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jueves, 29 de marzo de 2018

LA ESCALERA REAL

Archivo Municipal

A las 5:15 de la madrugada del 28 de marzo de 1899 fondeó en la dársena frente a la Escalera Real el vapor Rio Negro que procedente de Filipinas conducía a los 2.025 repatriados de los que solo ocho soldados llegaban enfermos, mientras que en el curso del viaje fueron dos los fallecidos: un comandante y un cabo.

El Río Negro había había salido de Manila el 24 de febrero con tiempo favorable, tan solo había tenido un día de contratiempo a la altura del cabo Bourne.

El pasaje lo constituía 1.121 personas entre jefes, oficiales, soldados y las familias de los primeros. Por la mañana subieron a bordo las autoridades militares, civiles y sanitarias, y una representación del alcalde procediéndose al desembarco a las 12:30 horas. Junto a la Escalera Real se formó un piquete de recepción con la presencia en el entorno de un público numeroso. La compañía Trasatlántica recibió la gratitud del jefe de la expedición por el buen trato y excelente comida que se había dispensado al pasaje.

Terminado el desembarco los repatriados iniciaron el viaje hacia sus respectivos pueblos, junto a los familiares que habían llegado a su recibimiento, mientras que las que pernoctaron en Valencia dejaron las fondas de la ciudad sin una habitación disponible.

Vemos la Escalera Real del puerto en una foto del Archivo Municipal, punto elegido para la recepción de personalidades, así como para la celebración de acontecimientos de singular importancia. 

miércoles, 4 de junio de 2014

LA ESCALERA REAL

escalera real

La vieja dársena del puerto de Valencia, tanto en cuanto en el placentero caminar a la espera de la salida de “las golondrinas” hacia la “gitá”, era la ocasión para contemplar al pescador sentado en su silla en la que ajustaba sus cañas, con su pozal al lado aún vivos los peces, próximo del noray, de donde los amarres cuando se estiraban producían breves chirridos, el hombre paciente cebaba las aguas para lanzar su sedal junto al casco del barco cercano.
escalera real 1971

Próxima, la “Escalera Real”; bajar por sus peldaños, significaba acercarse a las aguas hasta tocarlas con las manos, construida con los mismos sillares que había utilizado Tomas Güelda en su intento por construir un puerto en condiciones siglos atrás.

En su primer escalón y tras su mejora, puso los pies la reina Isabel II en el lejano 1858, instante en el que tomo su "real nombre", por donde también en 1840 había descendido María Cristina una vez cedida su Regencia al General Espartero. Cuando la construcción del Edificio del Reloj en la segunda década del siglo XX, la Escalera Real mejoró su aspecto al colocar dos farolas laterales en 1911, configuración con la que permaneció fundamentalmente hasta su desaparición con la construcción de la Estación Marítima de la Transmediterránea en las últimas décadas del siglo.

Un bello recuerdo que marcó una época, en la que si se decía que Valencia “vivía de espaldas al mar”, no a su puerto, lugar de escarceos en cualquier día festivo.
Año 1971


viernes, 10 de enero de 2014

LA DÁRSENA DEL PUERTO

la darsena del puerto_1958
(Con mi agradecimiento a Pilar Bravo Escriche) 

1958 - La entrañable y vieja dársena de aquellos años cincuenta de nuestra infancia, la de los paseos en frágiles golondrinas por sus aguas de tono plomizo, con giro de retorno una vez alcanzada la “gitá”, bajo el vuelo de las gaviotas prestas a picar su captura, navegando entre lo barcos pesqueros en su descanso dominical, queda difuminada entre el olvido y el nebuloso recuerdo de los pétreos peldaños que configuraban la Escalera Real: la que nos acercaba aún más a las tranquilas aguas del puerto.

escalera real 1920
Escalones de regias llegadas durante el siglo XIX que, tras varias modificaciones, adquirió su aspecto definitivo en 1916 con la inauguración del Edificio del Reloj, convirtiéndose el conjunto en un lugar emblemático pese a la desaparición en los años ochenta de los peldaños para facilitar el servicio de la estación portuaria a los barcos que atracaban en su llegada a la ciudad. 

La dársena de muy gratos paseos en la mañana de un domingo, queda para el recuerdo gracias a la fotografía familiar como la que disfrutamos en la proximidad de la Escalera Real con el inmediato fondo de “la golondrina” que nos ha paseado por las aguas de aquella pequeña dársena, que si hoy se ha convertido en lugar de atraque de lujosos megayates, ha perdido, sin embargo, todo el encanto que antaño ofrecía como lugar de apacible viaje por sus aguas, mientras los pescadores de caña pespunteaban su malecón.