urbe, donde pese a su gran concentración urbana, ausente de claros, era habitual la existencia de pequeños huertos en las casas más notables en su parte posterior.

El río, y de él su acequia Rovella en su penetración por la ciudad, no sólo daba vida a los industriales “blanquers”, sino que nutría a los huertos, por lo que no puede extrañarnos que tras el crecimiento urbano con la desaparición de los de mayor superficie, se mantuviera en el tiempo la antigua costumbre del pequeño vergel reconvertido en coqueto jardín que duró hasta la década de los sesenta, cuando se rindió a la presión inmobiliaria.

Zona la que nos ocupa de campos que a finales del XIX, Francisco Lluch Marí, compró un trozo de su huerta para la instalación de una fábrica de curtidos y su vivienda.


Esta hermosa casa que fuera el “Jardín del Carmen” se encontraba en el lugar que hoy ocupan las fincas números 6, 8 y 10 de la avenida de San José de la Montaña; se derribó en el año 1962. La casa estaba separada de la calle con una pieza cerámica en tono azul cobalto, que permitían apreciar desde la calle la casa con su nombre “Jardín del Carmen” y su jardín.

Hay que destacar los hermosos azulejos que había en las jardineras, banco y fuente, y los grandísimos árboles de pimienta, así como el rosal de la enredadera, que tenía más flores rojas que hojas.

Muchas personas recordarán la tienda de flores y los hermosos ramos y coronas que allí se hacían.

Con mi agradecimiento a Miguel Safón por su aportación de datos.

martes, 22 de noviembre de 2016

EL EDIFICIO BALKIS CUMPLE 70 AÑOS



Es un montaje de Pep Valencia

1946 - Entre 1943 y la década de los sesenta tuvieron lugar los derribos para la futura avenida del Oeste cuyo eje iba a nacer en la plaza de San Agustín y en línea recta avanzar hacia su final ante el puente de San José. No fue así. La actual plaza de Brujas puso su límite.

Los primeros derribos fueron en la zona situada entre la calle Padilla y la plaza Pellicers. De una agrupación formada por los señores Hidalgo Pérez, Belenguer Giner y Llorens Salvador, surgió la idea de levantar el edificio que iba a ser el primero, cuyo hecho anecdótico compite y según los datos, con el que figura con el número 31. El "Edificio Balkis" recibió a sus primeros vecinos a partir de julio de 1946, una vez obtenido el permiso de ocupación por la gestión de José de Fuenmayor Champín, quien actuaba en representación de los citados señores, quienes se repartían la propiedad del edificio por tercios, con el compromiso de entregar una vivienda del primer piso, la número dos, a la propietaria del solar de 1.084 m2. Desamparados Marí Olmos, donde con anterioridad había existido un amplio y lúdico establecimiento conocido como Balkiss, que se correspondía con la manzana 262, cuyo nombre sería utilizado para el nuevo inmueble. 

El edificio iba a ocupar una superficie de 835 m2, mientras que el resto seria segregado del primitivo solar para ensanche de la nueva avenida, aunque la calle Rafol a su espalda, destacaría por su estrechez, con apenas un "palmo de calzada". El Balkis estaba dispuesto en su planta baja para 14 establecimientos comerciales, diez de ellos con su correspondiente parte del sótano.

La foto nos habla de su personalidad diferenciada, al ser el único edificio de la avenida, hoy Barón de Cárcer, exento a cuatro calles: Beata, Rafol, plaza Pertusa que desaparecía para convertirse en el inicio de la calle Pilar ya existente y Jabonería Nueva, que también pasaba al olvido por la puesta en escena de la Avenida del Oeste.

También llama la atención por la numeración interior de sus 35 viviendas, que se distinguen por su arranque con el número 46 en el primer piso, hasta alcanzar el 80 en el octavo y último. 

Ello se explica a que el "entresuelo" estaba dispuesto en departamentos para 18 tiendas todas exteriores, que después sería utilizado en su totalidad por Radio Nacional de España, con la segunda planta conocida como "principal", compartida por 27 despachos. Esta numeración fue contemplada a partir de 1949, pues con anterioridad las viviendas iniciaban su numeración con el número 1 en el primero, para finalizar con el 35 en el último. 

¿A qué se debe el cambio en los ordinales? ¡Quién sabe! Quizás por decisión de la propiedad, sin desdeñar fuera del “portero del Balkis”, institución ésta que alcanzó gran popularidad en el edificio.

Las viviendas fueron ocupándose con la llegada de sus familias que lo fueron así: en el año 1946, siete; 1947, seis; 1948, cinco; 1949, cuatro; 1950, una; 1951, cinco; 1952, dos; 1953, dos; 1954, una; sin tener el dato cierto de las dos que nos faltan, ocupadas con posterioridad.

Un hecho anecdótico y del que hoy se cumplen setenta años, es el "del primer nacimiento en el Edificio Balkis", que lo más verosímil fuera también en la nueva avenida, que se debe al de mi hermano, Angel Cob, que tuvo lugar en la vivienda del portero donde vivían nuestros padres, con acceso a la gran terraza que corona el inmueble que cuenta con dos patios interiores o deslunados, muy amplios, que dan luz a la parte interior de las viviendas, todas con vistas al exterior.

¡Felicidades hermanito!

(Con mi agradecimiento a Rosa Sanchis Belenguer de la Farmacia Balkis por la fotografía y a Juanjo Guerao por su eficaz ayuda)

domingo, 5 de junio de 2016

EL SOLAR DEL PRINCESA


Montaje de Pep Valencia

2005 Ca - El solar se las trae. Historia de Valencia que se pierde en el túnel del tiempo al hallazgo del lugar que fuera residencia palaciega del "Moro Zeit", rendido al "Rey Don Jaime" tras la "Conquista" de 1238. Tres calles con estos nombres lo abrazan y ahí permanecen fundidas a la gesta.

Luego, en 1245, se corresponde al lugar en el que se construyó el Convento de la Puridad que dio albergue a las monjas clarisas donde residieron durante seis siglos. Fue derribado en 1845 por ansias desamortizadoras con su traslado a la espalda del Palau de la Generalitat donde actualmente queda su testimonio.

Amplio solar que en 1853, tras su construcción, inició su larga andadura el Teatro Princesa, transformado en cinematógrafo en 1896, con su enorme patio de butacas en consonancia con sus localidades arriba de general, igualmente espaciosa, al servicio vecinal donde se funden los barrios del Carmen, del Mercado, y a cuatro pasos del de Velluters.

Cerró sus puertas en la década de los setenta, cuando había vuelto a sus orígenes unos años antes, al dejar sus sesiones de cine ofreciendo veladas de teatro, pero en el 2009, con muchos años de abandono, por un voraz incendio, sus restos supieron de la piqueta y la fachada, vieja y con cicatrices de orgullo, dejó al aire y al fondo huellas que nos indican la existencia de tan antiguo Convento de la Puridad.

Ahora, los grafitis rubrican modernidad y ensamblan un pasado reciente con un futuro incierto. 

Pep Valencia nos deja este testimonio en su cotidiano quehacer, resuelto a dar vida a lo que fue, casado con lo presente. 

Y a fe y en movimiento lo logra.


sábado, 30 de abril de 2016

UN RAYO DE LUZ

Archivo Municipal (Foto de Barberá Masip (1871-1935)

(Con mi agradacimiento a Pep Valencia por el montaje y a Ton Bogaard por brindarme la luz)

1927 Ca. - La foto antigua cargada de historia con la información que nos aporta, en ocasiones, nos invita tan sólo a dejar volar nuestra imaginación. Es el caso de la que nos ocupa, que aunque parezca escondida en la estrechez de su trazado, está llena de vida, de vidas más bien. Destacan por un haz luminoso que estrellado sobre la acera, parte en dos semejantes escenas populares plena de embrujo. Corresponde al instante en el que fugaz se escapa como una “centella” por una calle que casualmente llevaba este nombre.

Luz y sombras dispuestas en una mañana por la que se recrean mentes de infancias ante la atenta mirada de una mujer ante su portal, donde en corrillo vecinal se transmiten las noticias del día.

Archivo Municipal

La farola ya había cumplido su misión en la noche y el indicador de "dirección obligada" ejercerá la suya. 

Escena callejera de nuestra ciudad entrañable, sin prisas ni agobios, cruzada por la nitidez de un rayo de luz que nos fascina.

Mientras las vidas pasan, el rayo de luz permanece, intacto, en su fidelidad al tiempo.

lunes, 18 de abril de 2016

LA BÁSCULA DEL VIEJO MATADERO


Archivo Municipal

(Montaje de Pep Valencia)

1902 Ca. - Desde el año 1806 el Matadero Municipal, que había abandonado su ubicación próxima a la actual Plaza Redonda, estaba situado en la calle Guillén Castro. Lugar que tras su traslado al paseo de la Pechina (1902), sería ocupado por el colegio Cervantes, inaugurado en 1907.

Frente a las instalaciones del Matadero Municipal, junto al paredón lateral del Convento de Santa Úrsula, existía un pequeño edificio que hacía de báscula, a su vez frontal de un “corral” como  Almacén Municipal. Del mismo se tienen referencias de finales del siglo XIX alternando en sus funciones como fielato y tenencia de alcaldía, utilizado en unas elecciones de 1901 como colegio electoral.

En 1903 una instrucción del Gobernador Civil a la Alcaldía aludía a la necesidad de construir en la ciudad una “Red de Urinarios” que, curiosamente, denominaba “chalets retretes”, reiterada al año siguiente.

Con la desaparición del Matadero por su traslado, el coqueto y pequeño edificio fue utilizado como urinario hasta su destrucción en los primeros años de la década de los cuarenta, cuando ya desde los años veinte y en repetidas ocasiones a lo largo de la década de los treinta, la prensa de la época demandaba su destrucción para adecentar la zona con la construcción de un jardín.

Tan pronto entró en servicio el nuevo matadero en 1902 en la Pechina, el Ayuntamiento inició los trámites para la instalación de una báscula en sus instalaciones, cuyo coste fue satisfecho al ejecutor del proyecto en agosto del año siguiente.

En la foto, dejando volar la imaginación hacia aquellos años, bien pudiera corresponder al último ciclo como báscula al servicio municipal; se adivina tras la rejilla de su ventana central la figura de un hombre sentado a la espera de sus funciones.

(Con mi gratitud a la ayuda de Francisco Pérez Puche)


Aburrimiento

El sol cae de plano y empieza a hacer calor. Y el funcionario, de lacios bigotes, solemnemente ajeno a todo lo que parezca estar vivo, mira por la ventana enrejada los preparativos del fotógrafo, el montaje del trípode, el instante cumbre del click, con una indiferencia de siglos.

Esta es la imagen viva del aburrimiento, del nada que hacer en una instalación municipal que ha cerrado sus puertas y está esperando el traslado. Esta es la imagen del tedio en una mañana soleada de la primavera valenciana; el símbolo perfecto de la burocracia que extiende su dominio de hastío de un ayuntamiento al siguiente, de un siglo a otro, por encima y más allá de la modernidad.

El sol calienta la explanada de adoquines y hasta la ventana del funcionario va subiendo el calor por oleadas. En verano, esa meseta de piedra era una sartén, un horno donde las caballerías daban saltos inquietos y los arrieros huían a buscar refugio bajo los plátanos de la avenida, cerca del botijo oficial.

El funcionario bosteza, se espanta una mosca, se limpia con un pañuelo a cuadros la punta de la nariz. Le faltan cuatro años para la jubilación y le están hablando, a él, de cambios. El Matadero se ha ido con la música a otra parte y allí, en el nuevo edificio de la Pechina, quieren poner otra báscula. Ellos sabrán. Yo líos no quiero. Porque menuda están armando en el Puerto los del Ayuntamiento, cambiando a los responsables de las básculas de toda la vida por unos dimes y diretes de si se pesa mal o bien, de si hay matutas o amaños en un par de carros.

Líos pocos, faena la menos posible. El Matadero de Guillén de Castro se ha cerrado, la báscula que levantaron en el jardín está a punto de clausurar y el Ayuntamiento ha mandado un fotógrafo, tú verás, para que quede recuerdo del servicio prestado. Nada entre dos platos: aburrimiento. Aunque el muchacho de la cámara, un profesional, ha procurado cumplir todos sus deseos: que saliera la cumbre de las torres de Quart para situar el escenario por los siglos de los siglos; que se vea también que el convento de Santa Úrsula está que se cae… Pero sobre todo, ante todo, que los valencianos del futuro puedan ver la cara de solemne aburrimiento del empleado municipal de la foto. Todo un símbolo, todo un destino.

F.P. Puche