domingo, 14 de marzo de 2021
sábado, 13 de marzo de 2021
LA RENACIDA FALLA MURILLO-PALOMAR
Comisión fallera que está, como las restantes de la Comunidad Valenciana, a la espera que la vacunación masiva y el freno a la pandemia del coronavirus, les permita, posiblemente a partir del mes de septiembre, plantar sus fallas, guardadas desde marzo del año pasado, realizar festejos y quemarlas. Por ello, continúan los mismos responsables y representantes que eligieron para el año 2020.
Murillo-Palomar es la octava comisión fallera más antigua de València, plantando desde 1862 en el barrio Velluters, en pleno centro histórico, aunque en Junta Central Fallera solo reconocen su antigüedad a partir de 1887, ya que no hay documentos anteriores que atestigüen su existencia.
En tan larga historia han tenido altibajos, pero nunca tan graves como en el año 2014, cuando estuvieron al borde de la desaparición al quedar con un censo de 14 falleros, incluidos mayores e infantiles, por derribo de viviendas y disminución de vecindario. Pero no se arredraron y con tesón y utilización de las redes sociales superaron el bache con apreciable cantidad de altas, siendo 50 de comisión en el ejercicio 2020. En el año 2019 por enfermedad del artista tuvieron que terminar como pudieron las fallas mayor e infantil, y en el 2020 militando en una categoría superior a la del año anterior, se encontraron con el contratiempo del Covid-19.
“Somos positivos, es una experiencia, fallas en verano u otoño, helados y horchata con fartons”, manifiesta el Presidente de la Falla, Jesús Sánchez-Gómez.
Amparo Carreño Aguilar, es la Fallera Mayor, y Valeria Arroyo Torres, la Infantil.
Fallera Mayor y Artista falla grande 2020.- Archivo Falla.
Adrián Forner García es el autor de la falla grande, que concursa en la sección 7ªC con el lema “Pim, pam, pum,…..Traca!!!“, y Juanjo y José (Senior&Priol Arts) los que han construido la infantil con el lema “Carme i Velluter, romanç faller" para la sección 21.
Bocetos fallas infantil y grande año 2020.- Fotos Pasión Fallera.
Una comisión del sector El Pilar-Sant Francesc por y para sus falleros y convecinos, que planta al tombe, participa en El Cant de l’Estoreta, en la fiesta del Beato Gaspar Bono de la calle Cañete, y realizan diversas actividades para infantiles y mayores a lo largo del año fallero, aunque desde que comenzó la pandemia sólo montaron en la pasada Navidad un Belén de tipo tradicional en su casal de la calle Palomar nº 4.
Texto de Esteban Gonzalo Rogel
viernes, 12 de marzo de 2021
jueves, 11 de marzo de 2021
HISTORIA DE UNA DESDICHADA TARTANA
Sobre ella va, sobre la tartana, esos armatostes que en cada uno de ellos se encerraba la historia de muchos o pocos habitantes. Tablones y lona que nos cuentan historias que han presenciado, pudiendo escribir una infinita lista de singulares y extravagantes acontecimientos.
Y eso es lo que se me ocurre hacer, contar la historia de una de esas tartanas, que una vez leí, que sé como empezó, pero no he llegado a saber como acabó. Puede ser que cada uno al leerlo le ponga su final, a su manera, pero habrá que dárselo.
Nos situamos en la Valencia de 1818, tendremos que visualizar la cantidad de tartanas que circulaban por aquellas calles empedradas de la ciudad, de las que había de todo tipo, para diferentes usos, pero al fin y al cabo madera, lona y mula o caballo.
Vivía un
canónigo de cierta edad, con achaques propios de ella, con el que convivían una
sobrina de diecisiete y un sobrino con
catorce años, por los que el hombre sentía gran cariño y que le ayudaban a soportar
la edad y a compartir su renta, eran huérfanos de padre y madre.
La propia edad
adolescente de la joven le hacia desear un carruaje donde poder brillar con
algo de ostentación, aunque no demasiada. Con argucia y convencido su tío de
que podría salir a pasear sin que la gota se lo impidiese, compró la deseada
tartana. El encargo fue rápido, el maestro de coches ya le estaba haciendo aquel
artefacto con toda clase de comodidades, y un caballo para que tirase de él, no
una mula, como solía ser, porque el sobrino quería aprender a montar.
Tuvieron su
tartana, se lucieron y brillaron sobre ella, pero a los dos años el canónigo
falleció debido al vuelco en uno de sus paseos. Pasó a manos de la sobrina en
repartición de los bienes, pero ésta estaba loquita por un joven empleado de Hacienda de no muy buena conducta y se la cedió.
La tartana
había abandonado los plácidos paseos y las tranquilas conversaciones del
canónigo y los sobrinos y ahora se convertía en cubículo de bulliciosas
carcajadas de aquel nuevo dueño bromista e irresponsable, que pronto cambió las
opacas persianas por cristales; pocos la reconocerían en sus paseos libertinos
por la ciudad.
Le duró poco
tiempo porque en ese mismo año, 1820, y durante los tres siguientes, fue
nacional de caballería, solo por el hecho de lucir el caballo que adquirió con
la tartana.
Acabó vendiéndose a un comerciante, si cabe aún más espabilado que él, un joven
aficionado a la diversión y que rápidamente reformó los arreos, la pintó de
nuevo, y quiso que su amada tuviese la fortuna de ser la primera en verla así
de lucidora.
De nuevo la
tartana iba a ser escenario de un ambiente impropio de la gente de bien de la
época, que volvía a caer en las manos libertinas del tercer y nuevo propietario,
y que sobre sus mullidos asientos se sentaban mujeres de dudosa reputación,
además de jugadores profesionales, ya que era aficionado al juego clandestino.
En una noche perdió gran parte de su fortuna, su amada, y también su tartana.
Y hasta aquí llego, aunque me gustaría saber donde fue a parar de nuevo la desdichada tartana.
Texto de Amparo Zalve Polo
miércoles, 10 de marzo de 2021
martes, 9 de marzo de 2021
TEMPLETE AV. REINO DE VALENCIA
MIRANDO HACIA ARRIBA
Esta avenida, creada por el paso de la vía ferroviaria, que iba desde la primitiva Estación de Valencia rodeando la Plaza de Toros hacia el Puerto en línea recta. La avenida corta en diagonal todo el callejero de la Ruzafa moderna entre la Gran Vía del Marqués del Turia y la avenida Peris y Valero. Básicamente su edificación se desarrolla entre los años veinte y cuarenta del pasado siglo.
Allí en la esquina con la calle Pintor Salvador Abril, donde estuvo el cine Avenida, o era el Tyris, no recuerdo bien, hay una finca que en cuanto miramos hacia arriba nos descubre un bonito templete con una veleta en su cúpula. A notar la pintura del techo del templete y la trampilla para subir a la cúpula, suponemos que para su buen mantenimiento.
Disponemos de una foto de la avenida, que yo dataría entre 1935 y 1940, en la que aparece el templete y podemos observar que actualmente han desaparecido unos adornos situados en la parte superior, en la prolongación de cada uno los ocho pilares del templete.
Foto autor desconocido. Remember-València
La vista de la fotografía nos ha llevado a ver, además de a la señora que apaciblemente lee en su balcón, una gran cantidad de ciclistas, que avanzados y con buen criterio ya circulan mayoritariamente por la parte izquierda de su calzada, justo en lo que unos ochenta años más tarde sería su camino independiente. Digamos que los coches no abundan en la foto, algo lógico para aquellas fechas.
Texto de Enrique Goñi Igual.
lunes, 8 de marzo de 2021
domingo, 7 de marzo de 2021
EL MUSEO FALLERO CUMPLE CINCUENTA AÑOS
Museo Fallero años 70
El Museo Fallero de València, un compendio expositivo que a los visitantes les informa sobre la principal fiesta del ámbito de la Junta Central Fallera, la Ciudad y los municipios de Burjassot, Mislata, Quart de Poblet y Xirivella, cumple 50 años.
1934.- En la primera exposición del ninot.- Biblioteca Valenciana.
Gran exposición
donde están los ninots y grupos que por votación popular se han librado
del fuego purificador de cada 19 de marzo desde 1934, excepto los años bélicos
1937/1939, con el añadido, desde 1963, de los indultados anuales de las fallas
infantiles.
Museo donde no están los indultados del año pasado, ya que, al anular los festejos por la pandemia del coronavirus, esperan poderlos colocar en sus fallas correspondientes, las guardadas del año pasado, el próximo mes de marzo, y después los llevarán a la exposición permanente.
El audiovisual
del vestíbulo del museo es el mejor preámbulo antes de iniciar la visita en las
dos plantas de que consta para ver figuras o escenas divertidas, satíricas,
jocosas o enternecedoras, que protagonizan la temática que para concursar
tuvieron más importancia según épocas, con información del año y falla donde
estuvieron plantados, artista que los hizo y con qué materiales.
Los ninots,
los protagonistas falleros, a mitad del siglo XIX los construían con un
esqueleto de madera o alambre con estopa y revestidos con ropa vieja, una
careta, y si acaso viejos calcetines y guantes rellenados con paja para
conformar los pies y las manos. A partir de 1863 tuvieron la enorme mejora
artística de la cara y las manos realizados con cera, en los años treinta del
siglo pasado se fue estandarizando el uso del cartón con su apogeo en los años
cincuenta, que fue mayoritariamente sustituido por el poliéster reforzado con
fibra de vidrio en los años setenta, y a su vez desplazados, generalizadamente,
desde los años ochenta por el corcho blanco, material que permite esculpir
directamente las figuras.
Completan la
muestra carteles ganadores y finalistas desde 1921, retratos de las Falleras
Mayores desde 1995, fotografías de Fallas que obtuvieron el primer premio y
cambios en los sistemas de montajes, siendo “al tombe”, el antiguo modo
de plantar la falla que continúan realizando algunas comisiones y otras
lo han recuperado, pero coincidiendo con fallas pequeñas y la mayoría en el
centro histórico de la ciudad. Y para no olvidar la pólvora hay una mascletá
en maqueta.
Además de la
valía artística de las figuras y grupos expuestos llama grandemente la atención
de los visitantes, si se lo dicen ya que no consta en los letreros
informativos, el ingenio y gracia de los artistas para soslayar, con doble
lectura y apurando al máximo posible, las limitaciones de expresión en épocas
de censura. Por ello es recomendable ir con guía que explique lo que el turista
no ve hasta que subsanen el error. Mientras que en algunas figuras o escenas el
mensaje es fácilmente perceptible en otras no, tanto en la referida época con
censura como posteriormente.
QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO
El Museo Fallero está instalado desde 1971 en el antiguo convento de la casa
misión de San Vicente de Paül, que fue acabado en 1831 y tras la
desamortización tuvo múltiples usos, entre ellos prisión, cuartel y almacén,
hasta que finalmente lo compró el Ayuntamiento de València, excepto la iglesia,
Santuario de Santa María de Monteolivete, que está abierta al culto.
Museo rehabilitado y reestructurado a principios de los años noventa del siglo XX, reinaugurado en 1995, y en el 2016 homologado como Museo oficial de la Generalidad Valenciana y nuevamente reestructurado en sus planteamientos museísticos, siendo una de las novedades la puesta en marcha de la sala de exposiciones temporales "Josep Alarte", como homenaje al promotor del museo y dedicada a muestras antológicas de la obra de artistas falleros.
En la larga
historia fallera siempre ha habido algún indulto por deseo de las comisiones u
orden de las autoridades, pero salvar ninots oficialmente se debe a la aceptada
propuesta del artista Regino Mas, de indultar una figura o grupo cada
año a partir de 1934. El día 19 de marzo de ese año una comitiva llevó el
primero, una abuela con su nieta, al Palacio de la Exposición,
sede de un Museo del Folklore que no cuajó.
El Museo Fallero es muy atractivo e interesante, pero con arduo problema de falta de capacidad. Por ello, es urgente ampliar el espacio expositivo ocupando el resto del edificio ex conventual, donde actualmente está la Junta Central Fallera, o buscar otro lugar, siendo el céntrico y casi desocupado gran edificio de Correos, uno de los estudiados. En su amplio y bello vestíbulo cabría una falla muy representativa. Sería un gran museo acorde con la importancia internacional de las Fallas, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
Desde el 17 de febrero del 2020 hay un protocolo general de actuación para potenciar institucionalmente la red valenciana de museos falleros, estando adscritos los de Alzira, Cullera, Gandía, los dos de València (Fallero y Artista Fallero) y el de Xàtiva.
El ex convento
y su iglesia resaltan grandemente con su estilo colonial en el entorno de los
modernos edificios de su vecina Ciudad de las Artes y las Ciencias.
Plaza de
Monteolivete nº 6.- Horario visitas:
lunes a sábados de 10 a 19 horas, domingos y festivos de 10 a 14 horas.
Texto de Esteban Gonzalo Rogel
sábado, 6 de marzo de 2021
viernes, 5 de marzo de 2021
EL REY FERNANDO VII LLEGÓ A VALENCIA
Jactábase Valencia de haber sido la primera en proclamar a Fernando VII, desafiando arrogantemente a Napoleón, con el grito del Palleter. El mismo Rey que en su retorno a España por 1814 y que a su paso por nuestra ciudad dejó la bomba que estallaría sobre la cabeza de los liberales, destruyendo las Cortes y el régimen constitucional, dejando a España en la más absoluta incultura, inseguridad y falta de modernidad.
Pero no voy a hablar sobre la biografía del monarca, ni del rey al que Napoleón devolvió la corona, ni del que fuera “El deseado” o “El rey felón”, ni tan siquiera del hecho histórico tanto para la ciudad de Valencia como de España en general, sino del entusiasmo como fue recibido en Valencia, de los preparativos para su llegada y los actos en su honor durante su estancia. Porque esta tierra tenía que quedar a la máxima altura para agasajar al Rey.
Todo comenzó cuando el 12 de marzo de 1814, el jefe político Valdemoros remitió al Ayuntamiento un decreto que hizo reunir al Cabildo de la Catedral y haciéndolo público de esta manera:
“A las ocho de esta mañana he recibido de orden de la Regencia, y por el Ministro de la Gobernación de la Península, ejemplares del Soberano Decreto de 8 del corriente, mandándose hagan rogativas públicas en todas las iglesias de la Monarquía, por la feliz llegada de nuestro amado rey a la capital de España y por el buen éxito de su gobierno bajo la égida sagrada de la Constitución. Me apresuro a pasar a V.M, un ejemplar para que pueda disponer inmediatamente su ejecución en esta capital, poniéndose de acuerdo con el Ilustrísimo Cabildo y Gobernador de la Mitra en lo que a cada uno corresponde, dándome el aviso correspondiente para mi gobierno “.
Hubo tres días de rogativas al Rey, vuelo de campanas y procesión con la Virgen de los Desamparados.
Valencia se engalanó como nunca lo había hecho. El Ayuntamiento se encargó de adornar la calle de Murviedro por donde sería el acceso al interior de la ciudad, junto con el puente y la Puerta del Real, y todas las calles que formaban el camino a la Catedral.
Las autoridades municipales extremaron el aseo de las calles, prohibiendo toda circulación de vehículos y de caballos, ausencia de perros y los que hubiera, con bozal. Los labradores con manta no entrarían en la ciudad, que no hubiera puestos portátiles ni pesos públicos. Los establecimientos de comidas abrirían de siete de la mañana hasta las nueve de la noche y las tabernas una hora antes. Las puertas de las casas abiertas y con la luz del zaguán toda la noche desde la puesta de sol, por si los forasteros no encontraban albergue debido a la escasez de hospederías y las pocas que habían estaban reservadas para el séquito del rey, con lo cual ningún vecino podía negarse al alojamiento de quien lo necesitara.
Para el descanso de él y su séquito se había acondicionado el Palacio de Cervelló, a falta del ya malogrado Palacio Real, y que con la opinión de los patriotas, quedaría limpio de la mancha francesa que dejó el Mariscal Suchet cuando se alojó en él. Delante de palacio se instaló un entarimado para orquesta y también otro en la Casa Vestuario para la orquesta Municipal.
El 15 de abril ya estaba en Segorbe retomando el camino hacia Valencia, que un mes antes había abandonado por rebeldía, cuando había salido de Gerona. El General Elío fue a su encuentro, le regaló su espada y le prometió restaurar el trono. En Puzol le esperaba Luis María de Borbón.
Llegó el día, el 16, y cientos de labradores se acumulaban a su paso en las cercanías del Monasterio de San Miguel de los Reyes. Le abrían camino tropas de los regimientos militares. Un improvisado arco a la entrada del puente del Real, sobre las cuatro de la tarde le daba la bienvenida con la presencia del Ayuntamiento en Corporación, para llegar a su lugar de alojamiento, que como he citado antes era el Palacio de Cervelló, que como se puede imaginar, era acompañado por una gran agitación popular desde ventanas y balcones, a pie de calle sin temor a enredarse entre los caballos, desde lo alto de farolas y tapias, todo el espectáculo de los que solo pensaban en el jolgorio general y en ver de cerca la cara del rey, que la perfidia francesa arrebató seis años atrás. Tras ello, besamanos, volteo de campanas, orquestas, estampido de cañón; y al anochecer una orgía de luces por toda la ciudad, dejando atrás la oscuridad de la que sufría normalmente cuando se sumía en la noche, castillo de fuegos artificiales y general alboroto y alegría hasta la medianoche.
Ni un solo día se desperdiciaron actos, visitas a modo de excursión por distintos lugares, cabe reseñar la agradable visita que tuvo en el Grao. Así un día tras otro hasta el 5 de mayo, en el que voy a recalcar algunos hechos tan solo por importantes para los valencianos. Por citar, y por orden de día: Solemne misa en la Catedral, donde se entonó el "Te Deum", y visita a la Basílica de la Virgen. Procesión de San Vicente Ferrer y velada en la Real Maestranza. Excursión al Grao. Peticiones de favores al Rey por autoridades eclesiásticas y por el Claustro Universitario. Visita al Colegio del Corpus Christi. Visita a la Academia de Bellas Artes. Visita al lago de la Albufera. Segunda visita al Grao para la fiesta que le habían preparado los matriculados marineros. Solemne misa en la Catedral y obsequios de los canónigos como despedida.
Llegó el día 5, a las siete y media de la mañana el rey salió del Palacio de Cervelló, con el gentío agolpado vitoreando con exclamaciones de “Viva el Rey”, pese a la hora temprana, y acompañado de corporaciones y autoridades. A las ocho suben al coche con el cortejo del Real Cuerpo de la Maestranza. Unos estudiantes de la Universidad estaban esperando a su paso en la Cruz Cubierta del camino de Játiva y el Rey se detuvo para escuchar los cantos que le habían preparado; enarbolaban una bandera negra en señal de luto por la partida del monarca y tras entonar las canciones con sus instrumentos rompieron estos para demostrarle que nunca más servirían para agasajar a otro. Y siguió hacia Madrid.
Texto de Amparo Zalve Polo
jueves, 4 de marzo de 2021
miércoles, 3 de marzo de 2021
TEMPLETES: PLAZA DEL AYUNTAMIENTO
MIRANDO HACIA ARRIBA
Si nos plantamos en el centro de la plaza del Ayuntamiento y miramos hacia el norte, es decir hacia la calle San Vicente, alzando un poco la mirada tenemos un par de templetes a la vista. El más alto, posiblemente sea el templete con más altura de València, está en la finca que antiguamente llamábamos de Los Sótanos porque hubo allí, en ellos, unos conocidos Grandes Almacenes con ese nombre, que tenían acceso directo desde la calle (hoy impensable esa circunstancia) amplias escaleras abajo.
Girando el cuerpo, mirando a los templetes del lado sur, el de la finca donde está Balanzá, esquina al Paseo de Ruzafa con calle Ribera es un elaborado y bello templete de dos pisos que hay que mirar con calma.
A continuación nos vamos a la esquina de plaza del Ayuntamiento con avenida Marqués de Sotelo y allí, en lo alto, encontraremos otro soberbio templete, en este caso con un bonito techado en forma de cúpula, del que podemos dar una primera visión de su construcción, allá sobre 1927/28, con la avenida falta de edificios y la obra del nuevo Ayuntamiento a medio acabar.
Esquina a Marqués de Sotelo en construcción. Archivo Municipal
Disponemos aquí de una vista actual del templete ya concluido.
martes, 2 de marzo de 2021
lunes, 1 de marzo de 2021
EL CENTENARIO HORNO RUAYA Y SU GRAFFITI
Los vecinos lo tienen muy visto, pero el forastero queda asombrado al ver el largo graffiti que embellece la pared de los espacios de trabajo del Horno Ruaya, en el número 21 de la calle del mismo nombre con esquina a la de Pineda, en el barrio Morvedre. Es de realización reciente, del 2018, y les ha librado de los pintarrajos que continuamente obligaban a pedir al ayuntamiento que los borrara, ya que los grafiteros tienen como norma no escrita respetarse mutuamente sus obras. Además, mejora estética en una calle antes estrecha cuya transformación en avenida, embellecida con palmeras, concluyó en el año 2001.
Horno montado en 1886 por la Familia Alemany que lo gestionó hasta que en 1980 se lo alquilaron a Joaquín Sastre Gimeno y María Pons, que procedían de panaderos de Alboraya y La Malvarrosa, respectivamente. Sus hijos Joaquín, María Dolores y Juana María continúan la dinastía panadera, labor en la que participa toda la familia.
En el establecimiento centenario, cuyo obrador preside desde 1905 un panel de azulejos con la imagen de San Antonio de Pádua, preparan exquisitas pastas, bollería, empanadillas, pastissets de boniato… mientras en la Panificadora F. Bueso, calle Ministro Luis Mayans nº 12, que gestionan desde el año 2002, cuecen los diferentes tipos de panes realizados manualmente.
Destacan el honor de haber tenido como clientes del horno de la calle Ruaya a las familias de los famosos artistas valencianos Concha Piquer y Nino Bravo.
En 1986 recibieron el Homenaje de la Cámara de Comercio de Valéncia por su condición de comercio centenario.
Texto de Esteban Gonzalo Rogel










































