1608 - Parcial plano de Manceli
Así se convirtió durante los
siglos XV al XIX, uno de los periodos más sangrientos de nuestra historia.
Condenados a torturas y llevados a la muerte por brujería, sodomía, zoofilia, judíos
y moriscos -estos sólo en caso de trato
con Argel o por prácticas musulmanas- por cuestiones ideológicas, del que
tenemos un claro caso en Valencia y que luego comentaré, en el que se condenaba
por herejía y blasfemia. La homosexualidad fue causa de condena en un porcentaje
elevado en Valencia, generalmente eran quemados vivos, bien solos o con sus
amantes, y el doce por ciento de procesados eran por asuntos sexuales; esto
tiene una explicación:

La Inquisición seguía la doctrina
de San Vicente Ferrer, que siempre defendió la inmoralidad del adulterio, que
por cierto, hacía lo propio con la conducta coqueta de la mujer, considerando
reprobable el hecho de maquillarse.
Desde los inicios del Santo Oficio la bigamia entró en su jurisdicción y
una vez más se siguió culpando a la mujer como causa de ello, al contraer
matrimonio el marido en segundas nupcias de manera clandestina, ya que se
avenía a que fuera por no haber tenido hijos en el primer matrimonio. El deseo
de los inquisidores era erradicar la creencia de que el sexo no era un pecado
moral.
El tribunal de Valencia fue uno
de los que más inquisidores, constituyéndose para el Reino en 1520. Los
miembros debían de ser cristianos reconocidos y mayores de catorce años. Un
conjunto de oficios participaban y ayudaban al tribunal, que generalmente tenía
dos inquisidores por distrito, uno que era teólogo y otro jurista. Eran
ayudados por funcionarios, tales como el fiscal para interrogar a los testigos
y elaborar las denuncias, alguaciles con el fin de perseguir y detener al
acusado, un médico, carceleros y verdugos.
Se les juzgaba, iban a presidio y según el delito la aplicación
de la tortura era lo habitual como su
ejecución en menor medida. Hablaremos de ello en el mismo orden.
¿Dónde se les juzgaba?
Para eso ya estaba el Palacio de la Inquisición. Hay que decir que el primer lugar donde tuvo su sede el Santo
Oficio fue en el Palacio del Real, hasta que definitivamente, en 1522 pasa al
suyo propio. Se llegaron a procesar a 150.000 personas y asesinar a 34.000.
Daba la fachada principal a la
plaza de San Lorenzo y se prolongaba por la desaparecida calle de las Rejas, una
calle con nueve grandes rejas que eran del palacio y en 1700 fueron sustituidas
por balcones. Había un escudo enorme de Felipe II sobre la puerta que se colocó
en 1621.
En 1820 se vendió el edificio a
viviendas particulares y en 1920 se derribó el edificio entero.
¿Dónde se les encarcelaba?
Tenían prisiones. La primera
fue la Torre de la Sala en la calle
Batllía, y a mediados del siglo XVI se abrió la Casa de la Penitencia en la que
se llamaba calle Quemadero, cerca del palacio y
del Portal de la Trinidad, como cárcel abierta y alojamiento de los
penitenciados para pasar un tiempo de recogimiento.
¿Cómo se les torturaba?
Sobre el treinta por ciento de
los prisioneros eran torturados. Lo más usado era el potro y la garrocha,
aunque también era muy frecuente remar en galeras hasta la extenuación. Los
condenados a muerte portaban el “Sambenito”,
saco de tela de lona de forma rectangular con un agujero por donde sacar la
cabeza. Generalmente era de color amarillo con la cruz de San Andrés,
significando humildad y sufrimiento. Otras veces la estampación era con llamas
de fuego, personajes maléficos, serpientes, y demás signos que podían
simbolizar el infierno. También podían llevar “coroza”, un gorro en forma de cucurucho que hemos visto en muchas
ilustraciones.
¿Las ejecuciones?
Se realizaban en el solar que
ocupa el Jardín Botánico y en la Plaza del Mercado. Los Autos de Fe en la Plaza
de la Virgen.
La condena a muerte era lo menos
frecuente estadísticamente con el resto de condenas. Se desarrollaba en la
hoguera, horca, y también la “muerte en
estatua”, que era desenterrar el cadáver y quemarlo. Otra forma era la “quema
en efigie”, cuando el condenado ya había fallecido o había conseguido la huída,
se entregaba a las llamas una imagen del
desaparecido.
En este apartado incluyo unas
personas de cierta categoría social en Valencia que fueron asesinadas por el
tribunal:
Margarita Borrás o también
podemos llamar Miquel Borrás. En el
siglo XV. Hija de notario que nació hombre pero gustaba vestirse de mujer. Fue
condenada a la horca vestida de camisa sin pantalón mostrando sus atributos
para que la plebe pudiera atestiguar que era hombre.
Elionor Esparza. Principios del
siglo XVI. Condenada por hereje. Quemada
viva frente a la puerta de los Apóstoles de la Catedral. Era la esposa del
primer catedrático de Medicina y Cirugía de la Universidad de Valencia. Ambos
eran judíos conversos. Acabó él con la misma suerte.
Ajusticiamiento maestro Ripoll
Gaetá Ripoll. En 1826. La última
víctima de la Inquisición y fue aquí en Valencia. Maestro valenciano del barrio
de Ruzafa. Condenado por la Junta de Fe creada por el Arzobispo de Valencia,
que tenía las mismas funciones que el Santo Oficio, aunque este ya no existía
(Se aprobó la abolición en 1813 en las Cortes de Cádiz, pero de forma
definitiva desapareció en el reinado de Isabel II). Fue condenado por hereje y
masón a morir en la hoguera, sin embargo murió en la Plaza del Mercado,
ahorcado, y su cadáver quemado en el interior de un barril en el cauce del
Turia, en el paseo de la Pechina, cerca del puente de San José.
Texto de Amparo Zalve Polo