martes, 8 de febrero de 2022

EL MERCADO EN LOS INICIOS DEL SIGLO

 


El Mercado en 1900

Con el cambio de siglo la zona del mercado torno a su plaza se había quedado pequeña. Por la demanda existente faltaban puntos de venta y el sitio disponible se disputaba por centímetros. Los enfrentamientos entre los vendedores era lo habitual y la Comisión de Mercados no podía atender las peticiones de los nuevos mercaderes para su ubicación. 

Se imponía pues la construcción de un gran mercado cuyo proyecto ya caminaba por los despachos municipales, en aras de conseguir  un Mercado Central con el reto de convertirse en el mejor de España.

Sin embargo, no opinaba así la prensa, que hacía hincapié en que "lo mejor suele ser enemigo de lo bueno" y un proyecto de tanta altura debía dejarse para tiempos mejores, aspirando, por consiguiente, a una esfera más modesta.


El ensanchamiento del mercado era lo aconsejable, situación al alcance mediante la expropiación de dos manzanas: la comprendida entre las calles de  Magdalenas y Conejos, y la situada entre ésta última y la Vieja de la Paja.

Con su ampliación podrían acudir nuevos vendedores con el logro de dos importantes mejoras: un mayor ingreso para el Ayuntamiento y una mayor baratura en los artículos, pues al coincidir mayor oferta y la misma demanda, con las leyes económicas vigentes, los productos bajan su precio, pregonaba el periodista.

Estimaba la prensa en un costo próximo al millón de pesetas para conseguir mayor superficie, al tiempo que abogaba por la construcción de pequeños mercados al estilo del de Ruzafa, que había tenido un costo de 54.000 pts. 

Con todo, y ya en 1910, bajo la alcaldía de Ernesto Ibáñez Rico, es cuando se toma la decisión de construir un monumental mercado. Tuvieron que pasar unos años para la colocación de la primera piedra del que sería Mercado Central, el 30 de diciembre de 1915, que entraría en funcionamiento cuando finalizaba la tercera década: el 23 de enero de 1928.

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