miércoles, 22 de abril de 2020

FRANCISCO FALCONS, OTRO TRANVIARIO CON CALLE


Aspecto del accidente del 2 de julio de 1912 en Camino viejo del Grao (Islas Canarias). Foto procedente de revista de la época.

ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES TRANVIARIAS

El buscar y preguntar nos sirve para que podamos ahora citar a un nuevo tranviario que en su momento tuvo, desgraciadamente, derecho a rotular una calle, también en Nazaret. Se trata de Francisco Falcons empleado de CTFV que según mis indagaciones trabajaba en el convoy tranviario que se dirigía a Caro, y que el 2 de julio de 1912 tuvo la desgracia de chocar con un tren expreso procedente de Barcelona. Falleció a causa de las heridas sufridas.
  

Rótulo de la calle Francisco Falcons. Foto E. Goñi.

La calle en cuestión es prolongación hacia el sur de la calle Alta del Mar, y según me informaron es la calle en la que la Mutua de Empleados de Tranvías a finales de los años 20 del pasado siglo había edificado las casas conocidas como Cooperativa de Casas Baratas Alfonso XIII, cuyo nombre fue cambiado por el de Barriada de Tranviarios. Desgraciadamente los años pasan y apenas queda nada de toda aquella barriada. 

Vista actual, en 2020, de la calle Francisco Falcons. Foto E. Goñi.

Texto de Enrique Goñi Igual

lunes, 20 de abril de 2020

VALENCIA MIRANDO AL MAR


Mirábamos al mar, sabiendo que estaba allí cerca, ¡pero tan lejos!

Caminando la larga avenida de Blasco Ibañez, nos detuvimos ante lo que para los ojos de una chica de dieciesis años iba a ser el sueño que desde niña quiso ser, médico. Un edificio grande, con una gran puerta, por la que algún día saldría orgullosa con un título bajo el brazo del que siempre había tenido gran vocación.

Mi madre lo conocía bien, mi abuelo ejerció como pediatra hasta los años ochenta y hablaban tantas cosas, desde que comenzó los estudios, los paseos entre clases por aquellos jardines frente a la Facultad, y por supuesto, recordaba muchas cosas que se quedaron grabadas en su mente de niña. Le pedí que me las contara y disfruté tanto como ella en su momento.


Había un gran deseo de conectar la ciudad con la zona marítima ya en el siglo XIX. Era un momento en el que la burguesía valenciana estaba ávida por tener una conexión confortable con la playa porque se había convertido en zona de veraneo. Proyectos se fueron presentando uno detrás de otro e iban pasando los años sin que se llevaran a término por una causa o por otra. 

Todo empezó cuando en el año 1863 , el empresario Manuel Gomez propuso la ejecución de un boulevard cuyo eje principal partiera del Palacio de la Exposición y desde allí se construyeran viviendas para clases burguesas. En 1865, fue Manuel Sorní, basando su proyecto en la rápida comunicación con los nuevos medios de transporte. Marcaba el punto de partida de la gran avenida desde los Viveros municipales. En 1883, Casimiro Meseguer plantea de nuevo uno que se haría llamar “Camino- paseo hasta el mar “. Tardo diez años en aprobarse (1893). La comunicación era directa con las playas del norte del rio Turia, aunque el camino del Grao quedaba para uso industrial. Mientras pasaba el tiempo para su ejecución, en 1897 se volvió a replantear este proyecto con una ancha avenida con ciudad jardín y la anexión con los poblados marítimos, dando como resultado final al proyecto en 1898.

La construcción de la Facultad de Ciencias y Medicina, y al tiempo el edificio para la Feria Muestrario, dieron el pistoletazo de salida para esta gran avenida. Ya en los años treinta, la tan deseada ciudad jardín comenzó con la construcción de chalets en dos manzanas, los de la Asociación valenciana de la Prensa que vulgarmente eran llamados: “los chalets de los periodistas”.


Un dato muy curioso que me contó: fue el que un día de noviembre de 1931, mi abuelo fue al cine y en pantalla salió un anuncio dando a conocer que Valencia iba a acercarse al mar y los textos anunciantes explicaban que en la realización del proyecto encontrarían trabajo más de quinientos obreros durante dos años. La zona de los terrenos sería de 3250 metros de longitud. 

El paseo consistiría en una calzada central de 100 metros, con un macizo central de 40 metros que separaba dos zonas de 30 metros de amplitud. Tendría dos urbanizaciones delimitadas: La Ciudad universitaria (ya estaban en construcción las Facultades de Medicina y Ciencias) y la Ciudad Jardín, con casas económicas en forma de chalets. Salieron del cine ya sabiendo como iba a cambiar Valencia hasta el mar.

Los tres proyectos que se explicaron aquel día en el cine, la reforma de la Plaza del Ayuntamiento, la Avenida del Oeste y el paseo de Valencia al Mar, crearon  un antes y un después en la urbanización de la ciudad.

Texto de Amparo Zalve Polo

sábado, 18 de abril de 2020

LA ALBUFERA


En 1905 el Ayuntamiento de Valencia mostró al Estado -su propietario desde abril de 1761 por decisión del rey Carlos III- su interés para que el lago de la Albufera pasara a ser propiedad de la ciudad, iniciándose unas gestiones que darian su fruto el 23 de junio de 1911, con una Ley de Cesión cuyo importe sería determinado años despues, el 3 de junio de 1927: por el lago se fijaba la cantidad de 921.819,65 pts, y por la Dehesa 151.160,76 pts, con un pago aplazado que se completaría en la decada de los cincuenta; en 1931 y con la llegada de la República, el Ayuntamiento trató con el presidente Alcalá Zamora la cancelación de la deuda, sin lograr su propósito.

Con anterioridad el mariscal Suchet, en 1812, fue nombrado Duque de la Albufera por Jose I, titulo que serían repudiado por Fernando VII dos años despues con su vuelta a España como nuevo Rey, quien cedió la propiedad del lago a sus hermanos Carlos y Francisco, hasta que Isabel II lo retornó a la Corona, pasando, nuevamente a poder del Estado en 1869, tras la revolución de "La gloriosa" del año anterior. 

También Felipe V, en el siglo anterior, en 1708, había querido dar honores a su virrey Cristobal de Moscoso como Señor de la Albufera y con derechos sobre la pesca en el lago.

Pero si nos remontamos siglos atras, a la época jaimina, fue Jaime I en 1250 quien por primera vez reconoció estos derechos a los vecinos de Ruzafa instalados en la isla de El Palmar, que fueron igualmente extendidos a los pescadores de Catarroja y Silla. Construir un nuevo Reino al resguardo de la Ley, fue el gran objetivo del Conqueridor, que, institucionalmente, quiso crearlo con personalidad propia y diferenciada, con respeto a los demás bajo su Corona. 

 1761 - Su descripción:

"De la Albufera ó famoso lago que se halla en las inmediaciones de la Ciudad de Valencia; noticia de sus producciones, aves y peces que en el se crían."

"La Albufera así nombrada por los Moros; el famoso lago, que goza Valencia a corta distancia, a quien dio Plinio el nombre de estanque ameno, no como propio según equivocadamente entendió Ortelio, sino como epíteto debido, y Antonio de Nebrija le llamó Portus magnus, bien que ignoro con que propiedad; por un cabo finaliza a una legua de Valencia, y por otro a media de Cullera, su bageo ha sido quasi siempre de diez leguas o algo más,  de suerte que un hombre a caballo no la rodeará en un día,  su longitud es de quatro leguas, y su latitud donde es mayor, apenas llega a dos; explicome así porque con la codicia de los arroces, los labradores de sus inmediaciones la han estrechado mucho, haciendo terraplenes y retirando el agua, para acopiar mayores frutos, tanto más codiciables, quanto seguros y poco trabajosos son, por la corta duración de la cosecha, de suerte que si no sucede algun apedreo, así que se siembra ya se sabe lo que ha de recogerse.

Formase este lago ya de ojos que manan dentro de él, ya de varias avenidas y acequias que en él desaguan. La fuente de Catarroja de sabrosa agua corre por una anchurosa acequia que parece un río, y sirve regularmente de puerto, o embarcadero para introducirse en la Albufera, aunque hay otros; quando rebosa de agua se abre un portillo por lo más inmediato al mar llamada la acequia de Perelló, y se evaqua de la que es necesario; al contrario, quando mengua demasiado, pues se abre la misma acequia y se hinche del agua del mar, enriqueciendose de infinitos peces, entre cuya muchedumbre sobresalen las Anguilas llamadas Marrinas, que a la vista parecen Murenas, y al paladar Lamprea, careciendo de la abundancia de espinas que las orras, y las hay de quatro y más libras de peso, sus Tencas de que, como de las Anguilas abundan las acequias que en ella desaguan; son muy sabrosas, delicadas, sus Lisas, y con admirable gusto sus grandes Buros. 


Su hondura es tan sólo quanto basta a sustentar barcos de quatro remos, y de trecho a trecho se elevan a modo de unas islas de Cañaverales, o Carriles,  donde se guarecen las varias aves de que abunda el lago: entre el y el mar en el estrecho terreno que tiene allí la Dehesa, sin embargo de hallarse circuido de aguas saladas se obstenta junto a la Torre nueva una fuente de dulce y sabrosa, en que libró la providencia aquel alivio a los navegantes.


Al lado que mira al mar, yendo de Valencia al mediodia,  tiene este lago deliciosa dehesa, poblada de corpulentos árboles, y enmarañados arbustos de diversas especies, donde a trechos forman primorosas alfombras los mirtos silvestres, y copados pabellones que penden de los erguidos árboles,  por cuyos robustos pinos trepan imitando al maridage de los olmos con las hiedrasilas parras: está constituido este terreno entre el mar y el lago: es vedado de S.M. El sitio de mayor recreó por estas inmediaciones por la mucha abundancia de caza menor. 


Las azequias que concurren a dar pábulo a la Albufera, y los puertos que son otras mayores se llaman asi: Azequias, Puertos y Arroyuelos."


Se enumeran con sus nombres con un total de 63, para mencionar que "otros ynfinitos arroyuelos ay que son los que trabiesan de una parte a otra adar agua a los arrosares de que se mantiene."

Plan topográfico Albufera de Valencia del Museo Naval de Madrid, sacado de las exactas medidas que tiene echas don Juan Bautista Romero (mayor), Agrimensor por la Ciudad y profesor de Matemáticas (1717-1778).

jueves, 16 de abril de 2020

CINCUENTENARIO DE LA INAUGURACIÓN OFICIAL DEL NUEVO CAUCE DEL RÍO TURIA.

Obras en cruce avda. Castilla.- ca 1966 - Archivo Municipal

Las obras hidráulicas concluyeron en 1973 cuando dejaron de pasar aguas procedentes de colectores y acequias por el viejo cauce  

El 22 de diciembre de 1969, la antevíspera de Nochebuena, Federico Silva Muñoz, Ministro de Obras Públicas, inauguró la obra básica del Plan Sur, el desvío del río Turia por el sur de València. La parte principal de un proyecto, aprobado provisionalmente en 1958 y definitivamente en 1961, para solucionar el problema periódico de las riadas del río Turia que asolaban la ciudad, y al unísono el de los 264 pasos a nivel con variantes ferroviarias y nuevas estaciones. Acto en el que estuvieron: Joaquín González Vidaurreta, nuevo Jefe de la Casa Militar del Jefe del Estado, Vicente López Rosat, Alcalde de València, y otras autoridades.

            Descubrimiento placa en el puente del Saler. BIM 1969 de València.

En el puente para la carretera de El Saler fue descubierta una placa conmemorativa y finalmente en la Lonja el acto oficial donde el Ministro dijo “se pone en servicio una obra hidráulica trascendental para València cuyo coste total, hasta ahora, asciende a 4.065 millones de pesetas. Asimismo, se terminarán el embalse de Tous y las obras en curso en el puerto, y será inmediata la contratación de las obras para la autopista del Saler y el canal Júcar-Turia, que potenciará nuevos regadíos". Fue nombrado Hijo Adoptivo de València.

Coste sin haber concluido la totalidad de una obra que en la Ley del 23-12-1961 estimaron en una inversión de dos mil millones de pesetas y pasó de los seis mil millones. Cantidad un poco minimizada si tenemos en cuenta que el índice de precios casi se duplicó en un decenio, pasando de índice 100 en 1960 a 180 en 1970.

También desfase en las expropiaciones, calculadas en 300 millones de pesetas y en 1969 ya habían abonado más de 1.500.

Para cuantificar la inversión hidráulica del Plan Sur hay que tener en cuenta que los diarios Las Provincias y Levante, que hicieron largas reseñas de los actos, costaban 4 pesetas cada uno.

Pero antes, viniendo desde Madrid por carretera, el Ministro hizo una parada especial en Contreras para inaugurar la variante de 11,3 km. que eliminó un tramo de intrincado trazado de la N-III con 61 curvas  para cruzar el profundo cauce del río Cabriel, cuando solamente atendía un tránsito de 2.400 vehículos diarios, de ellos 1.400 camiones.

Proyecto para autopista por viejo cauce y nueva estación.- 1960.- 
Propiedad y Construcción

Según el folleto informativo de la Confederación Hidrográfica del Júcar en 1970, la parte principal del Plan Sur, es un cauce de 11.868 m., entre el desvío del Repartiment en Quart de Poblet y la desembocadura al norte de Pinedo, con capacidad nominal de 5.000 m3/s. Obra colosal subdividida en tres tramos por diferencias de tratamiento en su construcción.

De 3.159 m. de longitud entre Quart de Poblet y el Azud de Chirivella, con 175 m. de ancho, 7,5 m. de profundidad, pendiente de 0,001, revestimientos laterales de hormigón en talud y defensa de escollera los 10 m. centrales del cauce.

De 5.641 m. la continuación hasta el puente de la Pista de Silla, con 175 m. de ancho, profundidad 6,1 m., pendiente 0,0034, revestimientos laterales de hormigón en talud y todo el fondo con defensa de escollera.

Puente CV-400 hacia Benetúser, Catarroja - 2019.- Esteban Gonzalo


Y de 3.068 m. hasta el mar, con 200 m. de ancho, pendiente 0,001, y revestimientos con escollera los taludes laterales y el fondo del cauce. Según Vicente Fullana, del equipo de dirección de la obra, por falta de apoyo del subsuelo, sin tierra firme hasta los 30 m. de profundidad, no pudieron utilizar hormigón en ese tramo para los muros laterales.

Nuevo cauce con dos obras hidráulicas singulares: el Azud del Repartiment en su origen, construido para el reparto de las aguas a las acequias de la Vega de València cuyas tomas quedaron en el viejo cauce, y el Azud de Chirivella, para hacer perder cota de declive al trazado y evitar que la circulación del agua entre en turbulencia y erosione el cauce.

Proyecto para terrenos Estación Norte y zona vías, muelles y depósito locomotoras.- 1960.- Propiedad y Construcción

Primeramente se diseñaron diez puentes, tres para ferrocarriles y siete para carreteras y calles, para posteriormente añadirle cinco más para dar fluidez a nuevas autovías y los cruces entre las calzadas laterales de la V-30. La última adición fue en el año 2010 con el puente, con trazado en diagonal, para la línea de Alta Velocidad entre Madrid y València.

A ellos hay que añadir pasos subterráneos de obras hidráulicas de diversos tipos y de la línea 3 del metro entre las estaciones Mislata-Almasil y Faitanar.

INTENTOS DE DESVÍO Y PROYECTO DEFINITIVO

La Solución Sur fue la realizada, pero anteriormente hubo proyectos para desviar las aguas del Turia y evitar estragos en barrios de València, incluso con  rectificaciones posteriores, como fue el caso en el siglo XIV en Villanueva del Grao, donde tras desviar el tramo final del río dos años después lo revertieron al antiguo trazado.

El 1 de mayo de 1890 Joaquín Llorens y Fernández de Córdoba presentó un proyecto (esdiario.com 10-07-2019) que consistía en la desviación del río desde Mislata por un nuevo cauce hasta Chirivella para buscar el barranco de Catarroja, y por él hasta la Albufera, “a fin de rellenar ésta con las aportaciones del río y las que llevara a cabo la industria de los hombres hasta convertir el lago en terrenos cultivables”

El 20 de noviembre del año siguiente la reina María Cristina firmó el decreto autorizando la realización del proyecto, sin subvención del Estado pero con el derecho de propiedad, supongo, de los terrenos desecados. Pasaron los años sin que se hiciera, con opiniones a favor y en contra tras la desastrosa riada de 1897. Opiniones posteriores lo consideraron poco menos que descabellado, ya que hubiera complicado más el nivel del lago cuando los temporales marinos rehúsan recibir sus aguas.  

Sin embargo ante la magnitud del desastre ocasionado por las riadas de los días 13 y 14 de octubre de 1957, el Gobierno decidió elaborar un plan de defensa para aminorar los daños por avenidas. Cobró actualidad el proyecto del ingeniero Eustaquio Berriochoa Elgareste, quien en 1946 sugirió desviar el río por el sur y colocar en paralelo al cauce las líneas férreas para quitar los pasos a nivel que constreñían a València (Las Provincias 13-05-2015). 


Se estudiaron tres soluciones: Norte, Centro y Sur. La primera suponía el desvío del río Turia hacia el norte uniéndolo al barranco de Carraixet, la segunda la mejora del trazado urbano recuperando capacidad disminuida por los aportes continuados junto con la construcción de un embalse en Vilamarxant, y la tercera la más costosa y colosal, ya que suponía excavar un nuevo trazado a través de la Huerta de València, la construcción de grandes puentes y la reposición de servicios. Fue la que aprobó el Consejo de Ministros del 22 de julio de 1958, y tras los estudios y cálculos correspondientes las Cortes Españolas establecieron en la Ley 81 de 1961 las directrices para su financiación. La Dirección de Obras Hidráulicas del Ministerio de Obras Públicas (MOP) adjudicó la realización del proyecto a la unión de empresas CYT (Cubiertas y Tejados) y MZOV (compañía de construcciones del Ferrocarril de Medina del Campo a Zamora y de Orense a Vigo), quienes comenzaron los trabajos en febrero de 1965 bajo la dirección de la Confederación Hidrográfica del Júcar. Obras que no concluyeron el citado 22 de diciembre de 1969 sino en 1973 cuando dejaron de pasar aguas procedentes de colectores y acequias por el viejo cauce.

Asimismo acordaron que el Estado asumiría el 75% del coste, el Ayuntamiento de València el 20% y la Diputación el 5% restante. Y entre los recargos autorizados a los ayuntamientos integrados en la Corporación Gran Valencia, el cobro de 0,25 céntimos por carta enviada y 0,50 céntimos por telegrama cursado entre los años 1962 y 1971, ambos inclusive, aunque entraron el vigor en enero de 1963..

Como parte positiva, el nuevo cauce permitió la eliminación de la mayoría de los pasos a nivel de las líneas férreas de ancho ibérico, que fue total cuando en 1991 entró en servicio el túnel bajo viarios del Grao y Cabanyal, la mejora del sistema de evacuación del alcantarillado con la construcción de colectores, y que los viales laterales del cauce, la denominada V-30, que facilita los enlaces entre el bypass y las restantes vías de comunicación que acceden a la ciudad por sus lados oeste y sur sin entorpecer el tránsito por viarios urbanos.

Plan realizado parcialmente, ya que lo frenó la crisis de los años setenta, quedando pendientes: el embalse de Vilamarxant, la solución de las numerosos pasos a nivel de los ferrocarriles de vía estrecha que tuvieron que esperar a partir de 1988, la estación central que hubiera estado situada a la altura de la actual Ciudad de las Artes y las Ciencias, y destinar, en estos casos afortunadamente incumplidos, para autopistas el viejo cauce, y para viviendas lo que actualmente conforma el Parque Central e incluía el derribo de la Estación del Norte. Proyectos incluidos en el número extraordinario de la revista Técnico Informativa Propiedad y Construcción, editada en 1969 por la Cámara Oficial de la Propiedad Urbana de Valencia, sobre “Las inundaciones de Valencia en 1957. Historia de la riada y perspectiva de la ciudad.”

Por contra la Solución Sur supuso la desaparición inmediata de 260 hectáreas de huerta y el derribo de centenares de viviendas, mayoritariamente rurales, y facilitó que en los decenios siguientes quedaran ocupadas por edificaciones y viales la franja de cultivos entre la ciudad y la nueva excavación, que quedó como frontera de expansión urbana.

Asimismo para adaptarse al Plan fue aprobado en 1966 el Plan General de Ordenación Urbana de València.

ENSAYOS EN GRENOBLE

Cuando en el año 2017 el Boletín del Instituto de Ingeniería de Aguas y Medio Ambiente de la Ciudad Politécnica de la Innovación entrevistó al ingeniero Vicente Fullana, les dijo que aunque fue aprobada la construcción en 1958, no comenzaron las obras hasta 1965, ya que hasta 1963 no se subastaron al faltar estudios sobre la superficie, corrientes de agua que podían aparecer y otros aspectos. Que se tuvieron que ir a Grenoble (Francia) para hacer el ensayo final para la Solución Sur, “teniendo en cuenta las características del río, que ocurría si se socavaba el cauce y que tipo de piedras necesitaban para cimentación y blindaje, ya que a la altura de Castellar y Oliveral eran terrenos de marjal con tierra firme a 30 metros de profundidad. Y por ello tuvieron que aumentar el presupuesto y utilizar piedras de la sierra Perenchiza de Torrent ”. Resaltó que pasado casi medio siglo considera la obra un éxito tanto en el diseño como en la construcción.

La obra más faraónica de la historia de València.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel

martes, 14 de abril de 2020

BENIMACLET, ESPAI VERT

Esquina edificio calle Prudencio Alcón y Mateu. Foto 02.2019, E. Goñi

MIRANDO HACIA ARRIBA

Dando un paseo por la barriada de Benimaclet por la zona más cercana a la autopista de Barcelona, por las calles de Prudencio Alcón y Mateu y la de Diógenes López Mecho, médico, ambas muy cercanas a la más conocida por su circulación tranviaria de Doctor Vicente Zaragozá nos podemos encontrar con unas manzanas ocupadas por una sola edificación múltiple en cada una de ellas que atraen rápidamente la vista, y nos traen una muy distinta visión de la obra tanto artística como ecológica de sus respectivos arquitectos, que han huido de la típica edificación de nuestras calles, con un resultado que da para fantasear mucho rato, sin dejar de mirar y mirar levantando la vista.

La primera de ellas más simple y reducida, situada en la calle Prudencio Alcón y Mateu corresponde con un edificio de viviendas donde es básico el color blanco, pero salpicado de notas rojizas y con unas series de huecos y salientes no regulares, con una distinta y agradable estética.

Lateral edificio. Foto 02.2019, E. Goñi

El otro edifico es el propiamente denominado Espai vert, del que ya se han cumplido 25 años, y corresponde con un magnífico proyecto acabado en régimen de cooperativa en el que a través de las fotos podemos apreciar la influencia masiva de las plantas en el resultado final, sin olvidar los cambiantes volúmenes edificados, sus originales accesos, que aparecen donde menos esperas, voladizos, etc. Cada una de las viviendas disfruta de su propio y particular jardín, resumiendo un lugar donde a cualquiera que le guste estar con la naturaleza estaría muy a gusto, creo.


Foto Espai vert, 02.2019, E. Goñi
  
     Foto Espai vert, 02.2019, E. Goñi     
       
Foto Espai vert, 02.2019, E. Goñi

A la vista de estas cinco imágenes, sobre todo las del Espai vert espero que algunos lectores que no conozcan la zona se den un paseo para disfrutar de su visión y dejar de pensar en las fincas que llenan nuestras ciudades. Es como hacer un zapin con un resultado atractivo e inesperado.
  
Texto de Enrique Goñi Igual

domingo, 12 de abril de 2020

VIVIENDO EN UNA BARRACA VALENCIANA

Archivo Municipal

Pensaremos primero en una Valencia ocupada por una enorme extensión de lagunas y marjales. Simples estacas separarían el suelo del agua para albergar habitaciones. Ese fue el comienzo. Habitadas por  musulmanes antes de la Reconquista y tras ellos los moriscos y cristianos “nuevos  hasta su expulsión, así reemplazados por los cristianos “viejos conversos", represaliados de los agermanados, de ahi la colocación de la señal de la cruz en lo más alto de la barraca. Conforme las aguas fueron retirándose las estacas sobre el agua se cambiaron por paredes de barro.

Podríamos entrar en cualquiera de las barracas para darnos cuenta de la similitud entre ellas. Da lo mismo que esten entre huertas o cercanas al mar. La humildad de las gentes que las habitaban, el quehacer diario tanto de un agricultor, como de un pescador, como de un trabajador salinero. Sí, ¡un trabajador salinero! Cito este por ser los más desconocidos habitantes de las barracas valencianas. Viviremos con ellos en unos párrafos:


Archivo Municipal

Recordemos que el lago de la Albufera era una explotación salinera. En la zona de las salinas es donde más concentración de ellas habia. La primera de la que se tiene constancia es de 1453 , ”la barraca de la gola de la Albufera” en la embocadura del mar con el lago. Como todas las demás su construcción era a base de cañas y barro, los elementos existentes en el entorno. Eran tantas las que habían allí que en 1485 se edificó una iglesia para que se pudieran atender las necesidades religiosas del personal salinero y de los pescadores de la Albufera. Pero todas estas barracas desaparecieron en 1498 debido a un fuerte vendaval, cosa que hizo pensar con otros materiales màs resistentes a las inclemencias naturales y se llamaron desde entonces “barracas de obra nueva”.

Ahora ya es el momento de entrar.

Por la senda, acompañados del sonido del agua de una acequia que nos sigue por la derecha, y cruzando campos de cebollas y alcachofas, no sin detenernos bajo la ombría de unas moreras para mitigar el calor que el estío nos estaba regalando, nos quedaba menos trayecto para llegar. Los niños correteaban ajenos a la sombra y se remojaban con el agua de la acequia. Jugaban a recorrer las hendidas huellas del carro que varias veces al día recorria Joanet para airear la tierra con la ilusion que todo labrador tenía para el dia de la recogida. Camino de hierba desparramada, escapada de su carro con la que al llegar alimentaría a sus animales.


Archivo Municipal

A menos de cien metros allí se veía, perfecta, blanca, humilde pero a la vez solemne, como solo él la podía cuidar.

Bajo la techumbre de la entrada y junto a una gran higuera, ¡qué aroma desprendía esa higuera!, una bancada encalada, a la par que la fachada, que obligaba a sentarse y respirar esa paz que solo alli se conseguía. Un horno grande de barro desprendía el aroma de leña con la que se había cocinado la tarde anterior, porque se cenaba pronto, había que levantarse a la salida del sol, la huerta tiene esas cosas.

No era grande, era suficiente. Tan solo era un rectángulo de 9 x 5 metros, eso sí, tan bien organizado que nada le faltaba. El tejado era bonito, a dos aguas y con bastante vertiente evitando que el agua se estancara con las lluvias, hecho de cañizo y barro en su parte más alta. 

Atravesando la puerta situada a la izquierda, que mira al sur, y que por cierto, es muy grande -tiene que iluminar bien la parte interior, aunque tambien tiene una pequeña ventana a su lado derecho- hay un pasillo que la recorre de parte a parte y al fondo una puerta para salir a la parte posterior. Un muro longuitudinal separa mas o menos por la mitad, quizá un poco menos, las habitaciones, dos o tres según tamaño; en casa de Joanet eran dos, no necesitaba más. El comedor también estaba ahi. A la derecha pasamos la cocina, la justa porque se suele usar el horno de fuera, al menos para guardar unos pocos cacharos y alguna tina. Colgaban de la pared aperos de labranza, y aunque se procuraba de limpiarlos, quedaban las huellas de la tierra pegada.

Salimos por la puerta trasera, y entre unos plantones de fresas una pequeña construcción que a los niños les hizo mucha gracia, creían que era una barraquita pequeña donde poder jugar, pero Joanet les explicó que era una “sebera” o cebollera, para guardar las cebollas que él iba recogiendo de la huerta y allí se iban secando. Era curiosa, las paredes de listones de madera y el techo de cañizo.

(Volveremos dentro y os enseñare algo) Al subir una escalera de mano que apoyaba sobre la pared del pasillo, llegamos a la andana, sólo habían tomates colgando de hilos en forma de ristras secándose. En el suelo se extendían telas viejas con patatas, melones y calabazas. Nos contó que hace unos cuantos años allí tenía gusanos de seda, que los criaba y los alimentaba con hojas de morera para que luego la seda fuera utilizada y que muchas valencianas lucían en sus mejores galas, con sus trajes a la hora de engalanarse para las fiestas.


Archivo Municipal

Comimos una buena paella bajo la sombra de la higuera, y nos saciamos de beber con el agua fresca del pozo con la que Joanet rellenó unos botijos. Hicimos una buena siesta, mientras la madre de Joanet hacía unas espardeñas con esparto sentada en su silla de enea.

La tranquilidad se despidió de nosotros cuando alrededor de aquella bonita barraca los niños empezaron a corretear, jugando al plantat, a la taba, al rogle... después de una buena merienda de pan con vino y azucar.

El recuerdo de aquel dia hizo que volvieramos tras cinco años. Por el camino nos dimos cuenta que la acequia no sonaba, las hendiduras del carro apenas se distinguían, la hierba desparramada habría sido llevada por el viento o arrastrada por la lluvia y las alcachofas eran sustituidas por malas hierbas. 

Quedaban los cien metros y no estaba. Nos dimos cuenta que estabamos a principios del siglo XX, y que una normativa municipal prohibió reconstruir las barracas que ya estaban deterioradas y lentamente fueron desapareciendo.

Texto de Amparo Zalve Polo

viernes, 10 de abril de 2020

EL CÓLERA EN LA PLAZA PELLICER

Plaza Pellicers - 1895

El 13 de abril de 1885 fue cuando se anunció la presencia de la epidemia del cólera en la ciudad de Valencia. Tres dias después se supo de la primera víctima que falleció en la plaza de Pellicers, muy próxima al Hospital Provincial.

Pasados unos días, el veinte de aquel mismo mes, la Real Academia de Medicina de Barcelona se mostraba partidaria de la vacuna del dr. Ferrán, que sería cuestionada por una parte de la sociedad valenciana con duros enfrentamientos entre el propio médico y el gobernador, cuyas medidas sanitarias fueron puestas en entredicho por el descubridor de la fórmula para dar solución a la epidemia. 

El inicio de ésta fue en la ciudad de Jativa y en lo referente al cap i casal, en su propagación, tuvo su particular difusión el suministro de agua potable a las casas sin pozo propio -al tiempo que exístia el peligro de contagio debido al "viaje subterráneo" de las aguas- que se suministraba a través "dels aiguaders", servicio que en su medida contribuyó a la difusión de una epidemia del colera que produjo 21.612 fallecimientos en la provincia de Valencia.

miércoles, 8 de abril de 2020

TEODORO LLORENTE Y LOS CUATRO FICUS MONUMENTALES

Archivo Municipal

En el andén central o isleta cruce de la Gran Vía Marqués del Turia con las calles Francisco Pizarro y Taquígrafo Martí, destacan cuatro enormes ficus, y en el centro del espacio cuadrangular que enmarcan y cubren a gran altura está el monumento al periodista y poeta valenciano Teodoro Llorente Olivares (1836-1911).

El monumento, cuya primera piedra la pusieron el 4 de agosto de 1913 y fue solemnemente inaugurado el 31 de julio de 1924, está acompañado por ficus nonagenarios según el Observatorio Municipal del Árbol de València, pero más viejos según la crónica del diario Las Provincias (01-08-1924), donde después de explicar todos los detalles escultóricos del monumento, especificaba que “La figura del poeta es lo único en bronce en el complejo conjunto, cuya densidad de motivos aumenta con el ramaje de los ficus”.

Únicos de su especie en la Gran Vía, los Ficus Macrophylla, forman un grupo homogéneo con medidas promedio de 23 metros de altura, 22 de perímetro en la base, 12 de perímetro del tronco y 25 de diámetro de la copa. Son cuatro muy importantes de los 38 árboles del amplio andén central que están catalogados como protegidos según la Ley de abril del 2006 sobre el Patrimonio Arbóreo Monumental de la Comunidad Valenciana.


El conjunto monumental está acompañado por diez palmeras tipo California (Whashingtonia filífera), seis en la parte lindante con la calle Taquígrafo Martí y cuatro con la de Francisco Pizarro.

En el lateral del monumento frente a la calle Francisco Pizarro colocaron en octubre de 1925 la placa de bronce con bajorrelieves que en mayo de 1922 envió el Círculo Valenciano de Buenos Aires (Argentina) para adherirse al homenaje que la ciudad de València pensaba rendir al poeta cuando terminaran el monumento.


Por su belleza arbórea y arquitectónica la Gran Vía Marqués del Turia está incluida en el circuito urbano del Bus Turístico.

Texto y fotos de Esteban Gonzalo Rogel

lunes, 6 de abril de 2020

PLAZA DEL AYUNTAMIENTO

Foto autor desconocido, ca 1960. Remember-València, pg 179-(III).

MIRANDO HACIA ARRIBA

 Antes de que la plaza en cuestión se llamase del Ayuntamiento en la ciudad de València el tema de los anuncios situados en lo alto de edificios para que fueran fácilmente vistos por los peatones disfrutaba de una llamémosle manga ancha, que actualmente en España se nos haría imposible imaginar, pese a que en ciudades muy como Londres, Nueva York, Tokio, etc. no solo tienen anuncios, sino que los turistas hacen miles de fotografías de muchos de ellos, ya que son un importante punto de obligada visita en determinadas esquinas o chaflanes, incluso calles enteras.

Aquí que de momento nos conformamos con ver fotografías de los anuncios que se podían disfrutar en nuestra plaza hace unos cincuenta años con el desaparecido formato diseñado por el gran arquitecto Javier Goerlich. Solo había que alzar un poco la mirada.

La siguiente fotografía con una orientación muy parecida a la de cabecera, pero con el valor añadido de ser nocturna y lucir los anuncios iluminados y coloreados. Por cierto qué gran salva de silbidos recibían los anuncios en los días de Fallas cuando a la hora del Castillo de fuegos artificiales, que entonces se disparaban allí mismo, si una vez ya estaba apagada la iluminación de toda la plaza, seguían encendidos los anuncios, silbidos que solamente desaparecían cuando se apagaban los anuncios.

Postal de época. Remember-València, pg 470.

Nueva imagen, esta diurna y en color, más tardía, la plaza ya estaba reformada y mantenía en su centro un absurdo aparcamiento en lugar de ser zona de paseo y descanso como anteriormente. Podemos apreciar un reloj floral de muy corta existencia. De nuevo alzar la mirada.

Postal de época. Remember-València, pg 1032.

Texto de Enrique Goñi Igual 

sábado, 4 de abril de 2020

DE LA EPIDEMIA DE TIFUS EXANTEMÁTICO DE 1941 EN LA CIUDAD DE VALENCIA AL PESET


Hospital Municipal de Infecciosos

La trilogía perfecta tras la Guerra Civil española: Higiene, hambre y hacinamiento.

La gente convivía en casas medio destruidas por los bombardeos, sin agua, sin comida, en el lugar que cabían dos,  convivían siete.

Había emigrantes obreros sin trabajo que provenían de la zona de Andalucía y de Castilla malviviendo en casas semiderruidas de la zona portuaria, así  como en el también ruinoso Hotel del Puerto. Zona que a su vez también la habitaban gentes de la propia ciudad de Valencia.

¿Qué ocurrió en la primavera de 1941? El piojo responsable de la enfermedad del tifus exantemático hizo su incursión. Tal fue su transmisión entre las personas que se declaró epidemia, y como ocurre muchas veces, no exenta de brotes.

En el inicio afectó a doscientas ochenta y cuatro personas, de los fallecidos fueron treinta y cinco. Como suele suceder con la mayoría de virus, llegó el verano y el contagio fue disminuyendo, hasta que en octubre se dio por extinguido. La sorpresa fue con la aparición de un segundo brote en febrero del siguiente año, de menor intensidad, volviendo a afectar a la zona portuaria y a la gente desprotegida que acudía a los comedores de la Asociación Valenciana de la Caridad. Esta vez fueron ciento cincuenta y ocho casos y veintiocho defunciones. Al año siguiente, 1943 un tercer y leve brote dio por finalizada la epidemia, con cinco casos y un solo fallecido.

¿Cómo resolvió el Ayuntamiento esta epidemia?

 No entro, ni salgo en opinión, tan solo cuento de lo que me informo.

La primera medida fue una “selección” de infectados. Habían infectados lugareños, y emigrados de otras zonas de España. Se habilitó un albergue la calle Velázquez para los mendigos forasteros y otros dos para los valencianos, en la Travesía del Mar los del distrito marítimo y los demás al lado de la Asociación Valenciana de la Caridad.

Aunque con algunas discriminaciones entre unos y otros, en ambos casos no fueron tratados como se debiera. Así pues, carecían de alimentos, y en algunos casos al intemperie.

Se les despiojaba y tras ello se les daba una tarjeta de desparasitación y asistencia sanitaria. A los foráneos se les enviaba en tren a su ciudad de origen, algunos no llegaban, se tiraban del tren y huían donde podían.

La prensa hacía eco de las propuestas del gobernador civil, solicitando donativos y mediante una “campaña pro evacuación de mendigos de otras regiones” se organizaron en los jardines de Viveros tres verbenas y una tómbola.

Subsanado el asunto de los evacuados de la ciudad, comenzó la segunda fase, la instalación de los afectados valencianos.

Para ello se habilitaron dos antiguos lazaretos construidos en el siglo XIX. El antiguo Hospital de San Pablo se convirtió en centro de desparasitación; y el Hospital de San Antonio, inaugurado el 15 de Mayo de 1914 en el camino de Transitos, construido donde con anterioridad existia un lazareto de madera, se convirtió en el Hospital Municipal de Infecciosos.

Otro nuevo recinto y muy cercano al anterior, en la partida de Safranar, el Hospital de Infecciosos de la Granja, en terrenos pertenecientes a la Diputación. Este no disponía de medios para la eliminación del piojo, ni vacuna antitífica para el personal. Cuando las notas en prensa recalcaban que la higiene era fundamental para la lucha contra la enfermedad, en el Hospital de la Granja no había ropa limpia para los enfermos.

General Sanjurjo en construción

Consciente el Ayuntamiento de la progresión en número de los infectados, el Ayuntamiento pensó en la construcción de un hospital más grande en el que se pudiera albergar a tanto enfermo. Solicitando para ello la ayuda económica necesaria al Estado. 

La solicitud se hizo como ampliación del lazareto ya instalado y basándose que tras la epidemia valencia siempre estaría necesitada de hospital para infecciosos. Fue considerado como un proyecto falto de argumentación según criterio de la Dirección General de Sanidad en su lucha contra la epidemia, así pues, le otorgo muy pequeña cantidad de dinero y las obras ya comenzadas se tuvieron que suspender a finales de 1943 cuando la epidemia ya estaba controlada. 

El edificio, ya a final de la década, pasó a pertenecer al Instituto Nacional de Previsión, integrándose así en el régimen de la Seguridad Social y se le llamó “Residencia General Sanjurjo” –aunque en un principio se había pensado en la figura del Cid - actualmente Hospital Doctor Peset.

Texto de Amparo Zalve Polo

jueves, 2 de abril de 2020

EL MUSEO TAURINO Y UNA BELLA POSTAL - y IV


1929 - El Pueblo

Datos, que en su conjunto, iban a documentar al futuro Museo Taurino en todo lo relacionado con la "fiesta nacional". Desde un capote en una vitrina, hasta el astado del toro bravo fijado en sus paredes. Trajes de luces, carteles, orejas y rabos, espadas y descabellos, sombreros y coletas, mantones de Manila. Historia viva. 

Setenta años después, el día de San Jaime de 1929, se inauguró el Museo Taurino, para continuar de nueva planta y con su "reinaguración" en julio de 1970, tras un largo periodo de más de diez años que había estado situado en un lugar poco adecuado: una antigua cuadra de caballos, lo que motivo la críticas de prensa y aficionados. 

"Nuestro edificio" había desaparecido, pero el Museo encontró un digno lugar con la construcción del Pasaje del Doctor Serra, prestigioso cirujano que durante muchos años estuvo al frente de la enfermería de la Plaza de Toros situada al inicio de la calle Castellón, donde había sido puesta en marcha en 1921, al derribar su anterior ubicación, para la apertura de la calle Alicante que demandaba el Ayuntamiento.

El Museo Taurino, el mejor de España, estaba compuesto en su inicio por 291 referencias fijadas en sus paredes, más nueve vitrinas donde se exponían recuerdos taurinos, siendo la gran mayoría del legado de Luis Moroder Peiro, completándose el museo con otras donaciones de aficionados a la tauromaquia.


Con estas palabras, el cronista de Las Provincias tras el día de San Jaime de 1929 daba su impresión del nuevo museo: 

"Estamos ya dentro del Museo. La luz entra a raudales por las ventanas que recaen al patio de caballos y desolladero de la plaza. La sala es amplia y de una sencillez muy simpática. Antiguamente estaba destinado a taller de escenografia. Todo el decorado se lo dan los objetos expuestos."