lunes, 20 de noviembre de 2017

EL RELOJ DE SANTA CATALINA


Archivo Rafael Solaz - 1918

El Teniente alcalde del Distrito de Museo, D. Rafael Criado, lo tenía muy claro y nada más comenzar el año 1914 hizo llamar la atención sobre la conveniencia, más bien la necesidad, de dotar a la ciudad de un reloj que tuviera mayor visibilidad en un lugar céntrico y de máxima afluencia urbana. Puso su mirada en lo alto de la Torre de Santa Catalina.

El reloj del Miguelete, por lo contrario, al ser de visión escasa, junto a su localización en una calle corta y estrecha, daba mayor solvencia a su propuesta, que a su vez por su estado viejo y defectuoso, no hacía más que reforzar su iniciativa que en primera instancia fue aceptada por la comisión municipal.

Su instalación no implicaba más gasto que el de su instalación, toda vez que el Ayuntamiento, en 1911, había adquirido un reloj por un importe de 1500 pts que estaba a la espera de su destino.

Sin embargo, tuvo que transcurrir todo el año y no sería hasta el 22 de Diciembre de 1914 cuando el Diario de Valencia anunciaba que el reloj ya se había instalado en el campanario de  Santa Catalina, detallando que “la caja con la esfera ha sido colocada sobre un marco de piedra artificial que imita perfectamente el color y estilo de la esbelta torre”.

Fecha ésta en la que el Ayuntamiento acordó la recepción del reloj. Se acercaban las fiestas de Navidad y Fin de año y el lugar era el inmejorable para recibir a uno nuevo.

La foto de unos pocos años después nos muestra su aspecto ante uno de los puntos de mayor tránsito en la ciudad. 

sábado, 18 de noviembre de 2017

PROYECTOS Y MÁS PROYECTOS, LA FALLA DEL SO QUELO DEL AÑO 1956

Archivo Junta Central Fallera

“Proyectos y más proyectos” fue el lema oficial de la falla, construida por el artista Vicente Pallardó Latorre y plantada en la plaza del Caudillo (actual del Ayuntamiento) en marzo de 1956. En la parte central había un valenciano emulando a Sansón derribando unas columnas que habían partido en dos trozos el edificio principal de la Estación del Norte. Aludía a que en pos del progreso la ciudad debía crecer y derribar lo que entorpeciera su expansión, que en el caso de la referida estación era el retranqueo de las instalaciones hacia el sur, derribar la terminal ferroviaria y en su lugar una avenida con edificios. En la misma línea estaba el estudio de ese año de la Diputación para trasladar la plaza de toros y descongestionar el tráfico, escasísimo entonces, prolongando las calles Cirilo Amorós y Ribera y posibilitando la construcción de numerosos edificios, que era lo que se perseguía, la especulación urbanística, que la falla denunciaba en la gallina de los huevos de oro y otras escenas. Especuladores a los que se les permitió derribar edificios, algunos arquitectónicamente valiosos, en esa década y en las dos siguientes.

Afortunadamente tanto la plaza de toros como la estación sobrevivieron a esa época por los grandes desastres económicos que supusieron las oleadas de frío polar en febrero de 1956, que helaron 1,5 millones de toneladas de naranjas con unas pérdidas que con todas las derivaciones redujeron en más de 22.000 millones de pesetas la renta nacional, y las riadas del año siguiente en la ciudad de Valencia.


Archivo Junta Central Fallera

El coso taurino se libró pero la estación tuvo la última andanada en los años setenta y se libró del retranqueo de las instalaciones y el derribo de los edificios por las protestas del Colegio de Arquitectos de Valencia y de los medios de comunicación que fomentaron la concienciación ciudadana para proteger su existencia.

Vicente Pallardó Latorre fue el artista fallero de mayor renombre entre los años 50 y 60 del siglo pasado, y protagonista junto con Regino Más y Modesto González para conseguir en 1946 que las Fallas fueran declaradas Fiestas de Arte de Interés Nacional.


Texto de Esteban Gonzalo Rogel

jueves, 16 de noviembre de 2017

LA PLAZA MARQUÉS DE ESTELLA


Archivo Municipal (1925)

En el recuerdo historiográfico del lugar tan sólo queda próximo el nombre del paseo de la Ciudadela. Lugar cercano a la entonces existente puerta del Mar, es el punto donde se emplazó como fortaleza defensiva la Casa de las Armas, donde se guardaban además de sus municiones los cañones para proteger la ciudad por decisión del marqués de Mondejar, virrey de Valencia, cuando transcurría el año 1574.

Su función militar se mantuvo durante varios siglos que se vio reforzada con la construcción de un torreón, tras la Guerra de Sucesión, ubicado en el interior de la muralla, que derribada en 1865, años después, iniciado el siglo XX, en 1901, los valencianos vieron cómo se derribaba la Ciudadela.

No obstante, la zona frente al Llano del Remedio había mantenido su aspecto militar con el Cuartel de Artillería construido al inicio de la última década del XIX.

En 1925 con la construcción de una plaza circular, tomó ésta el nombre del Marqués de Estella, presentando la antigua Ciudadela, con anterioridad Casa de las Armas, el aspecto que nos ofrece la imagen.


martes, 14 de noviembre de 2017

HIJO ADOPTIVO

Archivo Municipal

La figura del hijo adoptivo es un recurso potestad de los ayuntamientos y otras instituciones para honrar  aquellas personalidades que han destacado por diferentes motivos en beneficio de la ciudad, tanto en el mundo de la docencia, gubernativo, social en sus diferentes manifestaciones, religioso o político; aunque sea en este último caso la circunstancia más adictiva tanto para su nominación como para su repudio según los avatares de la historia.

 Su distinción recae sobre la Comisión Permanente municipal, o la que corresponda, que en un momento dado toma la decisión de su nombramiento a quien mereciendolo, no hubiese nacido en la ciudad. Se suele acompañar en el ámbito local con la inclusión de su nombre en el nomenclátor, y por su rango, la vía elegida será de mayor o menor importancia: desde una gran y céntrica plaza o avenida hasta una sencilla calle como recuerdo del ilustre personaje. 

Es el caso del doctor D. Fernando Rodríguez González Fornos, natural de Salamanca, a quien el secretario del Ayuntamiento certificó el 18 de marzo de 1931 como Hijo Adoptivo de Valencia en "mérito a su autoridad científica, cultural, y meritisima labor sanitaria".
     

domingo, 12 de noviembre de 2017

UNA LÁPIDA A JOSÉ CANALEJAS, QUIEN HABÍA SIDO PRESIDENTE DEL GOBIERNO

Archivo Municipal

1930 - Se cumplían dieciocho años del asesinato del Presidente de Gobierno José Canalejas, y el Alcalde José Maestre se dirigía a su hijo el Conde de Canalejas, momentos antes de descubrir una placa en la fachada del Palacio de Correos y Telégrafos, exaltando la figura de su padre a quién Valencia tenía mucho que agradecer, en cumplimiento de un acuerdo municipal del 30 de agosto pasado, que establecía el 12 de noviembre, aniversario de su muerte, para llevarlo a su ejecución.

En su alocución, tras recordar su presencia en 1893 como mantenedor de los Juegos Florales, y agradecer sus apoyos a las muchas reivindicaciones de la ciudad, hizo hincapié en su resolución para conseguir una subvención de dos millones de pesetas cuando la Exposición Nacional de 1910; continuaba en lo mismo, tanto en cuanto significó su decisión para el inicio de la construcción del Palacio de Correos, al igual que para la puesta en marcha del FFCC directo a la capital, con la realización de la subasta para su construcción, que tal vez se hubiese concluido de no ser por su muerte. 

Finalmente le agradeció la cesión a la ciudad del lago de la Albufera y de la Dehesa, para rubricar sus palabras para expresar que el acto no lo era por gratitud, sino por justicia.

De inmediato, y a los acordes de la Marcha Regional, el alcalde descubrió la lápida, para tomar, finalmente, la palabra el hijo del homenajeado -instante que vemos en la foto- quien habló de la personalidad y dedicación de su padre en su tarea de gobierno, terminando con estas palabras: “Ante el encanto de esta maravillosa ciudad, yo comprendo aquellos anhelos de mi padre como político y como hombre”.

Archivo Municipal

Con un impresionante aplauso de la concurrencia  y los acordes de “L'entra de la murta” se dio por finalizado un acto que tuvo su inicio en una numerosa comitiva, presidida por el Alcalde, que se había iniciado en el Ayuntamiento, con la participación de todas las clases sociales, representadas por las personalidades más significativas.

viernes, 10 de noviembre de 2017

LA ESTACIÓN DEL NORTE Y LAS ALCO AMERICANAS, UN COMPADREO DE MEDIO SIGLO.


Foto de los años sesenta en Valencia. Autor desconocido. 

Archivo Esteban Gonzalo. 

La apertura al servicio de la nueva estación de Valencia fue una mejora muy importante como también la incorporación de nuevas locomotoras en 1917 para agilizar, principalmente los servicios de viajeros, en las líneas de Norte, ex AVT, entre Almansa y Tarragona, extremos donde los trenes continuaban hasta Madrid y Barcelona, respectivamente, por vías de la compañía MZA (Madrid-Zaragoza-Alicante).

Quienes tenemos más de sesenta años tuvimos ocasión de escuchar en la Estación del Norte o cuando los trenes cruzaban la avenida Peris y Valero, el puente de hierro, la avenida del Puerto y la estación del Cabanyal, un pitido de locomotora diferente al de las restantes del parque de tracción pero igual a las que remolcaban los convoyes norteamericanos que veíamos en películas de Hollywood.

Eran las americanas, con aro de latón en la corta chimenea y varias tiras de ese metal embelleciendo la caldera, que adquirió la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España, la Norte, a la American Locomotiv Company (ALCO) de Estados Unidos, ya que con el estallido de la Gran Guerra no había posibilidades de encargar la construcción de material ferroviario a empresas europeas.

Un lote de 55 locomotoras de vapor tipo 1-4-1 (seis ejes siendo motrices los cuatro centrales) que Norte repartió entre sus depósitos de Valencia y ciudades gallegas. Fueron las únicas de ese tipo de rodaje con ténder en la vía ancha española hasta que Renfe adquirió 242 Mikados entre los años 1953 y 1960.

Las antiguas americanas fueron jubiladas en la red ferroviaria española a partir de 1964, aunque algunas aún remolcaban trenes en 1967, ya que al parecer Renfe no consideró rentable transformarlas para que quemaran fuel en lugar de carbón, al tener suficiente material más moderno y estar comenzando la masiva sustitución de las locomotoras de vapor por las diésel y las eléctricas.

La centenaria 141-2001 está preservada en el Museo Nacional Ferroviario de Madrid-Delicias.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel

miércoles, 8 de noviembre de 2017

LA CIUDAD DE LAS MIL TORRES

Archivo Rafael Solaz

Gran parte de la cartografía de la ciudad de Valencia está orientada tomando como pedestal el cauce del río Turia. Así lo plasmó Wyngaerde en su "real encargo" del siglo XVI, la primera representación gráfica de la ciudad con el río Turia en primer término que abraza la urbe y la perspectiva del mar al fondo por el que se explaya.

Obedece ello al origen fundacional de la ciudad cuando el discurrir del río se abre en dos brazos y un cónsul romano fija su mirada en el centro de una isla fluvial.

Pero tras el pintor flamenco la ciudad crece, y en especial hacia lo alto, sumando a sus vetustas torres nuevas cúpulas y campanarios que alcanzaría su impronta a mediados del XIX como se muestra exuberante en la xirografía anónima que ofreció la revista el Liceo Valenciano en 1841.

Paredones, pretiles y bolas; puentes, casilicios y escalinatas; un friso de vida ante una ciudad, "la de las mil torres”, que como tal reconocieron los viajeros de antiguo que llegaban hasta los pies de su muralla.

lunes, 6 de noviembre de 2017

CASA DE LA BENEFICENCIA, SUS PRIMEROS PASOS

Archivo Municipal 

1950 Ca - A finales del XVIII con la creación de la Sociedad de Amigos del País (1776), surge de la misma la necesidad de crear centros de acogida con el fin de socorrer y ocupar al indigente y desvalido.

Ya en 1801 el Marqués de Varela, vicedirector de la Sociedad, se lamentaba del fracaso de una tentativa en la ciudad que no prosperó; pese a ello, aquel fue el primer intento que con el tiempo daría el resultado de la Casa de la Beneficencia de Valencia. 

Pasados unos años era en Sagunto donde en 1815 ya funcionaba un hospicio con ese nombre. El Teniente General Francisco Javier Elio, pensando en ello, quiso poner en marcha la idea de la Sociedad con un centro a cargo del capitán Juan Albi. Sus primero recursos, aparte las limosnas y la cuestación por barrios, vinieron del arzobispo Veremundo Arias. Tuvo éxito el establecimiento situado en San Pio V, pero con la muerte de Elio, prácticamente se extinguió la idea.

Sería en 1826 con D. José O’Donell como Capitán General, cuando se retoma la idea y crea la Junta de Beneficencia fijando la sede en la actual plaza de San Esteban, utilizando como capilla la que había sido del cementerio junto a la iglesia, por lo que se puede considerar como el inicio formal de la Casa, que fue visitada por los reyes, otorgando su patrocinio.

La citada Junta, desde 1834, fue presidida por el Gobernador Civil de la provincia, y desde 1845 por el alcalde de Valencia. Al resultar insuficiente pese a las reformas del edificio de la plaza de San Esteban, el Ayuntamiento solicitó al Estado las instalaciones del que había sido Convento de la Corona, pese al lamentable estado tras la exclaustración, al que hizo frente la Junta con la necesaria reforma, utilizando como iglesia la de los Padres Recoletos, efectuándose el traslado de los acogidos en 1841.

Fecha importante de la Casa de la Beneficencia fue en 1873 cuando por iniciativa del sacerdote Juan de Dios Montañés, director espiritual del establecimiento, la Diputación acordó la instalación de las hermanas Hijas de la Caridad para su buen funcionamiento. 

Se llevó a cabo una importante remodelación y la construcción en su interior de la iglesia neobizantina, obra del arquitecto Joaquín María Belda, inaugurada el 6 de diciembre de 1883.

sábado, 4 de noviembre de 2017

EL ASILO DE LACTANCIA

Archivo Municipal

El Estado había sido generoso con la cesión de la que iba a ser nueva fábrica de tabacos al Ateneo Mercantil, por ser el organizador de la Exposición Regional de 1909 que en tiempo record construyó sus instalaciones, unas llamadas a ser efímeras, y otras, las menos, a perpetuarse con diferentes objetivos.

Había que corresponder a la cesión de tan importante centro fabril y se pensó en las cigarreras, quienes iban a significar su más importante mano de obra, siguiendo la costumbre romántica que tanto alimentó al genio literario y musical del siglo XIX.

¿Qué mejor dádiva que construir un edificio próximo, donde las cigarreras pudieran dejar a sus hijos en sus primeros años para ser cuidados y alimentados durante su jornada laboral ?

Es así cómo se construye el Asilo de Lactancia, como ya era habitual en otras fábricas de semejante industria. La entonces llamada a desaparecer ante la Glorieta, antigua Aduana, y que se iba a convertir en Palacio de Justicia, durante los años de ejercicio, también tuvo su asilo situado en la parte trasera recayente a la calle Colón.

El arquitecto Ramón Lucini, que había intervenido en la puesta en marcha del tranvía aéreo, fue el encargado de llevar a cabo  su construcción, y como todas las obras de aquella exposición, se hizo en tiempo record, iniciando su obra en el mes de enero de aquel año.

La Casa de Lactancia pasó a propiedad municipal, en la actualidad en funciones de balneario, al aprovechar las aguas termales que siguen manando desde 1930.

jueves, 2 de noviembre de 2017

LUIS FULLANA, CELO Y VIGILANCIA


La "Renaixensa Valenciana" se había iniciado en las dos últimas décadas del siglo XIX bajo el impulso de Lo Rat Penat, entidad cultural que en lo sustancial agrupaba todas las tendencias sociales. Con el inicio del siglo XX cada vez eran más quienes llevaban al "negro sobre blanco" y en valenciana lengua sus inquietudes sociales, costumbristas, narrativas, pero desnudos de unas reglas ortográficas que pusieran en orden y concierto tanto la prosa como la rima, que en aquel momento y en su anarquía se enmarcan bajo dos formas diferenciadas: “els escrits de espardenya i els de guant blanc”, siendo necesaria la uniformidad lingüística.

Este fue el reto que recayó sobre el franciscano y acreditado filólogo Luis Fullana quien centró sus conocimientos de la Lengua Valenciana para crear unas normas léxicas y ortográficas que serían  aceptadas por todos en base a su contrastada autoridad que había puesto al servicio de Lo Rat Penat.

En 1916 y tras años de trabajo y dedicación dio a conocer el fruto de su obra, con el reconocimiento años más tarde por parte de la Real Academia de la Lengua al otorgarle con todos los honores el 11 de noviembre de 1928 un sillón en su seno como representante de la Lengua Valenciana, mientras que la Universidad de Valencia creaba las cátedras de valenciano.

El viejo sueño decimonónico de Teodoro Llorente y Constantí Llombart era una realidad. 

Sin embargo, la fecha de 21 de diciembre de 1932 significó un antes y un después, pues las Normas de Castellón al socaire de intereses ajenos al viejo Reino de Valencia, “calcó” del Instituto de Estudios Catalanes una nueva normativa, extraña y ajena a la singularidad valenciana, y más aún peor, a espaldas a Lo Rat Penat: la entidad que había dado a nuestra lengua su mayor reconocimiento cultural, y, que sin embargo, ni fue consultada ni invitada a su participación. 



No obstante, lo hizo por su celo y vigilancia que el lenguaje valenciano le merecía. A título personal, el gran filólogo franciscano Luis Fullana tuvo interés en rubricar su articulado, toda vez que creía que las mismas estaban sometidas a su posterior revisión, tal y como dejó expreso de su puño y letra sobre las “normas de Castellón”.

martes, 31 de octubre de 2017

LOS SILOS, SU PUNTO DE PARTIDA


Archivo Municipal

Como imprescindible prueba hay que entender los tres primeros silos que se construyeron en el término de Burjasot por los Jurados de Valencia, al ser éste el lugar más adecuado para el almacenaje del grano: el idóneo para que el trigo estuviera a salvo de la humedad de los valladares y de la gran cantidad de roedores existentes en la ciudad que ponían en peligro su almacenaje, tanto en las Atarazanas del puerto, como en los lugares habilitados en el centro de la ciudad.

Corría el año 1573 cuando se tomó esta decisión, que por el éxito obtenido, tan solo en tres años, su número ascendió a diecisiete, siendo entonces su capacidad total la suficiente para guardar el trigo que llegaba de Castilla y en mayor cantidad de Sicilia, lo que aseguraba la ausencia de años de hambre cuando las cosechas esperadas  no daban el fruto deseado, o lo que era peor, no llegaban. 

Con el paso de los años y el aumento de la población la capacidad de almacenamiento creció considerablemente, prestando su servicio al cap i casal hasta el año 1931, cuando el entorno mostraba el aspecto que se ofrece en la imagen.

domingo, 29 de octubre de 2017

MESTALLA TENÍA SU TRIBUNA

Foto de Luis Vidal Corella

1927 - Cuando el Valencia CF llevaba apenas ocho años de vida, sus directivos iban haciendo los deberes. Aún no había comenzado a celebrarse el campeonato de liga a nivel nacional, mientras que la Copa de España llevaba veinticuatro años de andadura.

Se había abandonado Algirós y al nuevo campo de  Mestalla, que se había inaugurado en mayo de 1923, le correspondía estar a la altura de los mejores, de acuerdo con la tercera ciudad española.

Para la temporada 1926/27 se marcaron nuevos retos: el club disponía de nueva sede social en la calle Barcas 6, y comenzaba el año con la inauguración en el campo de una nueva tribuna, cubierta en su totalidad, instantes antes de la celebración de un partido frente al Castellón, que para la ocasión, causó expectación en los aficionados al ver el terreno sembrado de césped por primera vez.

Con todo ello el campo de Mestalla se situaba en primera línea “siendo con el de Las Corts y el Stadium de Madrid, los mejores y más bien acondicionados de España”, según indicaba Sincerator desde su crónica Las Provincias.

Asistieron aquella tarde del 23 de enero 20.000 espectadores que entre grandes aplausos homenajearon a los directivos señores Almenar y Ferrer, arquitecto y constructor, para dar paso a un emocionante partido, con victoria local por 2-0 con goles de Rodenas y Montes.


Pese a su carácter amistoso, el encuentro “fue de campeonato”, teniendo su mayor acaloramiento cuando en la segunda parte tras una fuerte entrada al portero Cano por parte de Martínez, delantero del Castellón,  “dentro de la portería se corrió una de “populo romano”, que ni en Verdún” ”,  tal y como cita el cronista, cuyos ánimos se apaciguaron con la salida al terreno de la Guardia Civil y Policía.

viernes, 27 de octubre de 2017

PLAZA DE TOROS: SU AFORO

Archivo Municipal

Fue aquella una década de grandes obras en la ciudad aún amurallada, al tiempo que iba a significar el primer derribo de un pequeño tramo de su lienzo: el suficiente para dar paso al ferrocarril que se había inaugurado el año 1852, cuyas vías se estiraban justo al lado donde ya se estaba construyendo el coso taurino que Valencia necesitaba, tanto en cuanto la afición por la fiesta nacional gozaba de gran entusiasmo.

Sebastián Monleón y Estellés, arquitecto municipal que venía distinguiéndose por otros logros arquitectónicos fue el encargado de su construcción y puso tanto interés en su cometido, que al ser el Hospital General el principal beneficiario, tuvo a bien renunciar a sus honorarios. Gesto que tuvo la correspondencia muchas décadas después, en 1926, por parte de la Diputación al dedicarle una placa de mármol con su imagen situada en el interior de las instalaciones, que ya matrimoniaban con la nueva estación de Demetrio Fines desde hacía nueve años, justo al lado.


La imagen nos informa del aforo tras su inicio, de su distribución, con sus gradas, palcos y nayas, que en aras de la comodidad se ha visto reducido con el tiempo.

miércoles, 25 de octubre de 2017

PIEDRAS DE NOSTALGIAS.

Archivo Municipal

La Plaza Castelar iba a ser sometida a una importante remodelación, y merced a ella, llamada a constituirse en el corazón de la ciudad donde iban ocupando su espacio edificios emblemáticos llamados a quedar conectados con la ronda a través de una nueva avenida, la de Amalio Gimeno, por donde con anterioridad habían discurrido las vías de la antigua estación que fundara José Campo.

Su precio: la pérdida de un palacio de muy bella fachada a la plaza, lindante con calle En Llop, donde se había recreado una historia de recelos que pasado un siglo aún se recuerda, tanto en cuanto tiene su lugar en el anecdotario urbano y popular de la ciudad como uno de los más curiosos.


Archivo Municipal

Es imposible desligar el Palacio de Jura Real del "Nano del Carrer En Llop". En este blog les hablamos de lo uno y de lo otro.

Aquí les dejamos ambos, porque como decimos, van ligados con nuestra historia.

Por un chalet de La Cañada y por los Jardines del Real, quedan piedras de nostalgias.

lunes, 23 de octubre de 2017

EL CABALLITO DE SAN MARTÍN

Archivo Municipal

La plaza de Mariano Benlliure toma este nombre desde 1900. Con anterioridad era conocida como plaza de la Pelota y antes, desde tiempos antiguos, como de Peñarroja. 

Familia ésta que se estableció en la ciudad tras la Reconquista en cuyo reconocimiento tomó el nombre la plaza -al ser el lugar donde tenía su solariega casa- de lo que se tiene conocimiento desde el siglo XVI.

A uno de los descendientes, don Vicente Peñarroja, Comendador de la Orden de Santiago, y en agradecimiento a la Parroquia de San Martín de la que era feligrés, se debe el regalo del grupo escultórico de bronce conocido como “el caballito de San Martín” en el que se observa al santo, a  caballo, en el momento de blandir su espada con la que corta un manto para entregar una de sus partes a un mendigo que representa a Cristo, situado en la hornacina de la fachada desde el año 1494.
Archivo Municipal

“El caballito de San Martín”  de origen flamenco, tiene la singularidad de que no se corresponde con una sola pieza fundida, sino que está montada desde diferentes piezas, cinceladas tal y como acostumbraban realizar los artistas de Flandes.

sábado, 21 de octubre de 2017

JOSÉ FRANCISCO RAMS: TRENET POR EL CABANYAL.


Foto de la acuarela de 1977

En 1977 el acuarelista valenciano José Francisco Rams Lluch inmortalizó con sus pinceles, en su habitual formato de 55x75 cm., el paso de un automotor del trenet entre los apeaderos Arenas y Termas de la línea del Grao a Pont de Fusta.

Pintó fuera de temporada de baños, ya que no llevaba remolques, un “bujía”, denominación de los ferroviarios a los largos automotores sobre bogies o carretones que entre los años 1921 y 1930 recibió la Compañía de Tranvías y Ferrocarriles de Valencia (CTFV) para la modernización de los servicios en su red con estación central en Pont de Fusta.

Imagen pictórica de uno de los cinco automotores a los que les habían sustituido su vieja carrocería de madera, a dos por accidente y a los restantes por deterioro, por otra metálica de líneas modernas y más diáfano interior. Con ello mejoraron su aspecto exterior y la seguridad y comodidad de los viajeros, para que resistieran hasta la modernización de las líneas de la zona norte, que tras las mejoras parciales de los Fabiolos a partir de 1973 y de los trenes Macosa trasladados de la línea de Villanueva de Castellón en 1982, comenzó en 1988 con el enlace norte-sur y culminó en 1995 con la transformación en línea 3 del metro de la línea Pont de Fusta a Rafelbunyol.

La línea del Grao fue sustituida por el tranvía inaugurado el 21 de mayo de 1994, con las paradas Eugenia Viñes, en sustitución de Termas, y Les Arenes, avanzada sobre un centenar de metros de su predecesor apeadero Arenas. 

Texto de Esteban Gonzalo Rogel

jueves, 19 de octubre de 2017

UNA PLACA A DON RAFAEL PASTOR REIG


Archivo Municipal

Después de dos años de cátedra, en octubre de 1922, fallece el doctor D. Rafael Pastor Reig, “catedrático de patología general y fundador de este laboratorio”: tal y como se indica en la placa que sus compañeros y discípulos tuvieron a bien situar, justo un año después de su muerte, en el mismo laboratorio que en su día creara. Lápida conmemorativa de bronce, culminada con el recurso del mármol, en un trabajo que como obra de arte acometieron las manos de Vicente Benedito, que se completaba con el retrato del doctor en medicina que había sido esmaltado por el artista Almar.

La iniciativa había sido planteada por la clase escolar y su resultado se vio culminado en un acto que tuvo su comienzo en el Anfiteatro Anatómico presidido por el decano de la Facultad de Medicina, el doctor Gómez Ferrer, en el que un alumno del quinto curso glosó la figura del homenajeado a quien mencionaba como “el maestro consciente de su deber y amante de sus discípulos a quienes consideraba como verdaderos hijos espirituales”.

El doctor Vila Barberá, quien ostentaba la cátedra de Patología General tras la muerte del fundador del laboratorio y como sucesor del mismo, ensalzó la vida académica del doctor, al igual que lo hicieron en breves oratorias representantes de otras facultades, durante un acto que tuvo su final con la intervención de su presidente, doctor Gómez Ferrer, con la presencia de alumnos, médicos, profesores y catedráticos que aclamaron con entusiasmo el recuerdo de tan ilustre valenciano.

Terminadas las intervenciones, los asistentes se trasladaron al laboratorio para inaugurar la lápida que estaba llamada a perpetuar el recuerdo de su fundador, tal y como vemos en la imagen.

martes, 17 de octubre de 2017

EL RAVACHOL LLEGÓ EN 1892 A LA PLAYA DEL CABANYAL

Archivo Rafael Solaz (1895 ca.)

Entre los días 8 y 24 de julio de 1892 hubo un cambio drástico en los transportes de viajeros entre Valencia, Villanueva del Grao y Pueblo Nuevo del Mar (Cabanyal y Canyamelar). Fueron las fechas del comienzo, respectivamente, de la explotación del Trenet  Pont de Fusta-Grao y de la prolongación hasta la playa del Cabanyal del tranvía El Ravachol, ambos remolcados con locomotoras de vapor, que marcaron un antes y un después en las facilidades de desplazamiento masivo a las playas del Cabanyal y la Malvarrosa.

El trenet ya ha tenido su apartado correspondiente, por lo que ahora le toca el turno al Ravachol, un tranvía con motor a vapor cuya concesión obtuvo el 11 de junio de 1891 la Sociedad General de Tranvías (SGT). Su primer tramo entre la plaza de Tetuán de Valencia y la plaza Espartero de Villanueva del Grao fue abierto al tráfico el 25 de abril de 1892, y la continuación hasta la playa del Cabanyal el 24 de julio siguiente. Se detenían para tomar o dejar viajeros en los siguientes lugares: Óvalo primer tercio de la Alameda, Cuarteles San Juan de Ribera, Portazgo, Cruz del Camino del Grao, Empalme del camino Hondo con el nuevo, Óvalo del Grao, calle del Cementerio (frente al mercado), plaza Espartero, calle Mayor del Grao, puerto, calle Reina y playa frente a los Baños de Las Arenas.


El Ravachol entrando en la Alameda en 1892. 
Foto de la acuarela de A. Ramón. Archivo Esteban Gonzalo.

Tres unidades de dos ejes era la composición normal del tranvía: dos coches de viajeros, construidos por la inglesa Willnes, uno de ellos imperial, y una de las diez maquinitas, de dos ejes motrices, carrocería tranviaria y velocidad máxima 30 kilómetros por hora, que compraron a la británica Thomas Green de Manchester. Quince céntimos en los coches cerrados y diez en los imperiales eran las tarifas para el recorrido total.

Entre Valencia y Villanueva del Grao el tranvía de vapor recorría 4.342 m. de trazado y 1.658 m. en su continuación hasta la playa, invirtiendo veinte minutos para la realización del viaje. El trazado era de vía única con ancho métrico y tenía cinco apartaderos para el cruce de los convoyes, igual sistema que el empleado en las líneas de tranvías hasta Burjassot-Godella, Catarroja, Pobla de Farnals y Torrent, y en las prolongaciones posteriores hasta Silla y Manises


El Ravachol por calle del Cabanyal.
 Foto Bernardo Villalba.  Archivo Díaz Prósper

El Ravachol fue famoso, tanto por la rapidez de sus servicios como por los accidentes que provocaba, principalmente por la poca atención de viajeros y viandantes acostumbrados a carros, carruajes y tranvías, éstos desde el 24 de junio de 1876, arrastrados pausadamente por acémilas. Por ello al nuevo tranvía le apodaron Ravachol, el sobrenombre de un terrorista francés guillotinado en 1892.

Por extensión aplicaron el diminutivo “Ravacholets” a dos líneas de tracción animal que también explotaba La General: la del apeadero de la plaza de Tetuán hasta la estación de los Ferrocarriles de Valencia y Aragón en la calle de Quart (entonces Cuarte), y la transversal, entre las plazas de Ruzafa y Serranos con retorcido recorrido a través de la Ciutat Vella.

En una ciudad, con menos de 200.000 habitantes y pequeños municipios en su derredor, era muy buena la oferta de transporte entre Valencia y los municipios marítimos, ya que a los 10 minutos en cada sentido del Ravachol, se añadían: frecuencia similar en los tranvías de tracción animal, los viajes que realizaba el ómnibus El Barco –especie de autobús con tracción de sangre-, y, aunque con poca cadencia pero mucha capacidad, los trenes de La Valenciana para las playas de Cabanyal y la Malvarrosa, y los de la Compañía del Norte, que eran principalmente utilizados para ir a la cercana playa de Caro. Oferta a la que añadir las tartanas, galeras y otros vehículos de servicio público.

La fuerte competencia entre la General, la Valenciana y el Barco, que llegaron a bajar los precios a extremos irrisorios, desembocó en la crisis de 1895. En 1898 las líneas de la General pasaron a ser gestionadas por la "Compagnie Genérale des Tranways Electriques de Valence (Espagne)" con sede en Lyon, que en breve plazo promovió su electrificación. El 24 de marzo de 1900 ese año comenzó el servicio público de tranvías eléctricos entre la plaza de Tetuán y El Grao, tres meses después hasta la playa de Levante, y el 18 de agosto el primer adentramiento urbano por la calle de la Paz. Año en el que también cambiaron la tracción animal por la eléctrica las líneas hasta Catarroja, Pobla de Farnals y Torrent.

La tracción vapor en los tranvías urbanos y suburbanos de Valencia, ya que la línea de La Pobla de Farnals era mixta de vapor y sangre, sólo duro ocho años (1892-1900).

Texto de Esteban Gonzalo Rogel 
  

domingo, 15 de octubre de 2017

CONTANDO LA RIADA - CARTA A MIS TIOS DE GUADALAJARA - II


Foto de Amparo LLeó

En efecto, en seguida llegó la segunda riada, mucho mayor todavía que la primera. A propósito, eso que dice Ramón de medio metro es un cuento chino. (Seguramente eso sería en su calle, porque en cada sitio de Valencia llegó a una altura diferente, pero entonces no lo sabíamos). 

En nuestra casa, la primera fue como 80 cm. o más, y en la segunda un metro y 30 o así, esto es a ojo mío, probablemente sería más. Hacia esta hora también pudo llamar Ata por teléfono a casa de un vecino y ya se enteró de que estábamos bien, y contó que como los cuarteles están en alto, allí no pasaba nada.

A eso de las 3, para acompañar a la riada, empezó a llover a cántaros, granizando y todo, para que hiciera bonito, con rayos, truenos y relámpagos. Por fin pasó todo, y a no sé qué hora, al día siguiente, bajamos a casa.

Estaba todo muchísimo peor, sin comparación. En el recibidor estaban las dos butacas del cuarto grande y una mesita de noche, también del cuarto grande en la cocina. Una cazuela se había colocado artísticamente dentro del retrete; todos los muebles estaban rotos. El armario del cuarto grande se volcó encima de la cama, se le salió la puerta y se le rompieron las patas. Bueno, todo hecho un desastre.

Vinieron los soldados otra vez y esta vez no sacamos barro, estuvimos todo el tiempo subiendo cosas arriba, a un piso que estaba vacío, y que ahora están los porteros y tenemos para nosotros 2 o 3 habitaciones y otras tantas los Lillo.

El día siguiente lo pasamos también subiendo cosas, y el otro y el otro y el otro, etc., también.

Los dos primeros días dormimos todos en casa de Maritina, pero al tercer día, resucitó, nos fuimos Ata y yo a dormir a casa de Ma Dolores, que allí no había llegado el agua, (sólo llegó a Ruzafa) y tenían luz y todo. El resto de la familia durmieron en casa de abuelita y en un piso de abajo, el 2º, que estaba vacío y nos lo han dejado hasta que tengamos otro. Desde antes de ayer ya dormimos todos aquí.

Esta historia se acabó. The End. Stop.

Amparo Lleó

sábado, 14 de octubre de 2017

CONTANDO LA RIADA - CARTA A MIS TÍOS DE GUADALAJARA - I

Foto de Amparo LLeo en brazos cuando vivía en la
 GV Marqués del Turia. Al fondo el portal de la casa. Foto de 1942.

Valencia  a 22 de octubre de 1957.

Queridos tíos Conchita y Salus:

Como me han dicho que estáis muy interesados en saber cómo fue todo lo que nos ocurrió cuando llegó la riada, os lo voy a contar con detalle.

En nuestra casa, 2'30 madrugada, más o menos; en escena: mamá, Conchita y una servidora durmiendo como troncos.

Mamá al oír ruidos raros se despertó y se levantó de la cama, aún no había agua en casa, solo notó el suelo un poquitín mojado al llegar al pasillo con una vela, porque no había luz, ya vio que se estaba llenando todo de agua, no sabía si avisarnos o no, por no asustarnos; por fin dijo algo y se despertó Conchita, entonces empezaron a hablar en voz alta diciendo no se qué, mamá toda asustada y Conchita decía que no era nada; entonces yo, que tengo el sueño como un plomo, me desperté y Conchita me dijo que teníamos la casa llena de agua y que entraba de la Gran Vía, donde vivíamos en el nº 65. 

Me levanté y al poner los pies en el suelo ya había como medio palmo. Cambio. Pues como íbamos diciendo, eso, mamá estaba muy nerviosa y solo quería que saliéramos sin coger nada, ni siquiera vestirnos, porque luego, si no, no podríamos abrir la puerta y salir (porque eso les pasó a unas personas que ella conocía, en una riada que hubo en Alcira unos años antes). 

Conchita y yo nos vestimos con el traje más bonito, como me dijo ella y salimos sin más que lo que llevábamos puesto; ella cogió la Virgen que le había dado Enrique, y yo intenté coger la medalla de Hijas de María y se me cayó al suelo y me costó muchísimo encontrarla por el agua y la oscuridad. Mamá cogió algo de alhajas y nada más. También cogimos zapatos secos para ponernos arriba, yo las botas. Subimos enseguida a casa de Maritina, (que es una amiga mía que vivía en el primer piso) y avisamos antes a los porteros y a los Lillo, que todavía estaban durmiendo como Roque (que por lo visto era un señor que no vivía en planta baja), y también subieron sin coger nada. 

A propósito, antes de salir de casa, a Conchita se le ocurrió abrir la reja que da a la calle y luego por poco no pudimos cerrar, porque el agua fuera estaba más alta y tenía mucha fuerza. Luego, casi no podíamos abrir la puerta de casa.

Estuvimos en casa de Maritina toda la noche, viendo, o mejor oyendo, porque no se veía ni pum cómo subía el agua, acompañada de los lloros de las niñas de la portera. También rezamos el rosario y el Trisagio y no sé qué más. Nos llamó papá por teléfono a la casa de unos vecinos de arriba para ver cómo estábamos y todo eso; donde él estaba ni siquiera llegó el agua.

A no sé qué hora, cuando el agua ya bajó un poco, que solo llegaba un palmo más arriba de la rodilla, pero ya no tenía fuerza, entramos en casa para ver si cogíamos algo, por si después subía más, Conchita, Maritina y yo, con una vela. Nada más abrir la puerta nos vino al encuentro nadando una lata de galletas sin abrir, las sacamos y estaban secas por dentro y nos vinieron la mar de bien, estaban en la otra punta de la casa. También nos salió al encuentro un saco de almendras con cáscara que también estaban bien.

Entramos, tropezando con sillas y cosas que había por el pasillo y fuimos a nuestro cuarto, a por la máquina de escribir nueva, que ya estaba en el suelo, y la radio de Atanasio, que estaba encima de una mesa que se volcó y estaba también embarrada en el suelo. En ese momento se apagó la vela, para que no faltara nada. Salió Maritina, a oscuras, y volvió, sin matarse, con otra. Sacamos algunas cosas, trajes y cosas de esas, que estaban secos, y como no podíamos hacer nada mas, salimos.

Cuando se hizo de día volvimos a bajar, entonces ya no había nada más que como un palmo de agua y barro, y ya lo vimos todo bien. Era una monada, todos los muebles volcados y con las patas rotas, la cama grande en dos pedazos, cada cosa por un sitio. Dos orinales, uno en el comedor y otro en la cocina, la tapa del wáter al lado de la nevera, el cubo de la basura encima de la cama grande, y todo en ese plan.

Estuvimos muchísimo tiempo sacando barro, además, Andrés nos mandó unos soldados que también nos ayudaban sacando barro. A las 9 o así llegó papá con unas botas de goma que se compró no sé donde, de esas altas encarnadas, si no imposible. 

A eso de las 12'30, un soldado dijo que venía otra riada. Como es natural, dejamos de sacar barro y sacamos ropa y cosas de esas. Yo, por fin, pude abrir el cajón donde tenía Ata su dinero y lo cogí. Subí también la radio, que no se había volcado, y el Niño Jesús y las fotos de encima. También subimos un montón de trajes, el león, los perros, (figuras de adorno del despacho) y no sé qué más. Conchita se salvó todas sus mantelerías y cosas de esas, que como estaban en un estante alto y ese armario no se había volcado, no se mojaron, (unos se volcaron y otros no, después de la segunda riada ya no quedó ninguno de pie). Sacó también todos los regalos de Enrique, y las máquinas de retratar.

(continuará)

Amparo LLeó

viernes, 13 de octubre de 2017

LAS AGUAS VUELVEN A SU CAUCE


Archivo Municipal

La riada que inundó la ciudad  justo ahora cuando se cumplen 60 años, en lo urbanístico y para salvaguardar sus calles de futuras avenidas, tuvo su vuelta de tuerca mediante el Plan Sur, una obra que supuso un cambio trascendental en el entramado urbano capitalino y pueblos aledaños.

El discurrir de las aguas por el interior del cap i casal significó el acta notarial de su configuración como isla fluvial que lo había sido en el 138 a. C. que llevó a la determinación de Décimo Junio Bruto, cónsul romano, a su fundación.

Un brazo que se desgajaba del Turia para penetrar en la ciudad por la actual calle Na Jordana para continuar por la Alta, y a través de la Bolseria alcanzar la plaza del Mercado, y por la del Caudillo buscar la de las Barcas para que por Pintor Sorolla llegar al Parterre y a la Glorieta y en su ruta final mezclar otra vez las aguas con el cauce rumbo a su desembocadura al mar.

La imagen nos muestra el nivel de las aguas que hace buena la expresión que asegura la vuelta a su cauce natural de cualquier aluvión que se precie. 

En este caso pasados veintidós siglos como certificado de su prístina existencia.

miércoles, 11 de octubre de 2017

LA OBRA NOVA

Archivo Municipal

En el año 1566 el Cabildo redactó unos estatutos contra la herejía que se fundamentaban en la limpieza de sangre. Pero no sólo se dedicaba a estas cuestiones que según la época se podían considerar “como de higiene”, pues también quiso que la Catedral luciera con mayor esplendor al estilo renacentista que como nueva tendencia se estaba adoptando en las ciudades italianas.

Los mandatarios de la Seo y bajo la dirección del arquitecto Miguel Porcar llevaron a efecto en aquel año la fábrica de una edificación anexa a la Catedral que se sustanciaba mediante una fachada de dos pisos sustentados por la continuidad de unos arcos abiertos a la plaza que dando un carácter diferente a lo construido hasta entonces, no desmereciera al entorno catedralicio, e incluso con el reto de que aumentara su belleza y a su vez fuera de utilidad. 

La que se denominó como Obra Nova tuvo un éxito superior a lo esperado y de inmediato de forma popular fue denominada como la “llonjeta de la catedral” y con más precisión práctica como “els balconets de la Seu”, toda vez que para los canónigos era una lugar inmejorable para poder presenciar en lugar de privilegio cualquier tipo de acto a celebrar en la plaza a sus pies.
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