domingo, 21 de junio de 2020

CASA MUSEO CONCHA PIQUER

 Casa-Museo.-  2007.- Esteban Gonzalo

En la calle Ruaya nº 23, en pleno barrio Sagunto de València, está la Casa-Museo dedicada a la memoria de la insigne artista valenciana Concha Piquer López (València 1906- Madrid 1990). Fue inaugurado en el año 2001 cuando se cumplió el 95 aniversario de su nacimiento en esa vivienda unifamiliar de dos plantas con ladrillos cara vista construida hacia el año 1900. Destaca entre los bloques de viviendas de la arbolada calle Ruaya y ha quedado incorporada la vivienda colateral con la que forma conjunto.

El baúl de la Piquer

Un folleto trilingüe –castellano, valenciano e inglés- orienta a los visitantes para que disfruten en la planta baja con una amplia exposición de fotografías y vestidos, discografía, objetos personales y otros recuerdos relativos a la trayectoria artística de la artista y su enorme relevancia pública. También en el bajo una recreación de su camerino, otra de su despacho, su famoso baúl, mejor baúles, y un audiovisual con una selección de documentales sobre declaraciones, entrevistas y momentos estelares de la trayectoria artística de la famosa cantante, conocida como La Voz de la Copla.

El comedor.- 2007.- Esteban Gonzalo

En la planta superior están las estancias donde vivió, espacio íntimo en el que han recreado la decoración y el mobiliario de la época: el dormitorio de sus padres, el comedor, la salita donde su madre tenía el taller de modista, la cocina...

Concha Piquer, Conchita a nivel popular, destacó como tonadillera por su gran emotividad, caracter y expresividad. Fue una de las figuras más relevantes de la copla, canción ligera que se desarrolló grandemente en España a partir de los años cuarenta del pasado siglo.

Vida artística ligada a quienes le crearon lo mejor de su repertorio: el poeta y letrista Rafael de León, los dramaturgos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero y el compositor Manuel Quiroga.

Un lugar para conocer la infancia, la trayectoria profesional y la relevancia pública de quien se paseó por el mundo enalteciendo a su tierra y dejó la escena a los 52 años al considerar que no estaba en condiciones óptimas para actuar.

Abierto de martes a sábado de 10 a 14 horas.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel  

viernes, 19 de junio de 2020

MIRAMARES. ALQUERIA DEL PI Y C/TIENDA


MIRANDO HACIA ARRIBA
Alquería del Pi. Foto E. Goñi, febrero 2020.

 A lo largo de finales del siglo XIX y hasta mitad del siglo XX abundaron en las construcciones de València los llamados “Miramares”. Son unas pequeñas torres, de fácil acceso, que destacaban por encima de los tejados, provistas de ventanas orientadas a los cuatro costados para poder alcanzar de una mirada hasta ver el mar, o las montañas y huerta que rodeaban aquella ciudad de hace años, años en los que pocos edificios de gran altura había que interrumpiesen la mirada a lo lejos. Por nuestra parte para localizarlos hemos de levantar la vista, mirando hacia arriba.

En muchas de las antiguas alquerías y también en edificios familiares en la antigua ciudad rodeada por la Ronda de Circunvalación y sobre todo en las zonas de los caminos al Grao y Cabañal-Cañamelar abundaban los miramares y ahora quizá es la zona en la que se encuentran menos restos.

Tenemos aquí uno de los miramares más fáciles de interpretar, se trata del miramar de la antigua alquería del Pi, situada en el antiguo camino de Godella, muy cerca de la Ronda Norte, en la pedanía del Poble Nou. Se puede ver desde la rotonda que hay en el cruce de Hermanos Machado-Juan XXIII, y tiene el siguiente aspecto:

Vemos en la torreta, sobre el tejado, en la parte más baja la salida para mantenimiento del tejado, cambio de tejas, obras, etc. y en su parte superior las ventanas para disfrutar mirando a la lejanía, hacia los cuatro puntos cardinales. En la actualidad la alquería se dedica a eventos del tipo bodas, comuniones, etc.

Alquería del Pi. Vista más cercana. Foto E. Goñi, febrero 2020.

El siguiente miramar pertenece a una zona más urbana, está tomado en Benimámet en la plaza de la Tienda, muy cerca de la iglesia de S. Vicente, y tiene todo el aspecto de un clásico miramar. Mirar a lo alto nos trae novedades y sorpresas de todo tipo.

Miramar en la plaza de la Tienda, Benimámet. Foto E. Goñi, febrero 2019.

Texto de Enrique Goñi Igual

miércoles, 17 de junio de 2020

DE MENTON A SU TIERRA

Archivo Municipal

Había citado probablemente lo que podía ser su epitafio: “El valor del tiempo está en relación con las facultades del que observa. Los días de viaje de algunos valen más que los años de otros”

El 29 de octubre de 1933, el buque insignia de la armada española, el acorazado Jaime I, junto a los barcos Churruca y Alcalá Galiano devuelven a su tierra natal a Don Vicente Blasco Ibáñez.

Era su deseo y así lo hizo público, volver a su tierra después de muerto, porque así la sentía, porque  no podía ser de otra manera. Sería muy bonito pensar que desde el momento que salía del puerto de Mentón y a través de toda la travesía, los recuerdos iban discurriendo en su mente. 


Los de su madre Ramona, estaban dándole la vida en una modesta casa de Jabonería Nueva, como la emoción de su padre Gaspar al ver a su hijo varón. 

Ese día la tienda de comestibles estaba cerrada. Le haría recordar lo bien que se lo pasaba jugando sobre los sacos de arroz y de azúcar en la trastienda, los gritos de los afiladores entre tiendas modestas y las mujeres con sus cestas que pasaban hacia el mercado. Los muchos de ellos que se convirtieron en votantes de su partido republicano populista años después. A una tía de su madre, Vicenta y el chalet de la Alameda, en el que servía en casa de Mariano de Cabrerizo, editor y político revolucionario, al que todas las tardes de  verano le llevaban y donde entre las gallinas de la huerta le fue inoculando el germen de la política.


Archivo Municipal

Esa juventud que tras estudiar Derecho fue a Madrid  y que una tarde dio la casualidad que entró en el Café de Zaragoza de la calle Atocha y estaba allí Manuel Fernández y González; se acerca a él, le muestra su admiración por la novela folletinesca, no dudando su ofrecimiento como ayudante, a tanto la página. Su recuerdo como agitador de masas en mítines republicanos, del exilio en Francia, de que a los veintiocho años fundó su diario El Pueblo, la huída a Italia disfrazado de marinero, sus viajes a Buenos Aires, a París, a la Costa Azul... Algo tenía Mentón.

Llegaban al puerto a las nueve de la mañana y a las diez desembarcaban el féretro en el muelle de Poniente, lo recibieron veinte mil palomas. 

Archivo Municipal

Marineros valencianos lo llevaron hasta la avenida del Puerto donde sobre sus hombros los relevaron grupos de hombres pertenecientes al partido que Blasco fundó. Puente de Aragón, avenida Navarro Reverter, calle Colón, calle Játiva, avenida Nicolás Salmerón, plaza Emilio Castelar, avenida Blasco Ibáñez, Avenida Pablo Iglesias, plaza del Mercado y llegó a la Lonja, Su capilla ardiente estaba preparada en el salón columnario. A las diez de la mañana del día 5 antes de que el cementerio de Valencia recibiera sus restos, pasó por su casa natalicia y por la redacción de su diario El Pueblo.

Cinco años antes


Se había sentido enfermo el viernes. Hasta el jueves por la tarde, aunque cansado, hizo vida normal, convaleciente de una gripe que se había traído de París. El sábado fue preciso convocar una reunión de médicos. Blasco delira. Los movimientos de sus manos parecen acompañar una conversación imaginaria, palabras de sus novelas, personajes imaginarios  que reviven en su memoria de lector infatigable o creados por su fantasía.

 “¿Veis la carabela?, yo la veo, con sus velas llenas de viento”. Es la una de la madrugada y llegan sus hijos, Mario y Sigfrido. Están cansados, el viaje desde España ha sido pesado y se retiran a descansar. Las enfermeras y Elena quedan velándolo. Son las tres de la madrugada, unas palabras incoherentes alarman a las mujeres y hay que avisar a los hijos. Está haciendo un esfuerzo para incorporarse, pero cae pesadamente sobre el lecho. Otro pequeño esfuerzo, esa vez más débil, y su cabeza cae dulcemente sobre el hombro de Casilda, gran amiga. Eran las tres y media de la mañana del día que debía cumplir sesenta y un años, día 28 de enero de 1928.
Archivo Municipal 

El féretro en la biblioteca de su casa de Mentón, uno de los doce edificios que encierra la finca Fontana Rosa, donde tantos recuerdos de su patria guardaban y quedó su vida para siempre. Preside la bandera de España junto a la chilena, por ser patria de su compañera inseparable, la musa, amiga y camarada. Unas macetas de su jardín rodeando el féretro, y quizás en algún momento el tenue sonido de Wagner ya que es un gran amante de la música y en concreto este le cautiva.

Es martes por la mañana, son las diez horas. Envuelto en la Senyera valenciana va a ser inhumado, como fue su deseo. Una comisión desde  Valencia trae la bandera.

Durante todo el día de ayer las muestras de cariño hacia el novelista en su ciudad natal fueron evidentes. Un continuo desfile en la "Casa de la Democracia" para firmar el pliego de pésame. Ante la casa donde nació también se formaron grandes colas, así como también en el chaflán de la calle Flor de Mayo, la multitud iba colocando coronas de flores en la lápida conmemorativa de su nacimiento. 

Archivo Municipal

Numerosas personas, en su mayoría obreros, ensalzaban la figura del novelista. Coronas y coronas que se enviaban a Mentón. Y allí quedó durante los siguientes cinco años.

Texto de Amparo Zalve Polo

lunes, 15 de junio de 2020

ANTE LA O DE LOS SANTOS JUANES


De antiguo el lugar de enterramiento estaba situado torno a las parroquias, por su consideración de lugar sagrado que facilitaría el tránsito al cielo de sus feligreses.

En el lugar frente a la "O de San Juan" estaba situado su correspondiente fossar que con su desaparición fue conocido durante unos años como Plaza del Cementerio de San Juan, la actual y de mayor dimensión Plaza de Brujas.

Fue en 1745 cuando por la reciente construcción de la fachada barroca de los Santos Juanes y por su proximidad a la plaza del Mercado, se creyó conveniente el aseo de la zona, cuando ya se hablaba de la retirada de los cementerios parroquiales a los arrabales, siendo el de San Juan el primero que tomó esta decisión.

Se inicio entonces una ingente tarea y mediante carros se fueron transportando los restos humanos que con un numero aproximado de 19.000 cargas de huesos y tierra,  se trasladaron al cementerio del Convento de Belén, donde en 1649 se habian depositado los cuerpos de miles de valencianos victimas de la peste que asoló la ciudad, que por su necesaria ampliación sería conocido como el Cementerio de los Apestados, ya ajeno a la condición parroquial.

sábado, 13 de junio de 2020

EL ÁNGEL DE PLATA

Principios siglo veinte.- Colección familiar El Ángel de Plata.

No pasa desapercibida a los visitantes la fachada de la tienda de tejidos de los números 4 y 6 de la calle Liñán, adyacente a la plaza del Mercado. La atiende Ana Real Panisello, quien me cuenta la larga historia de este comercio del Centro Histórico de València que se remonta a 1870 cuando dos socios crearon Los Ángeles, negocio que tiempo después partieron, quedándose uno con el bajo del número 8 y la razón social, y el otro con los tejidos y poniendo El Ángel de Plata como nombre comercial. 


Antigua rotulación - Francesc Jarque, 1991, del libro Tiendas de València.

En 1948 José Albors Navarro, que entró como aprendiz y siguió como representante, lo compró e incorporó a su hijo Miguel Albors Andrés para que fuera aprendiendo y le sucediera. Cuando Miguel se jubiló en el año 2001 se lo cedió a su nuera Ana Real.


Ana Real en la tienda.- 2020.- Esteban Gonzalo

Es un establecimiento con acrisolada fama de orientar muy bien a las clientas a la hora de decidir cual el damasco, dril o crepe adecuado.

Actualmente confeccionan cortinas, visillos, estores, colchas y otras ropas del hogar.

Antes, un ejemplo es la foto de principios del siglo veinte, cada dependiente atendía personalizadamente a los de su pueblo y el entorno, y estaba muy arraigada la costumbre de pagar cuando recolectaban las cosechas.

La fachada de madera, las decoraciones originales y los mostradores modernistas, son muestras de su largo devenir y le dan prestigio a la ciudad.


Hubo un dependiente que anotaba en los cajones lo que le llamaba la atención y consideraba interesante. Una de ellas “El 16 de octubre de 1911 fue la ascensión del Ángel de Plata” nos puede orientar sobre cuando pusieron el angelote de hierro pintado de purpurina en la fachada, para personalizar la parte del negocio de Los Ángeles que siguió con los textiles y facilitar su identificación a los no ilustrados. Amorcillo barroco que conservan pero ya no se mece en la fachada, posiblemente para que no incite su desaparición.

Es el único comercio antiguo que subsiste en la corta calle Liñán, ya que su vecino del número 8, fue últimamente una cestería que cerró en el año 2012, y antes y después otros cesaron en su actividad.

El Ángel de Plata, fachada de noche.- 26-12-2019.- Esteban Gonzalo

El Ángel de Plata está en el selecto grupo de los Comercios Emblemáticos de la ciudad de València.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel 

jueves, 11 de junio de 2020

TAVERNES BLANQUES. VIRGEN DE LOS DESAMPARADOS

Ermita Virgen Desamparados - Archivo Rafael Solaz - Años 20

ERMITAS DE VALÈNCIA

Habíamos hablado de ermitas en València, pero tendremos tres excepciones, que creo no debemos omitir. Esta primera corresponde con la muy antigua ermita de la Virgen de los Desamparados situada en Tavernes Blanques en la parte izquierda de la antigua carretera a Barcelona junto al puente que cruza el barranco del Carraixet.

Durante la edad media en la ciudad de València como en otras existía la pena de muerte y se ejecutaba con el ahorcamiento del reo en la actual plaza del Mercado. Para dar ejemplo el cuerpo del ahorcado se dejaba bastante tiempo a la vista de todos los que acudían al Mercado, por ello la Cofradía de la Virgen de los Desamparados creó un cementerio junto a la ermita construida en 1447 para depositar los restos de aquellos desgraciados ahorcados. La actual ermita es heredera de la primitiva, y es lo único que nos queda de aquella obra.

Vista de la ermita. Foto E. Goñi, febrero 2019.

Como toda ermita tenía su fiesta, se celebraba el 24 de febrero, y consistía en dar una comida a base de caldero compuesta de verduras, arroz y carne, a los pobres de la ciudad y reino, para pedir con sus oraciones por los ahorcados y a continuación darles sepultura definitiva.


Cerámica superior de la fachada. Foto E. Goñi, enero 2020.

Está claro que actualmente la ermita no está en el término municipal de València, pero arrastra una muy fuerte relación con la capital. Incluso podemos creer sin ninguna duda que en el momento de su erección era término de la ciudad. Por eso se ha incluido.

Cerámica inferior de la fachada, Foto E. Goñi, enero 2020.

 Texto de Enrique Goñi Igual

martes, 9 de junio de 2020

OBSERVANDO A LAURENT

Panorámica de Laurent - 1870

Para comprender, no hay mejor manera que mirar al pasado; y con él imaginar lo que en el futuro será la ciudad dentro de muchos años. Todo lo que aquí se puede imaginar fue real, porque sólo lo que se ve con los ojos de la imaginación seguirá viviendo, aunque desaparezca en la realidad.

Jean Laurent Minier, de origen francés que vino a vivir a España  en 1843, después de practicar ciertos oficios se interesó por la fotografía durante el año 1855, haciendo de España un verdadero mapa fotográfico, viajando por sus caminos recorriendo ciudades y pueblos. Poco tiempo faltó para que se hiciera, si no el más, uno de los mejores fotógrafos de su época, reflejando las costumbres y los paisajes como nadie. Necesitaba ya de un apoyo y entre ellos eligió para esta gran panorámica de Valencia al fotógrafo francés Jules Ainaud, que llegó en 1870 encargado del este peninsular reuniendo una buena colección de fotografías. Desde la más alto del edificio de San Pio V divisó muy bien la zona norte de la ciudad.

El Puente del Real tenía una rampa de acceso bastante acusada, había sido finalizado con la pretensión de llegar a tiempo para la boda real entre el rey Felipe III y la reina Margarita de Austria, que la celebrarían en Valencia. En febrero de 1599 finalizaron las obras y tan solo dos meses después se casaron. 

Al subir miro a mi izquierda conforme el rio baja y se ven los vanos del Puente del Mar. Quiero pasar el cauce e ir hacia la derecha para llegar a la Plaza del Temple.

Me vi envuelta en una humadera, rodeada por una algarabía de gente gritando, hasta lanzaban alabanzas, aplaudían a por lo menos un centenar de hombres que hacían un ruido inmenso con picos y palas. Los escuchaba decir que en otras ciudades españolas ya lo habían hecho, que ya habían derribado las murallas, resultaban viejas e inservibles para el desarrollo urbano. El humo fue disipándose y mi maginación que me había retrocedido a cinco años atrás, se vió sorprendida por el bullicio que sonaba debajo del puente. Me asomé para ver un grupo de mujeres lavando ropa en un lugar donde no estaba prohibido. Empapadas las rodillas, arremangadas las faldas y mostrando más de lo que el dictado de la época y la moda aconsejaban para una mujer respetable.

Siguiendo lo que la fotografía me indicaba, miro a la izquierda, antes de llegar a la Plaza del Temple, porque me llama la atención una torre que asoma por detrás de las casas, algo estropeada, de forma cuadrangular, y me di cuenta que era del Convento de Santo Domingo: había sufrido mucho en la Guerra de la Independencia, las tropas francesas la habían desmochado.

Me espera ya el Palacio y la Iglesia del Temple. Había escuchado de su construcción en época de Carlos III, tras el fuerte terremoto que asoló al Castillo de Montesa, con el traslado de sus frailes al cap y casal. Pero si aún nos vamos más hacia atrás, en el tiempo, en esta plaza estuvo la torre árabe más alta de la ciudad y el pendón de la rendición que entregó Jaime I a los templarios en el año 1238; de ahí el nombre del palacio que fijamente observo.

Una biclicleta con ruedas muy grandes pasa por mi lado conducida por un hombre bien vestido, el estilo de la vestimenta había cambiado, el chaleco corto, fajín y pantalón corto y amplio (saragüells) se moderniza con pantalón largo y chaqueta. Lo seguí, esperando con ello descubrir más cosas. 

Una enorme casa, la verdad que bastante estropeada, la miraras por donde la miraras, me parecia un convento deshabitado. Me apetecía entrar e imaginar de nuevo. No hay monjes, las habitaciones vacías, el estado es ruinoso. Es tan grande que por lo menos hay 56.000 palmos cuadrados y una tercera parte lo ocupa un gran corral. Lo demás parecen habitaciones que ocupaban los monjes y una iglesia. Cansa deambular por aquí porque las alturas de los pisos son irregulares, ya me había dado cuenta antes de entrar al observar la fachada. En la zona de bajo me encuentro con un panteón abovedado, largo, que ocupa desde la fachada hasta el crucero. Un sonido, que en un principio deduzco parecido a una fábrica, me lleva hasta la otra parte, y confirmo que efectivamente lo es. Trabajadores curtiendo pieles eran los únicos moradores del antiguo convento de los Trinitarios, que con la desamortización de Mendizabal en 1835, los monjes tuvieron que desparecer de allí, aunque gracias a la comisión de arquitectura de la Academia de Bellas Artes de San Carlos se salvó de la quema de 1937.


Unas pocas viviendas para llegar a otra gran casa, esta sí que se cuidaba. Alguna ventana abierta me hace ver la presencia de chicas jóvenes. Es un colegio, el Loreto. Pero pienso que es de buena arquitectura, elegante, allí debió vivir gente noble. Su escudo nobiliario me demuestra su linaje, el Palacio de los Condes de Carlet. En este no entro, prefiero mirar lo que asoma por detrás de él. Mirar hacia arriba y comprobar lo que en cierta ocasión citó Victor Hugo refiriendose a Valencia: “La ciudad de los cien campanarios”. Asoman la torre de la Iglesia del Salvador, la cúpula del Seminario, la Catedral y el Miguelete.


No sigo sin antes fijarme que hay una pequeña iglesia, San Jayme de Uclés, que me he dejado unos metros atrás. Se ve pequeña aunque puede parecerlo, al estar junto a las otras casas tan grandes. No se ve de mucha importancia, pero por mirar algo, miraré que ahí estan los restos del último rey moro, Zeit.

Veo unas cuantas personas que están atravesando el Puente de la Trinidad. El puente más antiguo, pero como las riadas no perdonan a ninguno, después de varios arreglos, se ve que en el siglo XVI se reconstruyó y ahora lo estoy viendo así, con sus dos escaleras para poder bajar al lecho del río. Hay un pequeño rinconcito con un carro parado delante de una casa.

Me apetece entrar también en esa casa, algo me llama la atención. Parece que hubo en su fachada algun anuncio... Voy a ver.

Estaba al completo, aunque no era muy grande. Un patio con escenario y un banco con orquesta. Tres filas de sillas y varias filas más con bancos de patio. Más arriba de los palcos y frente al escenario, dos filas de sillas y la cazuela que se situaba como una grada de fondo para la tertulia de las mujeres. Se estaba celebrando la última función, “La escuela de los maridos”; con ella, en 1832, se cerrarían las puertas de ese pequeño teatro que en un principio iba a ser provisional, pero que había estado funcionando desde 1761, aunque por sus deficiencias fueron prohibidas las representaciones durante unos años, obligando a su mejora en 1789 para continuar hasta su cierre definitivo. 


Su nombre: La Botiga de la Balda. Después del cierre de Casa de las Comedias, el Corral de la Olivera, el lugar oficial de representación de teatro y baile en la ciudad fue el Teatro la Botiga de la Balda. De pronto toda esa imagen jocosa, bohemia se desvanece en mi mente y me encuentro dentro de un almacén, tal cual había sido antes de que llegara el teatro y como siguió siéndolo.

Un buen final del recorrido de esta panorámica es llegar a la Puerta de Serranos, que siguen ahí por suerte de no haber sido derribadas con la muralla, y que como he dicho ocurrió tan solo cinco años atrás. Separadas del rio por una preciosa alamedita y que sin el Puente de Madera, la distancia entre el suyo, Puente de Serranos y el de la Trinidad se ve mucho más grande. 


Observar una fotografía es meterse en ella, circular entre su gente y atravesar la puerta de la historia que allí ocurrió. 

Texto de Amparo Zalve Polo

domingo, 7 de junio de 2020

CAMPANARIO SAN VALERO


Archivo Rafael Solaz


1740 - Avanzaba el siglo XVIII y el Palacio del Marquesado de Dos Aguas se veía sometido a una importante remodelación con el "delirio del rococó" representado en su fachada.

Pero no sólo era el centro del cap i casal el que se veía enriquecido en su patrimonio monumental con el nuevo estilo entonces en boga. 

También el poblado de Ruzafa iba disfrutar con un campanario anexo a la Iglesia de San Valero -que según la tradición gozaba la consideración de Parroquia desde el año 1239- con ínsulas de que por su belleza arquitectónica, si no competir, al menos fuese considerado como una de las más bellas torres de la ciudad, a muy corta distancias del merecimiento que recibían las del Miguelete y de Santa Catalina por la belleza que estas albergaban; por ello, el nuevo campanario de la terra del gancho fue considerado como de los mejores.

A semejanza del Micalet, se construyó la torre de planta octogonal, con cuatro cuerpos realizados con ladrillo visto, destacando el de las campanas, con otro superior formado por machones rematados con jarrones triangulares que sustentan un alto edículo, coronado por una cupulilla cubierta con teja azul, sobre la que gira una veleta.

Un nuevo campanario que llena de orgullo a los valencianos todos, construido por José Mingues, sobrino del que fuera afamado maestro Juan Bautista Pérez Castiel, reformador del presbiterio de la Catedral de Valencia, que iba a seguir sus pasos en el camino del barroco.

viernes, 5 de junio de 2020

CESTERÍA EL GLOBO DESDE 1856


Año de su fundación - 1856

En el número 14 de la calle Músico Peydró, hasta 1931 Virgen de Gracia, está la Cestería El Globo que desde el pasado mes de octubre regenta Teresa Álvarez Martínez con su marido Terencio Puente Puig.

Negocio creado en 1856 por Amalia Galvién (aunque puesto a nombre de su padre) para la venta de productos artesanos de caña, mimbre, enea, palma, junco y esparto. Con muy buena localización comercial y en el itinerario hacia la plaza del mercado y la zona con numerosos establecimientos de alimentación.

En los años veinte del pasado siglo traspasó la tienda a su hermana Teresa, pero la regentaron Jesusa y María Berenguer, hijas de José Eliseo Darwin Berenguer, segundo marido de Amalia.

Teresa Álvarez en la tienda.- 2019.- Esteban Gonzalo

Amalia falleció en 1928, Teresa en 1938, el comercio fue incautado en la guerra 1936-1939, tras recuperarlo Jesusa estuvo hasta que falleció en 1978, y después de unos meses a la expectativa se quedó la tienda Carlos Augusto Fernández Belenguer, quien como final de la historia me dice que se jubiló en septiembre del año pasado y le cedió la cestería a su ex empleada Teresa Álvarez Martínez que ya tenía diez años de experiencia.

Exposición exterior. 2019.- Esteban Gonzalo

Teniendo en cuenta que desde varios decenios atrás está el plástico como gran competidor y más recientemente lo fabricado en China y otros países asiáticos, han diversificado la oferta artesana con variados artículos de esparto (leñeros, cactus, cabezas de animales,...), cestería con mimbre nacional, construcción de roperos y arcones de madera y mimbre, reparación de sillas de enea, rejilla y caña, incluso publicitando productos específicos como son las cestas para la recogida de robellones. 



2019 - Entrada a tienda - Esteban Gonzalo

También juguetes de madera, muñecas y artículos de regalo, ya que es una calle muy transitada por numerosos visitantes españoles y extranjeros. Y para el mundo fallero artículos para la confección de corpiños. Por ello la variada oferta incita a comprar.

Con la transformación en peatonal la calle es más de exposición que antes, ya que ahora hay género ocupando el espacio de la antaño acera y parte de lo que era calzada.

En la antiguamente popular calle de Las Cestas, sólo quedan tres tiendas de este tipo de negocio: El Globo especialmente como cestería, y dos, uno con dos establecimientos, que se dedican, principalmente, a la venta de artículos de madera.

Texto y fotos de Esteban Gonzalo Rogel

miércoles, 3 de junio de 2020

CAMPANAR. SANTÍSIM CRISTO DEL POUET

ERMITAS DE VALÈNCIA

En un pequeño jardín de uno de los ensanches de Campanar, antiguamente junto a la alquería del Pouet, cuyo pozo todavía permanece, aunque con aguas contaminadas. Cercana al Bioparc, en la partida del Pouet donde coinciden las calles de Evaristo Crespo Azorín y Jorge Comín allí está la que podemos definir como la ermita más pequeña de València 15 o 16 metros cuadrados. Con una curiosa espadaña, hoy desnuda, la conocí tiempo atrás con su campana.

Ermita del Santísimo Cristo del Pouet. Foto E. Goñi,  noviembre 2019.

La ermita está dedicada al Cristo del Pouet y a la Virgen de Campanar como nos muestran los azulejos que decoran el frontis. Si como se nos dice en la placa metálica de la puerta en 2001 cumplió dos siglos, ahora ya pasa de ellos casi 20 años más.

Azulejos del Santísimo Cristo del Pouet. Foto E. Goñi, noviembre 2019.

La tradición nos dice que durante una de las riadas de nuestro Turia sus aguas desbordadas llevaron hasta allí una Cruz, que fue recogida por vecinos de Campanar, los cuales como recuerdo del hecho levantaron una ermita para que la acogiera.

Azulejos de Nuestra Señora de Campanar. Foto E. Goñi, noviembre 2019.

La fiesta de la ermita se celebra el 3 de mayo, día de la Santa Cruz, con clavariesas y festeros. La ermita eclesiásticamente depende de la parroquia de Campanar.
  
Texto de Enrique Goñi Igual.

lunes, 1 de junio de 2020

MOCAMBO, EL NIGHT CLUB VALENCIANO

Mocambo Club

A finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta, tras el paso de la posguerra, Valencia estaba necesitada que algo coloreara sus noches, que la motivación por la salida nocturna como ocio fuera creciendo. Varios empresarios tomaban apuntes de otras noches fuera de fronteras, cuando era el momento en que el joven Sinatra triunfaba y los famosos musicales de Broadway hacían bullir las salas de Nueva York.

Momento en el que en Valencia se empezaron a abrir salas que, la gente según usaran su lengüaje, unos llamarían Salas de Fiestas, Clubs Nocturnos, los afrancesados Boîtes y los más castizos Cabaret. Varias fueron las salas de fiestas que se unieron céntricas: River Club, Florida, Zambra con anterioridad conocido como ¡Hollywood!... Pero por citar una en especial, la que se recuerda cuando alguien exclama: ¡ La recuerdas!  ¡Estaba ahí!  -Esa era, Mocambo.


Abrió sus puertas en 1947, toda una veterana, en la calle de la Sangre, debajo de casa Barrachina. No era un cabaret cualquiera, lo frecuentaba la alta sociedad valenciana. Si tanto éxito tenían los locales americanos, ¿porqué no inventar algo similar en Valencia?

Sala de baile con actuaciones donde el Rock and Roll, la copla y las bailarinas vedettes, ligeras de ropa y peinadas con un “arriba España” contoneaban su cuerpo enloqueciendo al personal masculino, mientras una orquesta del local acompañaba la actuación. Se hicieron mayores allí. Todo el espectáculo comenzaba al bajar las escaleras y llegar a un sótano rojo.

La primera parada era tomar algo en la zona. Unas tapas, una cerveza, en uno de los cuatro míticos del momento: Barrachina, Lauria, Balanzá, o Hungaria. Más cercanos imposible. Eran las noches bullangueras en las que se llenaban las barras de cualquiera de ellos, y el "salón de Té" de Barrachina.

Acudían parejas, hombres solos, incluso toreros, estos últimos eran muy aclamados durante esta época en España y las corridas en la plaza de toros muy frecuentes. Mercedes Viana, dueña del local, se afanaba en hacer homenajes a los exitosos toreros.

¿Cúando se terminaba la fiesta? Pues había veces que al amanecer. El horario de cierre era el ordenado por Gobernación, como para todos los locales de este tipo. 

Una vez cerrada la puerta, los juerguistas podían continuar en él, copa tras copa y siempre en compañía de los músicos que se obligaban a seguir allí hasta que el último nocturno quisiera irse. Reseñar que la mayoría de ellos, desde allí, se iban directos a otros trabajos que tenían durante el día, además de ser músicos. Pero el gasto de los nocturnos era importante y debía ser así, no importaban las horas, cuanto más rato estaban, mejor para las chicas, más descorche, y les beneficiaba un plus que incluso duplicaba el sueldo. ¡Alguna, alguna, sería tomada más tarde por esposa!

Una anécdota fue cuando el torero Enrique Vera, que había intervenido en la película “El último cuplé” junto a Sara Montiel, acudió una noche durante su estancia en Valencia al Mocambo. Los músicos acompañaban al cantante Boluda que interpretaba “el que tenga un amor, que lo cuide, que lo cuide, la salud y la platita...”. 

Unos visitantes empujaron escaleras abajo un becerrito con el fin de que lo toreara allí dentro. Cundió el pánico de los asistentes al aparecer aquel astado y los destrozos por el pánico y por el becerro fueron cuantiosos. Hay que imaginar la escena: Mesas y sillas rotas, cristales, mujeres y hombres subidos a las sillas que quedaban en pie; el que no, rodaba por el suelo, pero eso sí, los músicos, como si de película americana se tratase, no paraban de tocar un pasodoble torero. Por fin llegaron las fuerzas armadas y desalojaron el local con botes de  humo.

Al llegar los setenta fue en declive el cabaret y las salas de fiesta. Los músicos por la música de las discotecas, las vedettes ligeras de ropa por las suecas, Nadiuska y las proyecciones de Alfredo Landa, Pajares y Esteso. 

Y aquellas “estrellas”, ligeras de ropa, fueron perdiendo su intensidad.

Texto de Amparo Zalve Polo