miércoles, 20 de mayo de 2020

DE ALMACEN DE FONTANERÍA A COMPRA-VENTA ANTIGUEDADES

 
1990 - Angel Gento - Rastro en plaza Napoles y Sicilia


Gran salto cualitativo habido el año 2006 en el bajo nº 27 de la calle Corretjería, en el barrio de La Seu, ya que tras mucho tiempo como almacén de fontanería y varios años sin utilización, Ángel Gento Moya y su mujer Karín Álvarez Merino lo transformaron en un tienda para la compra-venta de antigüedades.

Fue su tercera etapa en ese negocio, ya que después de muchos años con espacio reservado en la plaza Nápoles y Sicilia (antigua de la Congregación) del dominical Rastro de València que llegó a extenderse hasta la plaza del Arzobispo, aumentaron su importancia comercial al establecerse en el bajo nº 29 de la mencionada Corretjería, donde estuvo anteriormente compra-venta de “muebles y demás objetos” Pedro Cot, quien en 1948 ya se anunciaba en el llibret de la Falla Corretjería-En Bany dels Pavesos.

Ángel ante la puerta de entrada a la tienda.- 2019.- E. Gonzalo    
                
De puesto desmontable los domingos, Ángel y Karín pasaron a una tienda abierta de lunes a sábado y en pleno centro histórico del cap i casal.

La fachada de la tienda es espartana, pero el interior del local está repleto de muebles, variados artículos de cristal, pinturas, monedas, azulejos de desaparecidos edificios entre los siglos XV y XIX, imágenes, escribanías, bellas arañas, adornados espejos, globos terráqueos... que en parte se perciben desde el exterior y llaman la atención de conciudadanos y turistas, de quienes Ángel dice que casi siempre compran algo.

 Interior tienda.- 25-11-2019.- Esteban Gonzalo

Antigüedades en Gento y Alvarez S.L., pero también objetos usados que sin ser muy viejos se han revalorizado grandemente y actualmente son incluidos en la calificación vintage.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel

lunes, 18 de mayo de 2020

CRUZAR EL PUENTE DEL MAR Y ENTRAR EN LA CIUDAD

Archivo Rafael Solaz

Apacible mañana, aunque soplaba un leve viento de Levante con la maresía que ello provocaba. Invitaba al paseo, al encuentro con la ciudad, una ciudad de 1863 donde los huertos de hortalizas y de flores aparecian al paso hacia la Alameda. La compañía del sonido del agua del Brazo de los Molinos, ramal de la Acequia de Mestalla, que discurría en paralelo por la parte interior del Paseo de la Alameda, dando servicio a diversos molinos hasta llegar al propio río.

El paso por el Puente del Mar era el más favorable para llegar al mar, de ahí su nombre. El río Turia discurría tranquilo humedeciendo las pequeñas parcelas de huerta que pertenecían a las barracas que se habían instalado junto al lecho. Se entremezclaba el aroma del jabón de la ropa secándose, de las emanaciones más fuertes de la alta chimenea de la Fábrica de Gas y el desagradable olor de la Fábrica de Tabaco.

Al terminar de pasar el puente y atravesar el Pla del Remei la vida era muy distinta. Grandes conventos que iban situandose con los años junto a la muralla cristiana y que después irian despareciendo de la misma manera, pero que en cierto modo marcaron en su momento la ubicación en una reconstrucción del puente, planteando el punto medio entre el Convento de los Trinitarios del Remedio y los frailes de San Juan, ya que ambos reclamaban su cercanía. Ni que decir tiene que las modificaiones que sufría eran fruto de las riadas en épocas de lluvias fuertes, que dejaron atrás un sencillo puente de sillares de piedra que sujetaban un tablero de madera, hasta que un siglo después, finales del siglo XVI, se transformó en un bello puente de piedra con diez arcos ojivales y a su paso las figuras de la Virgen de los Desamparados y la de San Pascual Bailón, en sus respectivos casalicios. Aun faltaban trece años para que el tranvía circulase sobre él, lo haría en 1876, un tranvía de tracción animal que unía la ciudad con el Grao, al abrirse el Nuevo Camino del Grao, importante vía arbolada.

Sobresalía la chimenea de la Fábrica de Gas, con el que se iluminaría las primeras farolas de gas en la Glorieta. Fue la empresa de Carlos Lebón la que se encargó del alumbrado. El día 9 de octubre de 1844 fue un momento histórico, hasta se inventaron cancioncillas populares ante el acontecimiento: “No te compongas que no irás a la Glorieta a ver el gas”. El gas de hulla sustituyó al aceite vegetal cuando la ciudad estaba a oscuras con las pocas farolas  de aceite en ciertas calles, y que pagaban los  propietarios pudientes que en ellas habitaban. Pero como estamos en 1863, hay que decir, que el propietario de la Fábrica de Gas era Don José Campo, desde 1855.

La arboleda de la Glorieta con sus bonitos bancos de piedra donde apetecía sentarse un rato, y al mirar hacía la gran mole rojiza, hasta poder conversar sobre la Fábrica de Tabaco. Allí estaba la fábrica desde 1828, en el majestuoso edificio construido para Aduana en la segunda mitad del siglo XVIII. No fue bien acogida por los vecinos desde el principio, los olores se hacían insoportables, y temían por el riesgo de incendio que se pudiera provocar, agravándose con la proximidad de la Fábrica de Gas.

Antes del regreso, habría que destacar la expresión del viajero R. Ford cuando visitó Valencia en 1840: “El paseo de la Glorieta fue tendido y plantado en 1817 por Elio, quien convirtió en Jardín de las Hespérides un lugar que Suchet había convertido en desierto al echar abajo trescientas casas, con objeto de dejar una explanada ante la Ciudadela antigua”.

Guesdon - 1858


Texto de Amparo Zalve Polo

sábado, 16 de mayo de 2020

NUESTRAS JARDINERAS. INTENTANDO EVITAR UN ERROR DE LOCALIZACIÓN TRANVIARIA

Foto aparecida en varios blogs de temas valencianos. Autor desconocido, Ciudad desconocida.

ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES TRANVIARIAS

La foto de la jardinera de arriba la tengo vista en varios blogs dedicados a las cosas de València o de sus tranvías como fotografía de un convoy tranviario valenciano, y lamento decir que tal foto será de cualquier ciudad, pero NO de València. 

No solo por la casi unanimidad en el modelo de los sombreros de los caballeros colgados de los estribos corridos, fijaos en el apartavacas, cuya utilización es la de evitar arrollamientos de peatones ante un atropello, tan visto en los trenes de las películas de vaqueros; con este formato jamás ha sido utilizado en los tranvías de València. El tipo de adoquinado no es el que utilizaban nuestros antepasados, incluso la forma en que se indica en la parte superior del coche motor el número de línea no es la de acá. Por otro lado de acuerdo con la normativa municipal no se podía viajar colgado, la denuncia hubiera ido a la compañía tranviaria por consentirlo, no a los usuarios.

Modelo de jardinera de los tranvías de València  con seis filas de asientos. 
Foto en 1966 de Wiseman.

Las jardineras se han usado en las líneas de tranvías valencianas desde su creación y como igual daba que la arrastrase un caballo que más tarde un coche motor y puesto que nuestro clima es muy propicio a su uso, han permanecido en servicio hasta que poco a poco entre los años cincuenta y sesenta fueron desapareciendo de las vías. Aunque de acuerdo con las actuales normas de protección ciudadana supongo que estarían totalmente prohibidas por su riesgo al ir abiertas.

Modelo de jardinera de València “aparcada” en Glorieta con ocho filas de asientos. Foto en 1953 de Wiseman.

Podemos apreciar que las jardineras se parecen, pero cada una es cada una. Como dato curioso nuestras jardineras eran de origen con los asientos corridos de lado a lado, pero con el paso del tiempo se impuso la lógica de que el agente cobrador no debía moverse por el estribo para ir cobrando. Para ello a las dos o tres filas internas se les seccionó el espacio de un asiento para que sin salir del coche el cobrador pudiese moverse lo suficiente para realizar el cobro a los pasajeros sin arriesgar su integridad física, en resumen sin tener que ir colgado por el estribo.

Foto autor desconocido, ca. 1940-50, Convoy con dos jardineras remolcadas, cada una de un modelo, ante la puerta del balneario Las Arenas, curiosamente en el coche motor hay menos pasajeros que en las jardineras.

Su uso en verano era casi una obligación en los días de playa y también en las líneas interurbanas, que yo recuerde las he visto circular por todas aquellas líneas en las que se arrastraban remolques.

 Texto de Enrique Goñi Igual

jueves, 14 de mayo de 2020

RODRIGO BOTET, SU VUELTA A VALENCIA CON SU COLECCIÓN.


Ya de joven su ensoñación era la vida aventurera y militar embarcando hacia Cuba donde ascendió exitosamente en la escala castrense. De vuelta a España, José Rodrigo Botet se vio involucrado en sus avatares políticos, por lo que fue encarcelado en las Torres de Quart por su filiación carlista. Tras la Gloriosa, al ser liberado, tuvo que exilarse debido a las imputaciones de diverso tipo que sobre él se cernían.



En 1875, a sus treinta y tres años, desde Paris, Rodrigo Botet se decide por una nueva aventura y parte hacia Argentina, en su plena evolución personal, donde se decide por el estudio de las ciencias en el campo de la ingeniería, matriculándose en la Universidad con gran aprovechamiento obteniendo el título con excelente puntuación. 

En su periplo sudamericano acude a Brasil dónde se pone al frente de las obras hidráulicas del Tieté. Deja su impronta construyendo la central eléctrica de Sao Paulo. De vuelta a Buenos Aires, funda la Sociedad Rodrigo Botet y Cía para la construcción del canal y puerto de la Campana. 

En su recorrido por la Patagonia y La Pampa, como geólogo junto al naturalista y amigo personal Enrique Carles,  logran hallazgos paleontológicos de gran importancia y valor. 

Juntan huesos y reconstruyen una gran diversidad de esqueletos alcanzando eco internacional; sus logros hace que fije la atención el Museo Británico de Historia Natural que interesado en su adquisición, le proponen su compra mediante una oferta economica. 


Pero el ingeniero y geologo Rodrigo Botet, pensando en su tierra, no la acepta y decide regresar a Valencia para ofrecer a sus paisanos un Museo Paleontológico, solicitando permiso para su exportación, que en agradecimiento a su aportación profesional le es concedida la posibilidad de que su tesoro antediluviano marche a su tierra. En 1889 embarca hacia España con su familia.

Escribe al alcalde de Valencia con su deseo de donar su colección a la ciudad que, como no podía ser de otra manera, es aceptada de inmediato. En sesión plenaria el Ayuntamiento acuerda que una comisión se traslade a Barcelona para recibir a la familia Rodrigo Botet, y con ella su colección. 

Por via ferrea es transportada a Valencia dónde llega el 11 de agosto de 1889 para ser depositada en un principio en la Facultad de Ciencias, siendo reconocida en su importancia como una de las mejores colecciones del mundo.



Fotos del Archivo Municipal

martes, 12 de mayo de 2020

LAS TRES AVEMARIAS

 Inicio calle Caballeros - Años 50

En 1933 Carlos Sendra Taroncher abrió una tienda de pasamanería en el nº 1 de la calle Caballeros, principal vía urbana, heredera de la romana Decumano, donde había, principalmente, cereros y comercios de ornamentos religiosos e imágenes, por la proximidad a importantes templos y el palacio arzobispal, en el tramo entre la plaza de la Virgen y la calle Serranos, donde actualmente los únicos históricos son Las Tres Avemarías y Encuadernaciones Llorens.

Taller para la creación y confección artesanal de pasamanería, lo que les ha permitido personalizar sus productos, y tienda para venderlos.

Local pequeño pero muy aprovechado, con centenares de cajas de cartón que tienen una pequeña muestra de su contenido en la parte delantera. Muy práctico para localizar galones, borlas de seda, de plata, de oro, delicadas florituras, cordones, preciosos flecos, madroños ...

A Carlos le sucedió la Asociación Mariano García Martín y sigue regentando el negocio Consuelo García Paredes con la ayuda de su hija Carla Torres García y la empleada Julia Aroca Sajardo.


Julia, Francisca y Consuelo.- 16-12-2019.- Esteban Gonzalo

En la foto, tras el mostrador de madera, entre Julia y Consuelo está Francisca Sirvent Martínez, quien entró a trabajar en la pasamanería a los 14 años y se jubiló en el año 2013.

Una rueca a escala reducida es la "mascota" de este histórico negocio, ubicado en pleno Centro Histórico del cap i casal, al que deseamos que continúe su larga vida y goce de sensibilidad institucional de las autoridades valencianas.
Fachada calle Caballeros.- 27-11-2019.- Esteban Gonzalo

Aunque entre los años 1958 y 1959 derribaron el antiguo edificio y tuvieron que trasladar taller y tienda a un bajo de la vecina calle Horno de los Apóstoles, al volver en 1966 al nuevo inmueble en Caballeros nº 1 tuvieron el acierto de rotularlo igual que el antiguo. 

Texto de Esteban Gonzalo Rogel

domingo, 10 de mayo de 2020

MI BELLA VIRGEN


Mi bella, mi gran bella, con aroma de rosa que dejas a tu paso cuando sales por las calles de mi ciudad y formas una alfombra de pétalos.

Me dijeron que te habían hecho los ángeles y yo me lo creí. Que te hicieron en tres días unos peregrinos que por allí pasaban, por el Hospital de dementes y menesterosos y yo me lo creí. Que desaparecieron después de hacerte y me lo terminé de creer.

Luego me enteré que era tan solo un sueño, el que los valencianos queríamos creernos. Me dijeron que en los inventarios de los bienes de la Cofradía se habla de una caja para guardar la Virgen en 1925, también en 1926; en los documentos de esa Cofradía está la existencia de una imagen a tamaño natural con una flor de lis y una cruz, de gran delicadeza y poco peso, con la espalda plana y la cabeza ligeramente inclinada hacia delante para poder descansar sobre una almohada, sin sensación de movilidad, para llevarla sobre los cuerpos de los ajusticiados. Pero aunque sea así, prefiero quedarme en mi sueño.

Te han hecho muchos cambios. Te han limpiado, te han dorado y repolicromado. Hasta te cambiaron el rostro, a ti  y a tu niño en 1443. En 1473, el pintor Joaquín Guillem volvió a cambiartelo, y hasta toda tu ropa en el año 1490. Muchos pintores y restauradores del siglo XV te querían dejar más guapa todavía. Te hicieron yacente y te transformaron en erguida.

1808 - De Francisco Jordán

Biblioteca Valenciana 

El grabador valenciano Francisco Jordán, dejó escrito al pie de su obra: Verdadera copia de la imagen de Nuestra Señora de los Desamparados. Patrona de esta Ciudad y Reino de Valencia.

¡Fíjate que hasta te cambiaron varias veces la posición de las manos y a tu Niño Jesús, el “Bobet”! Sólo era para que estuvieras más bella.

Un desafortunado suceso, en 1936, hizo que tu rostro se viera gravemente dañado, pero el reputado imaginero Jose María Ponsoda Bravo te lo arregló. 

Tu “Bobet” algo más tarde te lo sustituyeron por el que portabas en la réplica de tu imagen, tu imagen peregrina, obra de Carmelo Vicent. 

Ahora apareces erguida, tu rostro agachado nos mira, mira la tierra que nos ve crecer. El ramo de azucenas y una rosa que llevas en tu mano derecha nos muestran tu pureza, y tu brazo izquierdo abraza a tu Hijo. 

Eres una reina, portadora de corona, la Reina de los Cielos, la Reina de todos los valencianos que, desde arriba, desde las estrellas que lleva el halo alrededor de tu cabeza,  nos haces llorar de emoción.


1923 - Su coronación
Biblioteca Valenciana

Qué bonita estabas el dia de tu Coronación, a la que acudiste con una diadema de flores, un manto bordado en oro, con realce de crisantemos. Te pusieron  una preciosa corona, grande, con incrustaciones de preciosas joyas, que fue donada por los valencianos, para ti, por el fervor hacia su  Virgen . Fue un día muy emocionante. Sonaron las veintiuna salvas de honor de los cañones del Regimiento de Artillería y se entonó el Himno Nacional, aunque ese mismo día se creó un himno solo para ti, el Himno de tu Coronación, y que todos cantamos sobretodo en tu día y en la ofrenda del mes de marzo. Ese día lo cantaron un coro de mil quinientas voces.

Hay una cosa que no consigo entender. Tus cabellos góticos, dorados, tan hermosos como los tienes.

¿Por qué llevas peluca negra?

Texto de Amparo Zalve Polo

viernes, 8 de mayo de 2020

LOS ADOQUINES DE RODENO EN VALÈNCIA

Adoquinado de rodeno, ca. 1910. Autor desconocido. 
Remember-València, pg 1644.

Cuando era pequeño en València allá por los años 50 del pasado siglo abundaban en València calles adoquinadas, pero no como ahora en que los adoquinados decorativos se fabrican con un molde que se coloca y aprieta sobre una superficie de cemento, no, eran unos adoquines de piedra rojiza, rodeno, que medían alrededor de 25 por 50 centímetros y otros 25 de espesor, cosa fina levantar uno de ellos del suelo para colocarlo en su lugar al adoquinar una calle. Por ejemplo en la actual plaza de los Fueros sobre 1910.

Así de golpe me vienen al recuerdo calles como Denia, Ángel Guimerá, Convento Jerusalén, algún tramo de Gran Vía Marqués del Turia, Sagunto, Quart y docenas más. Fueron reemplazados por los más ligeros y manejables adoquines de granito, unos dados grises con un tamaño sobre 15 por 15cm. El resto estaban ya asfaltadas, pero a mano, no como ahora. O mucho peor, eran de tierra.

Hace un tiempo caminando por la calle de La Murta, calle de antiguo abolengo en Benimaclet entre Federico Mistral y Hermanos Villalonga me encontré con la sin salida calle de Carmen Crespo y ¡estaba adoquinada con piezas de rodeno! Todo un espectáculo.

Adoquinado de rodeno en c/Carmen Crespo. Foto E. Goñi, 2019.

Comentando con un amigo el caso me indicó la calle de En Pina en pleno centro, barrio del Mercado, paralela a Purísima y sí también era rodeno, pero en una calle peatonal y algo sinuosa, con rincones.

Adoquinado en la calle de En Pina. Foto E. Goñi, 2019.

Otra vista de la calle En Pina. Foto E. Goñi, 2019

También disponemos de adoquinado en rodeno moderno en plan decorativo, pero transitable para automóviles como el de la calle Alta del Mar. Nazaret.

Adoquinado de la calle Alta del Mar. Foto E. Goñi, 2019.

Pero el adoquinado que trajo a los valencianos de cabeza durante muchos años fue el que se instaló sobre los años 20 a 30 del pasado siglo en absolutamente todas aquellas calles del interior de circunvalación (hoy recorrido del bus 5 Interior) que habían tenido vías de tranvías y dejaron de tener, o de una vía pasaron a dos, o de dos a una, o bien se pusieron de nuevo, como Serranos, Quart, Barcas, Paz, Ruzafa, San Vicente, Purísima, Derechos, Abadí San Martín, Alta, Calabazas, Corona, Navellos, etc. a las que tenemos que añadir como excepción que confirma la regla la calle de Lauria en la que jamás pasó el tranvía. El problema eran unas briquetas, así se las llamaba, de un compuesto asfáltico, tan suaves que con cualquier mínimo chaparrón producían una cadena de resbalones y deslizamientos a bicicletas y motocicletas con caídas incluidas que valía la pena bajarse y empujar antes que seguir montado en el ciclo del tipo que fuera. Podemos ver en la plaza del Mercado las dichas briquetas, pero ya sustituyéndose por cualquier rotura por simple asfaltado.

Foto pz. Mercado, ca. 1950. Autor desconocido. 
Remember-València, pg 1841.

Texto de Enrique Goñi Igual

miércoles, 6 de mayo de 2020

MIRAR UNA FOTOGRAFIA DE 1898

Archivo Rafael Solaz

Una fotografía puede ser muy sencilla, con pocas líneas expresar y describir la belleza global del entorno, aunque yo diría los secretos históricos que ella encierra.

Debemos mirarla con los ojos de la emoción abiertos y los del corazón entornados. Observaremos los elementos por separado y llegaremos a todo el conjunto exclamando: ¡Precioso!

Entramos en ella, nos vestimos con la ropa de esa época, subimos al tranvía y caminamos por la senda llenándonos de la estela polvorienta que levanta a su paso, para después levantar la vista y saber lo que ocurría al pasar el puente. Por supuesto que respiraremos el aroma que desprenden los frondosos árboles de los Jardines del Real y escucharemos los sonidos de las aves que allí anidan.
  
Ahora estamos preparados para mirar la fotografía.

Estamos en 1898, la ciudad de Valencia rondaba los 203.000 habitantes, la plaza todavía se llamaba Plaza de San Francisco, la estación central era la de La Compañía del Norte en la calle del Sagrario de San Francisco, cuando la gente alquilaba un carruaje para desplazarse a distintos puntos de la ciudad, cuando el movimiento industrial estaba en auge con intercambios de mercancia en el extranjero y los bancos eran tres: El de España, el Credit Lyonnais, y el Hipotecario, junto a la Caja de Ahorros de Valencia, en la calle del Mar. La Catedral que tan solo hacía once años habia sido elevada a la categoría de Basílica, y la Lonja era el punto de contratación de toda clase de productos del país.

A la derecha vemos una arboleda perteneciente a los Jardines del Real  y una torre que asoma tras ellos, el Hospital Militar San Pio V.  El camino junto a la arboleda, el Camino del Cabañal.

El tranvía a vapor está girando porque viene del paseo de la Alameda.

¿Qué tranvía podría ser, con una locomotora, un coche imperial y un coche de una planta? Solo podía ser “El Ravachol”, que partía de la Plaza de Tetuán, cruzaba el Puente del Real, y llegaba hasta el Paseo de la Alameda, discurriendo hasta el Camino de la Soledad, y después por el Camino Viejo del Grao hasta la Playa de Levante en el Cabañal (6 Kilómetros se hacía de recorrido)

En la fotografía se observan dos personas en la explanada, que bien podían ser las protagonistas de nuestra foto.



Ahora toca cruzar el río, lo hacemos por el Puente del Real. Vamos recorriendo por el pretil del río, y por la calle Pintor Lopez. Lo primero que vemos es el conjunto formado por el Convento y la Iglesia de Nuestra Señora de Montesa, conocido poularmente como Iglesia y Palacio del Temple. En esta no, pero podemos imaginar también que en una época muy anterior, su lugar lo ocupaba un castro romano, que protegía la ciudad de las invasiones procedentes del mar, porque en aquel momento el río Turia era navegable hasta el mar.

Seguimos caminando y pasamos ante lo que en ese momento era el Colegio de Loreto, instalado en  lo que había sido el Palacio de los Condes de Carlet. Nos enfrentamos a él al salir de Puente de la Trinidad, pero la pena es que los árboles no dejan verlo.

¿Veis un edificio más pequeño que este último? El que le sigue a solo unos metros, el que asoma por detrás un viejo campanario. Pues estamos viendo el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús. Curioso pensar que tan solo llevaba construido siete años, ya que el edificio se levantó en 1891, atendido por las religiosas de la orden de la Caridad, sí, las que llevaban el típico hábito negro y largo con la gran toca blanca almidonada de forma alada. La torre campanario que se ve tras él es  de la iglesia San Lorenzo: la Pisa valenciana.

Y a pocos pasos las Torres de Serranos.

Lo que representa la imagen puede ser maravilloso y merece ser expuesto, pero también la ausencia representa lo que ya no es.

Texto de Amparo Zalve Polo

lunes, 4 de mayo de 2020

EL VENERABLE SIMÓN


La división de los valencianos a lo largo del siglo XVII no fue por motivos taurinos, tanto en cuanto se celebraba la tauromaquia en los cadafales  situados en la plaza del Mercado con gran alborozo. El enfrentamiento ciudadano tuvo otro registro. En aquellos años lo fue conllevado por la necesidad de la Fe. Y su manifestación nacía desde el interior de la Iglesia de San Andrés, donde el que sería reconocido como el Venerable Simón, de la que era sacerdote, había partido por la mitad a la sociedad de su tiempo, en un proceso avivado, curiosamente, después de su muerte.

Suceso ocurrido en 1612, cuando se inició un frustrado proceso de beatificación que tuvo repercusión en toda Europa, donde su culto alcanzó una gran popularidad, para pasar con posterioridad al olvido.

Era tal el fervor religioso que despertaba en la ciudad que ante el rumor de su muerte, la parroquia de San Andrés, con sus restos allí presentes durante cuatro dias, rebosó de fieles que procuraban tocar su cuerpo, incluso de apoderarse de alguna de sus reliquias para su consuelo.

La cuestión divisoria entre los valencianos se había establecido por la pertenencia del sacerdote al clero secular, gozando de gran simpatía por parte de los Jurados, mientras que el Arzobispo Aliaga, que llegaba al frente del Cabildo en aquel mismo año,  cuestionaba su figura, a la sazón con la contra de las órdenes mendicantes que veían en Francisco Jerónimo Simón un "ídolo de santidad fingida", lo que hizo que la Inquisición lo pusiera en su punto de mira.


Pese a ello, alcanzó gran fama, inundándose con su imagen pintada sobre los altares de las calles de la ciudad. 

Salzedo de Loayza, su primer biógrafo, los cifraba en más de mil, mientras que eran millones los grabados estampados con su figura que se difundieron por Roma, Francia, Flandes y el Reino de  Valencia, donde "no hay casa en todo el Reyno que no tenga una y muchas figuras de diferentes estampas deste gran siervo de Dios", apostillaba el escribano.

El Venerable Simón se quedó con este reconocimiento por parte de la Iglesia Católica, para pasar con los años al olvido de sus fieles.

sábado, 2 de mayo de 2020

COVEN CARMEN.- DE CAPILLA A LOCAL DE EVENTOS

Fachada convento antiguo.- 14-11-2019.- Esteban Gonzalo

Tras una sobria fachada recayente a la plaza Mosén Sorell nº 3, con puerta de acceso, tres vanos para ventilación con rejas y arcos apuntados, otras tantas ventanas y un balcón, está la desacralizada capilla de Santa Ana que la empresa Coven Carmen, de la que es directora Elena Requena, utiliza desde 1988 para presentación de productos, conciertos, exaltaciones falleras, pases de modelos, exposiciones de muebles y lámparas, comidas, cocteles y cenas de empresa y de diversas entidades.

Vista general de la ex capilla.- Foto Isabel Solano.

Fue capilla de estilo neogótico edificada según el proyecto de obras realizado en 1903 por José María Calvo, arquitecto mayor del Ayuntamiento de Valencia, para modificar el recinto del convento de las Siervas de María en la parte recayente a la plaza de Mosén Sorell. Comprende una nave de 182 metros cuadrados de superficie con cuatro crujías de arcos apuntados y cabecera con bóveda estrellada. 

A esta superficie hay que añadir los 100 m2 del coro en la primera planta y los 65 m2 de la sala de la cúpula en la segunda planta. Las enyesadas paredes imitan la construcción con sillares, el suelo es de piedra natural, se conservan sus vidrieras y el púlpito.

La historia de las Siervas de María en el barrio del Carmen comenzó cuando el 3 de septiembre de 1872 a dos monjas les cedieron un piso en la calle San Miguel, después se mudaron a la calle Milagros y cuatro años después conformaron un convento uniendo tres viejos edificios en la plaza Tavernes de Valldigna.

Nuevo y antiguo convento.- 07-01-2020.- Esteban Gonzalo

En 1979 la congregación se trasladó, por las malas condiciones de habitabilidad del viejo cenobio, a uno nuevo, de ladrillo cara vista y seis plantas, con fachada a la calle San Dionisio nº 6. Al nuevo oratorio trasladaron la Virgen de la Salud y otras imágenes, así como las pinturas de la Virgen con el Niño y Ángeles y el de la efigie de la fundadora Santa María Soledad Torres Acosta.

Sin embargo, la larga historia de las Siervas de María en València cesó el 16 de agosto del año 2015 cuando cerraron el convento por falta de vocaciones y vejez de las seis monjas hospitalarias que lo habitaban y fueron trasladadas a lugares de la orden en otras ciudades españolas.

El edificio antiguo más cercano a la calle San Dionisio, actualmente de propiedad municipal, lo acondicionó el Centro Excursionista de València y fue su sede entre los años 1995 y 2017.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel