La perforación del suelo cercano a la Alameda comenzó en 1929 y cuál fue la sorpresa que al superar la profundidad de los seiscientos metros, en julio de 1930, comenzó a salir agua termal a una temperatura por encima de los 40º con un caudal de 25 litros por segundo. Y con tal fuerza, que alcanzó los quince metros de altura. De inmediato se taponó su salida, lo que no evitó que se creara en la zona una pequeña acequia termal, al tiempo que corrió por la ciudad la voz, hasta entonces infundada, de la salubridad de sus aguas. Ello hizo que quienes padecían de dolores reumáticos y otras dolencias acudieran a su remedio, lo que hizo que se propagaran toda clase de rumores, incluso de anuncios de curaciones inmediatas.
Y tras analizar la benignidad de sus aguas, el Ayuntamiento tomó la decisión de construir un balneario termal. En la actualidad, lo que fue el Asilo de Lactancia de la Tabacalera, ofrece los servicios de unas aguas termales que siguen manando en la misma cantidad que en el año de su descubrimiento. Vemos en la foto cómo se apiñan los valencianos en torno al calor de las aguas poco tiempo después de que surgieran del fondo de la tierra.






