domingo, 19 de febrero de 2017

OBRAS EN LA BAJADA DE SAN FRANCISCO - II


El día 4 de enero de 1930, el diario Las Provincias elogiaba la rapidez de las obras para la ampliación de la plaza Emilio Castelar con su nuevo trazado: “ahí está la maravillosa avenida de Amalio Gimeno en su trozo de la Bajada de San Francisco… en menos de un año lo que hay, y seguramente en menos de otro año lo que falta”. Se refería en lo último a la acera de los impares.

Así, el alcalde Sr. Maestre, en el mes de marzo, que había sustituido en el puesto al Marqués de Sotelo, informa de su decidido propósito de continuar los derribos que estimaba debían de comenzar por la parte de la plaza Emilio Castelar, emplazando a una reunión con los directivos del Ateneo para llegar a un acuerdo “con objeto de que sin que sufran menoscabo los intereses del Ateneo, pueda comenzar el derribo por dicho lado”. Al mismo tiempo anunciaba que iba a gestionar con el delegado de Hacienda alguna medida tributaria en beneficio de los comerciantes afectados.

En el mes de abril se anunciaba que en dos meses se iban a ultimar todas las expropiaciones comprendidas entre la calle Barcelonina y el Ateneo Mercantil y que tenía en su horizonte “que en las próximas fiestas de Julio se llegue a la nivelación de la plaza

En el mes de mayo el periódico el Pueblo, pese a reconocer el embellecimiento de la zona con su reforma, criticaba la manera en la que se estaba realizando, toda vez que lo conveniente era llevarla a cabo, pero... “realizadas con método en la forma que sufran comercio, industriales y vecindario, las menores molestias y los menores perjuicios”, pues no era de recibo tal y como se estaba haciendo: “desalojando a tambor batiente las viviendas, presentándose los albañiles con las piquetas para derribar edificios sin dar casi tiempo para trasladar los muebles

Este era el ambiente que se respiraba en la zona donde el polvo y los escombros la hacían intransitable, por lo que Camisería Gamborino, en el mes de junio, anunciaba en la prensa que sus clientes podían entrar en la tienda por la calle Barcelonina, donde iban a encontrar sus artículos con importantes rebajas durante aquellos días. 

Su traslado a la plaza Mariano Benlliure, junto al Pasaje, estaba en marcha.

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