lunes, 3 de septiembre de 2018

UNA ALQUERÍA EN BENICALAP - I

               
-I-

Para introducirse en el tema recordar la definición que D. Teodoro Llorente daba de ella:

“Alquería era el centro de la antigua heredad, la granja espaciosa y sólida, con todas sus dependencia rurales. Suele ser un caserón cuadrado, alto (porque la cría del gusano de seda requería grandes andanas) con pocas y pequeñas ventanas. Tiene casi siempre un extenso emparrado con gruesos pilares de mampostería”.

Nos refiere a un sistema de vivienda de la época romana, pero será en la época islámica cuando surgirán la mayor cantidad y extensión. Inicialmente a su misión defensiva va evolucionando a ser focos de colonización. Alrededor de ella aparecen espacios donde el intercambio de productos, o venta de ellos, darán origen a núcleos de población configurándose el arranque de muchos de los actuales pueblos.

Se configuran con características defensivas frente a entrada de piratas y bandoleros que por la cercanía – la mayor de las veces al mar –les permiten el saqueo, robos y captura de habitantes para la venta de esclavos. En las mismas alquerías, a su vez, se crean medios defensivos para superar los continuos ataques y ponerse en comunicación unas con otras. He echado de la memoria para recordar algunas que desaparecieron y otras que están a la espera de rehabilitación. 


Una emblemática:  la "Alquería de la Retora". 

En la década de los años sesenta del pasado siglo la zona urbana de Benicalap terminaba donde comenzaba la huerta. Una zona alargada centrada en la avenida de Burjassot que había desde Valencia y concentraba a ambos de sus lados talleres artesanos, fábricas -sobre todo de pieles- y tiendas comerciales. Lo demás, como rodeándola, conforman extensos campos con policromías de variados colores según la estación.

En la parte norte, la antigua carretera de las "barracas de Lluna" arrancaba desde la “alquería de la Retora”. Era el camino habitual de entrada a campos para la siembra y recogida de cosechas. La carretera continuaba hasta un grupo de barracas entremezcladas con recientes construcciones más sólidas y modernas.

Aquellas barracas eran el hábitat humilde del labrador. Una casa de adobe y de paja entremezclada con pedruscos confeccionaba su planta principal. Lugar en el que vivían las familias, con un espacio o corral dispuesto para los animales. Completaba su construcción una cubierta de cañas adosadas a dos aguas con magnífica inclinación rematados por haces de paja y adobe. Parte alta que era utilizada como secadero de cosechas y para la cría de gusanos de seda. 

En la puerta de esas barracas unas moreras delataban su aprovechamiento.

No se puede hablar de esta alquería en si tal como la vimos. Habría que englobar un espacio con la misma historia, formado por casas, callejones, portales de paso: “El Portalet“, y la propia alquería. 

El contexto descrito delataba la dependencia de los labradores de sus señores, para quienes la alquería era el lugar de vivienda o reposo, mientras que la gente humilde vivía en las barracas, dependiendo económicamente del trabajo ofrecido por sus propietarios.

Texto de Eduardo Donderis
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