martes, 9 de febrero de 2021

¡SALVAMOS EL PATRIMONIO ARTÍSTICO NACIONAL!

Protección en Torres de Serranos

Una larga noche le faltaba por pasar al convoy que a hurtadillas debía salir de Madrid en aquellas circunstancias en plena Guerra Civil española con destino Valencia, a expensas de que cualquier bombardeo, contienda o simplemente inclemencias del tiempo pudieran dañar las obras del Tesoro Artístico. Exigía mucha dificultad para los algo más de trescientos kilómetros que separaban ambas ciudades en un país en guerra.

La fría noche de noviembre del 36, soldados del 5º Regimiento y de la Motorizada rodeaban los camiones esperando la orden de marchar con los Goya, Murillo, Tiziano, Rembrandt, Velázquez, Rubens, entre los mas apreciados en la puerta del Museo del Prado.  Especialistas en embalaje de obras de arte se habían afanado hasta el último momento en el acondicionamiento con el fin de que se aminoraran los efectos de posibles contratiempos que pudieran ocurrir en el camino.

Revisión de tapices para su traslado

Se dió la orden de partida, y 71 camiones de techo abierto, protegidos por una lona, con un total de 2.000 cajas, 353 pinturas, 168 dibujos, el Tesoro del Delfín, una gran cantidad de tapices y parte de la colección particular del duque de Alba, así como de otras colecciones privadas y obras de El Escorial junto a las de algunas iglesias tenían que llegar en varias salidas hacia Valencia. Huída de los tres bombardeos que pocos días atrás habían asolado el cielo de Madrid y uno de ellos sobre el tejado del Museo del Prado, y que ya advertían del peligro que corrían las obras que albergaba la pinacoteca.

El tesoro no viajaba solo, iba acompañado por una comitiva formada por un grupo de funcionarios y técnicos del Museo, capitaneada por el pintor Timoteo Pérez. A un máximo de 30 kilómetros por hora, con extintores, alejados de surtidores de gasolina, con vehículos cisterna de apoyo, la logística tenía que complementarse con la distancia entre los vehículos. La primera piedra que encontraron en el camino fue al pasar el puente de Arganda, que hizo falta bajar los cuadros para pasarlos a hombros al otro extremo porque el andamiaje era demasiado alto. No hubieron muchos percances más allá de este.

Mampara de protección

La llegada a Valencia aquella mañana fue recibida por las Torres de Serranos. Estaba muy bien acondicionada, para ello se había esmerado el arquitecto José Lino Vaamonde con ayuda del también arquitecto Pedro Muguruza para lo que en un principio las condiciones eran de carácter temporal y sin obras, pero que en junio, debido a la situación bélica, se permite a la Dirección de Bellas Artes unas obras para preservarlas mejor.

El lugar, sin duda, fue el mejor escogido: una construcción fuerte y robusta y en la que los bombardeos poco podrían hacer .

Se construyó una bóveda de 90 centímetros de ancho sobre el suelo del primer piso, con tres mallas de acero entre ellas a 10, 25 y 80 centímetros, distanciadas, separándose del suelo 80 centímetros. Sobre esta bóveda se acumuló un metro de cáscara de arroz para amortiguar, y sobre ella un metro de tierra. En el segundo piso otro metro de tierra, y la terraza cubierta con sacos terreros. 

Las Meninas en el Colegio del Patriarca

Solo existía un problema, no cabían todas las obras allí y algunas de ellas se alojaron en  la iglesia del Patriarca, nada que no estuviera ya previsto y de tal modo acondicionado para ello.

1936 - Josep Renau - Director General de Bellas Artes

Toda la operación salió bien y el valenciano Josep Renau, Director General de Bellas Artes, del que había salido la idea, junto a otras personas célebres y otras anónimas se vieron satisfechos por el acontecimiento histórico llevado a cabo en la ciudad de Valencia, y agradecida toda España por salvaguardar el Tesoro Artístico Nacional en un momento tan convulso.

Allí estuvieron hasta que en 1938 el Gobierno de la República ordena el traslado desde Valencia a Cataluña, concretamente a la localidad de Figueras, debido al avance de la guerra hacia el Levante, y esta vez no estuvo exento de contratiempos.

Texto de Amparo Zalve Polo

domingo, 7 de febrero de 2021

LA TORRE, ALQUERÍA DE ALBA. VIRGEN DE LA AURORA

 ERMITAS DE VALÈNCIA

Alquería de Alba con su espadaña sobre el vértice del tejado. 

Foto E. Goñi, noviembre 2019.

Saliendo de València hacia el sur, por el camino Real de Madrid, antigua Vía Augusta romana, nada más atravesar el nuevo cauce del Turia encontramos el poblado de La Torre, que además de las casas pegadas a ambos lados del camino disponía de gran número de alquerías distribuidas por sus alrededores, en una de ellas, la alquería de Alba se mantiene una espadaña con su campana, lo que nos confirma la existencia de la ermita.

Para encontrarla nos basta con tomar el camino que hay a mano izquierda de la iglesia de La Torre, la carretera de Alba, que nos lleva, después de un paseo de cerca de un kilómetro, viendo campos a ambos lados, hasta la alquería, poco antes de alcanzar una rotonda donde se une el camino que va a Paiporta, con el que venía del Cementerio de València. Su imagen a la derecha del camino la vemos arriba.

Ahora sólo tenemos que pasar ante la amplia casona y en la parte trasera nos encontramos con la puerta rojiza de la ermita, de la que sabemos era más grande de lo que aparenta, ya que parte de la alquería tanto en planta baja como en piso, formaba parte de la ermita. Incluso disponía de habitaciones para residencia del cura párroco. De hecho fue parroquia durante muchos años hasta que fue edificada la iglesia que acabamos de dejar y sustituyó a la ermita como iglesia parroquial de La Torre.

 Puerta de la ermita. Foto E. Goñi, noviembre 2019.

Si giramos la cabeza veremos una cruz que efectivamente es de término, está al lado del viejo camino del Cementerio a Paiporta y la Cruz nos indica el inmediato cambio de término municipal. 

Cruz de término del camino del Cementerio a Paiporta. 

Foto E. Goñi, noviembre 2019.

Para visitar la ermita además de venir en bici se puede llegar en autobús de la EMT líneas nº 9 y nº 27. El camino directo desde el Cementerio a Paiporta fue cortado y desapareció con la construcción del nuevo cajero del río Turia (obras del Plan Sur). 

Texto de Enrique Goñi Igual

viernes, 5 de febrero de 2021

FLORES LLISO

1880 - Calle Quart

En el número 74 de la calle Quart de València, Gabriel Lliso Martín, gestiona Flores Lliso, tienda plantas y flores que continua con el centenario nombre histórico familiar.

Sus hermanos también se dedican a la venta de plantas y flores: Alejandro con Flores Fela Hijo en la avenida de Aragón nº 8, y Rafael con Flores Fela Lliso en la calle Lorca nº 10, ambos comercios en València.

Son la octava generación de la dinastía Lliso, con datos concretos desde principios del siglo XVIII por las investigaciones del profesor José Francisco Ballester-Olmos y Anguís para su libro "Horts, Horticultores y Jardineros Valencianos" editado en el año 2001.

Desde que hay constancia la historia familiar se remonta al matrimonio José Lliso y Rosa Martí, cuyo hijo José, que nació el 28 de enero de 1747, se casó con Manuela Viciado Galán, como primer entronque con la familia Galán, cuya colaboración comercial llegó hasta finales del siglo veinte.

Vicente Galán Martí.- Libro Horts, Horticultores y Jardineros Valencianos

Cooperación que aumentó en 1886 cuando Vicente Lliso Beltrán, de la cuarta generación, se casó en segundas nupcias con Carmen Galán Beltrán, cuyo padre, Vicente Galán Martí, había adquirido una antigua alfarería en 1885, entonces el número 96 de la Calle Quart, y ahora el 80. En ella la familia Lliso-Galán se dedicó a la venta de Flores, y la familia Galán-Beltrán a la de plantas ornamentales.

Vicente Lliso Galán y Remedios Juliá Pechuán.- Foto Familia Lliso.

El hijo de Vicente y Carmen, Vicente Lliso Galán, floricultor en Alboraya, se casó en el 1919 con Remedios Juliá (Después Chuliá) Pechuán, que trabajaba en el jardín del “tío Quico (rebautizado como Huerto del Pinar)” de la Familia Galán y en terrenos junto al colegio de los Jesuitas y en ocupados actualmente por la Gran Vía Fernando el Católico. 


1898 - Plano indicando zona Huerto de los Pinos

Se quedaron a vivir en València, junto al Jardín Botánico, en la planta superior de la antigua alfarería que había comprado la Familia Galán. También tuvo allí su estudio Enrique Ginesta Peris, pintor y realizador de tapices florales para la Virgen de los Desamparados.

En los años veinte la tienda de la Calle Quart tuvo creciente popularidad con las familias: Galán vendiendo plantas de vivero en el patio interior y Lliso-Chuliá comercializando flores en el zaguán con la muy conocida razón social Flores Lliso. 

Huerto de los Pinos.- Oleo principios siglo XX. Publicado en Horts, Horticultores y Jardineros Valencianos.

De los tres hijos de la familia Lliso-Chuliá, Vicente, Remedios y Luis, el tercero fue el continuador con los negocios de plantas y flores, tanto en la tienda de la calle Quart como en la creada en 1964 en la calle Lorca nº 10 y atendida por su mujer, Rafaela Martín Ferrer. Pero tanto Vicente, que se dedicó a la horticultura, y Remedios, que después de casarse volvió a la tienda, siempre estuvieron vinculados con el negocio familiar, formando parte importante y fundamental del mismo.

Luis y Rafaela tuvieron tres hijos: Alejandro, Rafael y Gabriel, que son los propietarios actuales de las tres tiendas de plantas y flores mencionadas anteriormente.

Fachada de Flores Lliso en Quart 74.- 2020.- Esteban Gonzalo

Plantas y flores antaño cultivadas en Alboraya, Almàssera, y campos de huerta que actualmente ocupan calzadas y edificios de València, como son la avenida Archiduque Carlos y el grupo Dos Mil en la esquina Quart-Fernando el Católico.

Cuando en los años ochenta el Ayuntamiento comunicó que iba a expropiar la casona de 1885, la Familia Lliso encontró nuevo local en el número 74, más cerca de las Torres de Quart, para continuar con el negocio familiar. Expropiación que se produjo en 1996 quedando finalmente la tienda Flores Lliso en el citado número 74, donde perdura hasta nuestros días con el trasladado mostrador revestido de mosaicos.

Gabriel Lliso en la tienda de Quart 74.- 2020.- Esteban Gonzalo

Luis Lliso Chuliá fue uno de los grandes exponentes de la floristería nacional: durante muchos años Presidente de la Sección de Floristería de la Asociación Profesional de Flores, Plantas y Afines de la Comunidad Valenciana, socio fundador de Interflora, de la que fue Delegado en València durante veinticinco años, y de la Asociación Española de Floristas en 1951. Ha sido miembro de jurados nacionales e internacionales, y recibido numerosos galardones por su actividad floral, con el pionero primer premio de la Región Valenciana en 1960.

Asociación de Floristas donde sus hijos Alejandro y Gabriel son miembros muy activos. Alejandro ha sido ocho años Presidente y Gabriel está actualmente en la Junta Directiva.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel 

miércoles, 3 de febrero de 2021

UN PUENTE NUEVO PARA UNA BODA REAL

 
1925 Ca - Puente del Real - Barberá Masip

En el año de la conquista de la ciudad por el rey Jaime I el paso sobre el Turia estaba garantizado a través de endebles pasarelas de madera, que en esa época parece ser que eran dos, la “superior” y la “inferior” aguas abajo. De estas dos plataformas, la de aguas abajo del río, parece que arrancaba desde una antigua puerta de la muralla musulmana (Puerta de Bab-Al-Faradj). De esta forma primitiva, pero que en todo caso un preámbulo de puente, se transformó en un recio puente de piedra al que en un primer momento se le denominó Pont de Lleida o Dels Catalans, debido a que los repobladores de Lérida que vinieron a Valencia tras la conquista del Reino, se instalaron en esa zona. Más tarde se le dió el nombre de Puente de la Trinidad, por tomar el nombre del monasterio a orilla izquierda del río.

Pasó un siglo y medio para que un nuevo puente se sumara a este. Otro paso  que inicialmente también era de madera. Aquí tenemos nuestro protagonista, el Puente del Real. Y se llamó así porque permitía un acceso directo al Palacio Real desde la ciudad.

Las crecidas del río eran constantes y la madera del puente cada vez se deterioraba más, hasta que una riada especialmente destructora en 1589 lo dejó intransitable. Había que construir uno nuevo, esta vez en piedra, a salvo de las turbulentas aguas, y en 1599 ya estaba listo, justo a tiempo para un gran evento: La boda de Felipe III y Margarita de Austria.

Archivo Municipal

Había que pensar en todo, el puente se instaló un poco más allá, aguas abajo, con la finalidad de hacerlo coincidir con la gran explanada del Llano del Real, y la entrada principal del Palacio Real, facilitando el desembarco en esta zona del río.

Al terminar las obras, el viejo portal de la muralla, junto al Temple, se cerró, abriéndose uno nuevo, cuyas puertas se hicieron con madera procedente del anterior puente, aunque no estuvo exento de problemas, ya que al estar entre la muralla y la nueva explanada de terreno se creó un fuerte desnivel, propicio para accidentes ¿Qué se hizo para ganar espacio, para la nueva explanada? Pues expropiar 3000 metros cuadrados del huerto de moreras a los monjes dominicos del Monasterio de Santo Domingo. De esta manera se conectaba el nuevo acceso al puente con las calles que terminaban allí, incluida la plaza dels Predicadors.

Si nos fijamos en la porción del  dibujo que el pintor flamenco, Anton Van Den Wijngaerde, hizo en 1563 de la ciudad, se entiende mejor cómo estaba estructurada la zona :

En la parte izquierda del río, huertos, el Palacio Real, el Monasterio de la Trinidad y la acequia de Algirós. Todavía el puente viejo de madera, el del Temple. La explanada sin ampliar, estando aún las moreras del Convento de Santo Domingo y los jinetes se ven en ella haciendo acrobacias, hay que saber que era de fiesta las carreras desde el Llano del Real hasta el Monasterio de la Trinidad.

Texto de Amparo Zalve Polo

lunes, 1 de febrero de 2021

POBLE NOU - ERMITA DE SANTA ANA

 ERMITAS DE VALÈNCIA

 Caserío en el que estuvo la ermita de santa Ana. Foto E. Goñi, 2019.

El lugar del Poble Nou está compuesto por una larga serie de casas a lo largo del primer tramo de la carretera a Moncada a partir de la nueva Ronda Norte y otra parte de poblado disperso, hoy disminuido a causa de la masiva edificación de viviendas hacia el norte entre el tramo de Tránsitos, Dr. Peset Aleixandre y la Ronda Norte, Hermanos Machado. La Ronda Norte esperamos que sirva de freno a la especulación económica inmobiliaria que provoca la ocupación y desaparición de la huerta valenciana en su parte norte, ya que en el sur ya se ha perdido toda esperanza de mantener algo representativo de huerta.

La zona de poblado disperso, llena de alquerías y casas de campo, tenía su eje en el antiguo camino viejo de Godella, que nacía en el de Moncada. Ahora el camino viejo sale de la rotonda entre Hermanos Machado y avenida Juan XXIII, allí nace un camino hacia la derecha que nos lleva tras unos diez minutos de paseo ante la alquería del Pi, justo al otro lado del camino está lo que fue la ermita de santa Ana. Precisamente en esa rotonda da la vuelta el autobús de la EMT, línea nº 64, lo que nos permite un cómodo acceso. Una vez allí veremos la espadaña rápidamente, con la sorpresa de que todavía se mantiene una campana en ella. Una vuelta por los campos inmediatos y sus vistas agrícolas merecen el paseo hasta la ermita.

 Espadaña de la ermita. Foto E. Goñi, noviembre 2019

En 1941 comenzó a edificarse junto a una curva del camino a Moncada lo que ahora es la parroquia de san Bernardo, con lo que la ermita de santa Ana fue perdiendo actividad hasta ser desacralizada diez años más tarde, cuando se pasó la campana grande a la nueva parroquia, desde entonces su suelo forma parte de una empresa agrícola, pero aún podemos disfrutar de la espadaña.

Texto de Enrique Goñi Igual.

sábado, 30 de enero de 2021

ABANICOS VIBENCA

 Antonio Benlloch Martínez.- 1955.- Archivo familiar

Vicente Benlloch Caballer y su mujer Amparo Marín Llorens tienen desde el año 2013 una tienda-taller de pintura en el número 5 de la plaza Lope de Vega de València. Mientras que Amparo atiende a los compradores, su marido pinta abanicos y pone dedicatorias, si lo solicitan los clientes, en el taller anexo que tiene un lado acristalado a la calle Marín Mengod. En Ciutat Vella un artista trabajando cara al público.

Vicente en la esquina del establecimiento.- 2020.- Esteban Gonzalo

Vicente es continuador de la saga familiar que inició su abuelo, Antonio Benlloch Martínez, quien tras aprender en algunos talleres artesanos importantes montó en 1910 el suyo para pintar abanicos en Godella. Destaca su nieto que “pronto creó un estilo propio y reconocido que le permitió independizarse siendo muy joven”.

Amparo en la tienda - 2020 - Esteban Gonzalo

De los ocho hijos que tuvo su abuelo, todos pintaban y fueron independizándose conforme se iban casando. Su hijo Vicente Benlloch Palau, se casó con María Teresa Caballer Lerma, perteneciente a una importante familia de músicos de Godella. Y el hijo de ambos, Vicente, tras un tiempo trabajando codo con codo con su padre, montó su propio taller, donde “continuó saboreando esos olores tan característicos de un taller de pintura de abanicos… con sus pinceles, botes de colores, barnices…. En definitiva, empezando a recoger pinceladas, nunca mejor dicho, de éste, tan importante como poco conocido oficio valenciano”.

Vicente pintando abanicos.- 2020.- Esteban Gonzalo

Y además de pintar abanicos, ahora en el centro histórico de València, e influenciado por su familia materna, Vicente estudio música, y en la actualidad es miembro de la Banda Casino Musical de Godella. Tras la estela de Francisco Caballer Marco, su abuelo materno, a quien por su dedicación a la enseñanza de música durante toda su vida el ayuntamiento de ese municipio le dedicó una calle.

En 1993, época de crisis, Vicente fabricó y pintó muestras propias y exclusivas, y salió con su maleta por toda España buscando clientes y contribuyendo a que actualmente los Abanicos Vibenca sean sinónimo de calidad y tradición.

1968 - Vicente Benlloch Palau con su hijo Vicente Benlloch Caballer

 Archivo familiar.

La tienda-taller de pintura ocupa el lugar dejado por la librería AUCA, cuando ésta se trasladó a la cercana plaza de la Merced. Libros entre 1995 y 2012 utilizando el local donde anteriormente y durante 113 años estuvo la platería-joyería Vivó Maraguat, una de las muchas desaparecidas en la contornada de esa plaza y las calles adyacentes desde finales del siglo veinte. No están las lámparas de bronce pero ha pervivido la decoración interior con mármol y caoba, y la fachada, lo que dice mucho en pro de los sucesivos comerciantes y artesanos utilizadores del local, cuando desafortunadamente para esta ciudad no existía la normativa, aprobada en el año 2018, para evitar que destrocen los interiores de valía artística.

Amparo atiende a una clienta.- 19-08-2020.- Archivo familiar.

Manifiesta Vicente que le gusta estar en el centro de Ciutat Vella, para ayudar a defender y difundir la artesanía del abanico, que opina debería ser más valorada. Por ello, agradece que haya merecido la atención de varias cadenas de televisión y de la prensa,pero considera que lo más importante es la valoración y acogida tan positiva, hasta ahora, de sus clientes nacionales y extranjeros.

Pinta retratos de personas y de mascotas, y personaliza los abanicos para falleras y celebraciones para que hagan juego con los vestuarios de las portadoras. Asimismo, reparan y restauran abanicos, y venden: mantones y mantillas, abaniqueros y fundas para abanicos, e imanes-ladrillito y cuadritos pintados a mano, muy atractivo para los visitantes.

Exposición tienda. 2020.- Esteban Gonzalo

También venden varillas para bolillos y su montaje.

De los premios recibidos destaca la Mención de Honor que le otorgó en el año 2013 la Consellería de Economía, Industria, Turismo y Empleo, para reconocer su larga trayectoria profesional en el mundo de la artesanía, precisamente en el año que cumplía 25 años el Centro de Artesanía de la Comunidad Valenciana y 300 el Gremio de Maestros Abaniqueros de Valencia.

Aldaya, Godella y València, configuraban en el siglo XIX y parte del siguiente el triángulo que albergaba la mayor parte de la industria abaniquera valenciana. Siendo Godella, donde nació Vicente, donde se concentraban numerosos talleres de pintura de abanicos en los que trabajaban los artistas más reconocidos por su calidad de ejecución.

Centenaria talla.- 2020.- Esteban Gonzalo

Actualmente quedan veintisiete fabricantes, mayoritariamente en Aldaya, y algunos (Carbonell, Benlloch y otros) en València. Por ello, es una industria que precisa revitalización.

Sobre ello, hay que destacar el magnífico estudio de investigación, terminado en el 2018 por Ignacio Morell de la Universidad Jaime I de Castellón, para su trabajo “La industria abaniquera valenciana en el siglo XX”, que abarca la historia del abanico desde el mundo antiguo, su llegada al Reino de València en la Edad Media, su afianzamiento aquí, ysu desarrollo e importancia internacional en los siglos siguientes.

Turistas viendo como pinta Vicente.- 2019.- Archivo familiar.

Godella es conocida como “Cuna de Artistas”, ya que sus vecinos conviven con el arte desde sus primeros años. Dicen que hay, al menos, un músico o un pintor en cada casa, ya que fomentan el arte en instituciones, colegios, colectivos, y en las fiestas, siendo peculiar las de los pequeartistas.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel

 "Abanicos Vibenca es el resultado de tres generaciones de una familia valenciana, dedicada desde 1910 al oficio de pintar abanicos. En primer lugar, mi abuelo, Don Antonio Benlloch Martínez, fue quien a una edad muy temprana empezó como aprendiz en varias fábricas importantes.

Pronto creo un estilo propio y reconocido. Este estilo de pintura, de trabajo y de buen hacer le permitió muy joven independizarse, montando así, su propio taller de pintura. Aquí es donde mi padre, Vicente Benlloch Palau, sigue el camino de mi abuelo. Primero, trabajando codo a codo con él, y segundo, montando posteriormente también su propio taller.

Yo, VICENTE BENLLOCH CABALLER, desde pequeño estuve viéndolos como pintaban." 

jueves, 28 de enero de 2021

TEMPLETES AVENIDA DEL OESTE

 MIRANDO HACIA ARRIBA

 1950 - Salida a la av. Oeste de la calle de Calabazas.

Al final de la avenida junto al Mercado Central, en la desembocadura de la calle Calabazas, tenemos un par de ejemplos de edificios de muy distinto servicio dotados de templetes. Uno de ellos el edificio que tuvo en sus bajos a la antaño conocida ferretería de la Cadena, sino me falla la memoria, y el otro el Mercado Central en su entrada trasera. Podemos ver una vista de conjunto de ambos edificios. 

En la imagen siguiente tenemos una vista cercana del templete que domina la esquina de la finca. Construcción sobre los años cincuenta del pasado siglo.

Templete av. Oeste. Foto E. Goñi, marzo, 2020.

Correspondiendo al Mercado Central, inaugurado en 1928, el chaflán de su entrada trasera, donde están las oficinas, está enmarcado por dos torretas que a su vez acaban en un templete cada una, cubiertas por una cúpula acabada en una veleta con aspecto de perro. 

1928 - Archivo Municipal 

Texto de Enrique Goñi Igual.

martes, 26 de enero de 2021

DESAPARECIDA CASA GREMIAL DELS BLANQUERS

 
Casa Gremial dels Blanquer

Aprovecho esta entrada para describir la capilla de donde procede un precioso retablo como consecuencia de su restauración actual tras muchos años de espera para ello.

La historia comienza aquí:

En la Valencia del siglo XIV eran muchos los oficios que se constituían en organizaciones gremiales. Por aquel entonces el antiguo Barrio del Carmen alojaba en sus calles muchos artesanos y algunas Casas Gremiales. En este caso ubicaremos al Gremio de Blanquers, sí, personas que se dedicaban a curtir y tratar las pieles y que las dejaban blancas, de ahí su nombre, para después venderlas a los assaonadors, que les daban elasticidad. Posteriormente artesanos hicieran guantes, bolsos, zapatos o cualquier producto manufacturado procedente de la piel.

Oficio reconocido en el Consejo Municipal de Valencia y bajo la advocación de San Sebastián.

¿Dónde se situó la Casa Gremial dels Blanquers ?

El rey Jaime I les concedió terrenos en el exterior de la ciudad, junto a la puerta de Serranos y allí edificaron su casa social. Les convenía ese lugar, la acequia de Rovella y el río les daba el agua tan necesaria para el lavado de las pieles, junto a otra condición, que era el uso de sustancias de fuerte olor para molestia de los vecinos del barrio.

En el número 22 de la que fue antaño la calle Muro de Serrans, y ahora Blanquerías, una puerta de medio punto se abría al interior, tras su paso por el pequeño arco superior del que colgaba una campana y en lo más alto una veleta de hierro forjado. La zona baja del interior tenía un bello artesonado en el techo a base de “ socarrats “con motivos del gremio.

Subiendo al piso principal se encontraba la capilla, ni pequeña ni grande, de unos 14 metros de larga. Suficiente para albergar dos altares, dos grandes esculturas, la de San Sebastián y la de San Roque, y una puerta a la izquierda para la sacristía, donde se guardaba una característica farola octogonal de madera, parecía el remate de una torre. La farola tenía una frase: “Este farol fue tomado a los moros por el gremio  de curtidores en 1397."

Retablo Gremio dels Blanquers

La capilla la presidía, ya en el año 1600,  un gran retablo, un óleo sobre tabla, representando a la Santa Creu, sobre la que se apoyaba un león rampante. En la parte superior una custodia sujetada por dos ángeles y cuatro figuras a los lados de la Cruz, San Heraclio, Santa Elena, San Sebastián y San Vicente Ferrer. La parte inferior del retablo con tres pequeñas pinturas de San Cristóbal, la Virgen María y el Apóstol Santiago. El significado que se le atribuye al retablo es el de la estrategia llevada a cabo por el gremio en 1394, al rescatar la custodia sustraída de la villa de Torreblanca por los musulmanes.

Todo el edificio fue derribado en el año 1940, debido a los grandes desperfectos sufridos durante los bombardeos de la Guerra Civil del 1936. Lo poco que quedó de ello fue este gran retablo que pasó finalmente al Museo de la Ciudad y algunos socarrats, que la mayor parte fueron expoliados y vendidos.

Texto de Amparo Zalve Polo

domingo, 24 de enero de 2021

SOUVENIRS AGUILAR EN LA PLAZA REDONDA

Anverso de su tarjeta de visita.- Antigua Plaza del Cid.

Con fachadas al nº 17 de la Plaza Redonda y al 4 de la calle Pescadería está la tienda de Tomás Aguilar, la pionera en la venta de recuerdos donde pone València, y contribuyendo con ello grandemente a la difusión turística de la ciudad.

Tras quedarse viuda por tercera vez, Rosario Aguilar Gasión, decidió continuar el negocio de su último marido, Pedro Serrador Ortiz, que se remontaba a 1860, de venta de menaje en la Plaza Redonda. Negocio en el que sus hijos Jorge, Tomás y Amparo le ayudaron desde temprana edad.

Rosario Aguilar con una nieta.- Años sesenta.- Archivo familiar.

Persona inteligente y audaz, con una decisión digna de elogio, supo captar el momento oportuno y se dedicó a la variadísima gama de los recuerdos para visitantes y turistas. Y en muchos de ellos difundiendo el nombre de València que Jorge, hijo de su primer matrimonio con Gustavo, que desapareció en la guerra 1936-1939, pintaba en variados objetos.

Souvenirs Aguilar.- 2020.- Esteban Gonzalo.

Su hija Amparo Serrador Aguilar, fruto de la boda con Pedro Serrador, se retiró como ama de casa, y Jorge entró en Renfe, pero lo dejó, y se marchó a Noruega, donde vive jubilado.

Tomás Aguilar Aguilar, hijo del segundo matrimonio con Tomás Aguilar Benlloch, se casó con Vicenta Fletes Peiró, y continuaron con la tienda de recuerdos. 

Larga vida juntos, ya que se conocieron muy jovencitos en la Sala Torremar, que tenía la Falla Conserva-Berenguer Maloll en la calle Marino Albesa. 

Además de muy falleros, Tomás fue pionero del Grup de Mecha, el iniciador de Amics del Corpus, asociación que ha fomentado grandemente la recuperación de tradiciones y festejos de la Festa Grosa.

1990.- Viuda de Serrador y bar El Clot.- Francesc Jarque en Tiendas Valencianas.

Tomás se jubiló en el 2008, y desde entonces la tienda es atendida por su mujer y su hija Lucía. También estuvo su hijo Javier, pero actualmente se dedica a otra actividad laboral.

En su completísima exposición de artesanía, escudos heráldicos, socarrats, figuras y camisetas con el nombre de València, en el que fueron iniciadores, destacan las muñecas vestidas de valenciana que continúa fabricando Folk, una industria artesana ubicada en Onil (Alicante). 

La misma saga familiar, pero con diferentes nombres: Pedro Serrador Ortiz, Viuda de Serrador, Tomás Aguilar y Souvenirs Aguilar. 

Un acreditado comercio de Ciutat Vella que está a la espera que remita la pandemia del coronavirus y puedan venir con asiduidad cruceristas y otros visitantes.

Tomás y Vicenta con su hija.- 2020.- Esteban Gonzalo

Texto de Esteban Gonzalo Rogel