viernes, 31 de julio de 2026

UN DOMINGO DE LOS AÑOS 20 EN EL CLOT


Pajarería en el Clot. Años 30. Fuente: Fotos antiguas de España y de la Comunidad Valenciana

Era domingo por la mañana cuando el sol empieza a despuntar sobre el campanario de la vecina iglesia de Santa Catalina.

El aire de “el Clot” todavía fresco pero ya cargado de agitación. El silencio está interrumpido por el traqueteo de los carros sobre los adoquines. Carros con grandes jaulas de mimbre cubiertas con telas de saco para impedir que las aves no se asusten durante el viaje. 

Vendedores ambulantes de Campanar, Benimaclet o Alboraya se disputan el suelo del anillo central de la plaza.


Colocan largas tablas de madera que se apoyan sobre caballetes y otros mantas y paja sobre el suelo adoquinado para suelta de conejos y pollos.


La acústica cada vez se hace más atronadora, porque todos cantan a la vez, los canarios, los jilgueros y los pardillos, estimulados por la luz solar que ya entra en vertical por el hueco del cielo de la plaza. Un concierto donde no falta el trino de los pájaros, el rítmico cacareo de las gallinas de corral y el griterío de los vendedores. 

Un hombre de blusa y gorra anuncia a gritos: ¡Pájaros finos de la Albufera! ¡Miren que jilgueros que cantan que da gloria! 

Todo tipo de hombres, porque de mujeres habían pocas, llenan de público la “Redonda”, labradores con fajín, burgueses con sombrero de copa baja y niños entrometiéndose entre las piernas de los adultos, respirando el olor a alpiste, alfalfa húmeda y estiércol. 

Un aficionado al silvestrismo, que capturaba y criaba aves de canto, se detiene ante el puesto de un cazador fijándose en un jilguero macho encerrado en una pequeña jaula. Tiene la pinta de estar muy agitado.

._ ¿Qué pides por el del pelaje bien encendido?

._ Es un fuera de serie. Lo cacé esta semana en los huertos de Ruzafa. Tiene un canto limpio, sin faltas. Dame cinco pesetas.

._ ¿Cinco pesetas por un pájaro que aún extraña la jaula? Te doy tres y me arriesgo a que en dos días se me muera de pena en la jaula.

._ ¿Tres? Por ese dinero te llevas una hembra para caldo. Cuatro cincuenta y te regalo un puñado de cañamones

El comprador acerca la cara a la jaula y el pájaro responde con un trino corto pero enérgico al silbido suave del hombre. Por costumbre el vendedor lanza un escupitajo al suelo como formalización del trato, y tiende la mano abierta del “pa ti, ni pa mi”. Ni facturas, ni papeles, monedas que el comprador saca del bolsillo del chaleco y se las entrega.

El jilguero va en una pequeña caja de cartón con agujeros para que respire hasta los soportales, apenas cinco metros para entrar en la fábrica de jaulas de Ramón Monleón. El aroma cambia rápidamente a madera cortada, barniz y alambre dulce.

._ Don Ramón, necesito algo noble para un jilguero que va a ser campeón.

._ Tengo esta jaula de cúpula hecha toda a mano, los alambres perfectamente trenzados y el comedero de porcelana.

Tras pagar la jaula cuza a la pajarería de Francisco Valero para comprar mixtura de semillas de primera calidad y un hueso de jibia para que el pájaro afile el pico.


A la una del mediodía y después de una larga mañana, el mercado empieza a disolverse. Las familias que han comprado pollos o gallinas para engordar en las terrazas de su casa se marchan con los animales metidos en cestas de mimbre por las que asoman las cabezas de las aves.

Todos recogen sus bártulos, limpian su trozo de suelo y marchan a las tabernas cercanas a gastarse parte de las ganancias en un vaso de vino y una tapa de salmuera. 

Poco a poco se recobra el silencio en “el Clot”, los barrenderos municipales listos para manguear el adoquinado dejando la plaza en condiciones para el comercio de encajes del lunes por la mañana.

Texto de Amparo Zalve Polo

miércoles, 29 de julio de 2026

1898 - PLANO DE VALENCIA


1898 - Ramón Ortega. Planimétrica.

Litografía. Tinta azul sobre fondo blanco. Litografía de Ramón Ortega.

Nombres de calles y plazas. Aparecen tramados e identificados los edificios públicos y dibujados los jardines y las lineas de tranvías y de ferrocarriles, asi como el arbolado.

El plano esta incluido en la "Guia Práctica" de Ramón Ortgea, de la cual se confeccionaron dos ediciones el 1898 y 1899,

Archivos particulares, Biblioteca Nacional

En buen estado de conservación.

Fuente: Cartografía Histórica de la Ciudad de Valencia.

sábado, 25 de julio de 2026

BUÑOLERÍA EL CONTRASTE

1947.- Archivo Familia.

En el bajo del número 61 de la calle Russafa, en el barrio del mismo nombre de Valencia, está la Buñolería El Contraste, que irradia fama por sus buñuelos, chocolate, churros, y berlinas.

Está regida por Mariano Catalán Blasco, biznieto de Vicente Blasco García, quien con su hijo Vicente Blasco Hernández, hacían buñuelos y churros por las comarcas valencianas de Ademuz y Ayora.

Mariano y Débora en la fachada.- 2026.- Esteban Gonzalo

Vicente Blasco hijo se casó con Dolores Catalán Honrrubia y en 1925 iniciaron en Valencia la preparación y venta de las delicias de pasta frita en una casa de comidas junto al lavadero público del barrio Russafa, donde la actual calle Maestro Aguilar. En 1936 se separaron y Dolores y sus hijos Dolores, María y Vicente continuaron haciendo buñuelos.

María se casó con Mariano Catalán Quiles y se establecieron en 1940 con una parada en el llamado Contraste, en el camino de Valencia, en un emplazamiento más comercial que el anterior familiar.

1957.- Archivo Familia

La mejora llegó el año siguiente con su traslado al bajo de un cercano edificio que fue derribado en 1994 para sustituirla por uno nuevo en cuyo bajo montaron la nueva buñolería, la actual.

1960.- Archivo Familia.

Mariano falleció en 1996 y su hijo mayor, también Mariano, a pesar de ser universitario en Económicas se hizo cargo del negocio, con tal decisión y entusiasmo, que se lo ha transmitido a su sobrino Alejandro Catalán, que ya le ayuda.

Dicen que son los únicos de la ciudad de Valencia que ofrecen buñuelos y churros de lunes a viernes todo el año, además de los fines de semana en invierno.

Además, con dos especialidades: buñuelos de manzana esperiega, la deliciosa autóctona de Ademuz, y de naranja, que preparan los jueves.

Calidad acreditada que corroboran numerosos comentarios boca a boca y en redes sociales.

Desde la calle Arzobispo Melo.-2026.- Esteban Gonzalo

Más de un siglo ofreciendo delicias fritas en un barrio con mucha vitalidad que se acrecienta en Fallas.

Fama irradiada fuera de España, ya que fueron contratados para hacer buñuelos en Central Park de Nueva York.

Ha sido una de las 13 empresas valencianas que han llegado a centenarias y por ello homenajeadas por la Cámara de Valencia en un acto celebrado el pasado 11 de junio en la Lonja.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel

jueves, 23 de julio de 2026

UN TROCITO DE PLAZA PARA EL ÚLTIMO SUSPIRO DE UNA HISTORIA


Como digo muchas veces, hay ciertas fotografías antiguas a las que no damos importancia porque además nos parece haberlas visto repetidamente con referencia al lugar y la época, y las pasamos de largo como si se trataran de una más.

Todas, todas hay que observarlas con precisión y entusiasmo porque no hay ninguna que no hable, que no cuente. Y esta es una de ellas.

Bien pues, admiremos esta fotografía que es del año 1926. Congela en el tiempo el último suspiro de una tradición milenaria reflejando el comercio más humilde, ruidoso y popular de la ciudad de Valencia.

Fotografía de tarde, los puestos del mercado en la puerta de la Lonja estaban recogidos, tan solo quedaban de “les paraetes” los armazones de madera, caña y las lonas enrolladas en ellos, ya no tenían que tapar el género. Estaban en un buen sitio de la Plaza del Mercado por varias razones, una porque aprovechaban la sombra que les propiciaba los muros de la Lonja y por otra parte se beneficiaban del flujo constante de personas que subían y bajaban los escalones para pasar por la calle Escalones de la Lonja hasta la Plaza del Doctor Collado.

Por la tarde, en ese mismo lugar unos cuantos años atrás, bastantes, cuando todavía estaban los soportales, los hombres acudían a un mercadillo popular, “el baratillo”, donde se compraba y vendía, se cambiaban capas y prendas de vestir de uso diario.

Ya no estaban las tardes para ello en ese lugar pero siempre quedó la tradición del cambalache donde en la década de los años 20 se intercambiaban en ese mismo punto estilográficas, mecheros, relojes de bolsillo y cualquier pequeño objeto que pudiera salir de un bolsillo.

Dando la espalda a la foto, justo en ese año, se estaba levantando la estructura del Mercado Central con la monumental armadura de hierro, las cúpulas y los pilares de ladrillo. Después de tantos años poco les quedaba a esos armazones de madera y lonas enrolladas con la reurbanización de la plaza, que poco a poco irían siendo demolidas o trasladadas a otro lugar para despejar el entorno de la Lonja.

Pues nos fijamos ahora en uno de los detalles que se nos podría haber pasado desapercibido. Me refiero a la caseta de madera en los escalones y pegada al muro de la Lonja. Era un despacho e inspección del mercado, que también se le llamaba caseta de arbitrios o del mustasaf. Ahí se custodiaban los patrones oficiales de pesos y medidas, comprobando que los vendedores no engañaban a los compradores. También servía como oficina de recaudación de arbitrios municipales para los vendedores que ponían sus puestos todas las mañanas. Además de todo esto actuaba de puesto de vigilancia para las autoridades que organizaban el orden en la plaza.

¿Tenía yo razón o no? Una simple fotografía que podíamos pasar por alto y que muestra un trocito con mucha historia. Y les paraetes y la caseta dejaron un día de ensuciar la fachada gótica de la Lonja.

Texto de Amparo Zalve Polo

martes, 21 de julio de 2026

1897 - PLANO DE VALENCIA


1897 - Anónimo. Planimétrica. Impreso en color. Tres tintas.

Representación de la planta de la ciudad con el señalamiento de gran nombre de edificios públicos, rotulación de calles, y trazado de la linea del tranvia. Contiene la alineación del Ensanche de 1887, pero bien de manera poco exacta.

Trabajo de escaso rigor, evidencia de numerosas irregularidades, principalmente en la zona exterior a la circunvalación, en la cual se observan ampliaciones de calles desproporcionadas, trazados erroneos y nomenclaturas fallidas.

Archivo particular de Enrique Miquel.

En buen estado de conservación.

Fuente: Cartografía Histórica de la Ciudad.

viernes, 17 de julio de 2026

ADRIANA COSTA, CERAMISTA

 

Adriana en plena tarea.- 2026.- Esteban Gonzalo

En el bajo del número 4 de la calle Músico Peydró, en el centro histórico de Valencia, tiene Adriana Costa Da Silva su tienda-obrador. Allí, a la vista de los viandantes, en una calle muy transitada por conciudadanos y visitantes, va creando pacientemente sus obras cerámicas que embellece con pinturas y bisutería.

El taller-exposición.- 2026.- Esteban Gonzalo

Vino de Paraná (Brasil) en el año 2013, y orfebre de formación aquí comenzó produciendo y vendiendo bisutería en este local, hasta que por el parón de la actividad económica ocasionada por la pandemia de la Covid-19, decidió aprender porcelana, cerámica en la Escuela de Manises, y decoración con metal. Y tanto le gustó que se dedica con preferencia a los productos del barro trabajado y decorado.

Cuando le visito tenía en adelantado proceso de terminación cerámico un jarrito con flores que posteriormente pintaría.

Sin antecedentes familiares, es artista por vocación.

Tienda-taller en una calle dedicada el 20 de mayo de 1931 al pianista y compositor valenciano Vicente Peydró Díaz (1861-1938).

Texto de Esteban Gonzalo Rogel

miércoles, 15 de julio de 2026

COMPRAR EN EL MERCADO CENTRAL DURANTE LA GUERRA CIVIL


Siendo Valencia la capital de la República durante gran parte de la Guerra Civil, el Mercado Central se convirtió en el eje principal para alimentar a la población y a los miles de refugiados que llegaban a la ciudad, aunque vendían en condiciones extremas debido al desabastecimiento, al estricto control militar y a los bombardeos.

La venta libre había desaparecido prácticamente, aunque como ahora vamos a ver existía sobre todo en la Plaza del Mercado y en las inmediaciones. En el interior del mercado se operaba con cartillas de racionamiento para distribuir lo poco que llegaba de la huerta.

La escasez de alimentos cada vez era mayor a medida que avanzaba el conflicto, obligando a la población a esperar horas en largas colas para adquirir los productos racionados básicos.

Podían perfectamente pasar la noche en la calle a la intemperie, bien sentados en sillas de enea o sobre mantas en el suelo, así guardando fila a la espera de los periódicos locales de cada mañana donde las autoridades publicaban el número de cupón que se iba a canjear ese día en el mercado, “cupón número 3 para 100 gramos de arroz”, aunque también se avisaba por bando. Todos bien atentos si no se querían perder la comida del día.

Pero ojo, que al ser Valencia zona republicana, el Ayuntamiento o la Junta de Defensa, imprimía sus propias cartillas. De tal modo que la que se imprimía en Valencia sólo servía para Valencia, en ningún otro pueblo ni ciudad de España. A veces las gestionaban los sindicatos, y en la portada se leía “Comisaría General de Abastecimiento ”o “Consejo Municipal de Valencia”

Se hacían en imprentas locales y el papel era de muy mala calidad. Hojas dobladas en dípticos o en trípticos con pequeñas casillas numeradas sin el nombre del producto, porque a saber qué alimentos iban a llegar ese día. Como había carencia de carnes y huevos, tan necesaria la proteína, en Valencia, se creó una cartilla especial, específica para regular la carne, aparte de la de los comestibles.

Los puestos de venta en el mercado perdieron la libertad de fijar precios. La comisaría de Abastecimientos controlaba con mucho rigor lo que se cobraba para evitar la especulación. Los mostradores los vigilaban los milicianos y los guardias para evitar saqueos, organizar turnos en las colas y que nadie comprara más de los estipulado por su cartilla.

Eran tan habituales estas colas y había tal cantidad de personas, que se hacían peligrosas, por lo que se diseñaron carteles alertando sobre la infiltración enemiga y los riesgos de los bombardeos.

Una vez logrado llegar al interior del mercado, en cuestión de minutos se agotaban los alimentos que llegaban de la huerta valenciana y tras pocas horas la mayoría de puestos tenían que cerrar por la falta de provisión, así que, tras pasar la noche esperando en la cola alguien se volvía a casa con las manos vacías.

La picaresca añadía que para duplicar turnos en diferentes puestos a la vez se utilizaban a niños y ancianos. Los había que con miga de pan borraban los sellos de las cartillas para ser despachada la comida por segunda vez.

Y que no estuviera a punto de terminarse algún producto, porque los empujones y discusiones, en parte debido al agotamiento físico y los nervios se hacían de notar.

El refugio más cercano al Mercado Central estaba en la calle Alta. Si sonaban las sirenas era el que más próximo les quedaba para los que allí estaban y para los vendedores, aunque a unos metros más tenían el del ayuntamiento o el de Serranos.

Los vendedores exteriores abandonan los puestos por negarse a vender el género a precio de tasa. ( Fot. Cabedo)

Pero tal y como se ve en la segunda fotografía, en el exterior del mercado, tanto en la propia plaza, como en las calles cercanas, habían muchas paradas clandestinas, debido a las estrictas regulaciones que sufrían los puestos del interior. La policía y los milicianos controlaban los precios y las cartillas dentro del edificio, por lo que muchos agricultores optaban por no entrar. Improvisaban pequeños puestos callejeros, incluso mantas en el suelo o directamente en los carros que habían transportado el género, y a precios libres, por supuesto más caro. Los guardias hacían la vista gorda en este caso. Pero como el Gobierno Republicano así los indicaba, de vez en cuando hacían redadas sorpresa en la zona exterior. De repente confiscaban toda la mercancía ilegal y detenían a los vendedores por delito de especulación.

Puede que la mayoría o no lo han vivido o no lo recuerden, mas bien sí la posguerra, pero se lo habrán contado que se hicieron muy populares los trampantojos culinarios. Tortilla sin huevo a base de harina, que la mayoría era de maíz o de almortas con agua, sal y un poco de bicarbonato, para que aquello subiera. Un toque de azafrán o colorante daría la ilusión amarillenta.

Aros de cebolla rebozados en harina y fritos recordarían a los calamares a la romana. Y sin dejar atrás la piel de plátano machacada como una excelente crema.

De café nada. El agua se infusionaba con cebada tostada, achicoria o algarrobas.

El chocolate era la pulpa de la algarroba seca y molida fina.

El pan era la mezcla de escasa harina de trigo con salvado, cebada, e incluso bellotas trituradas para cundir la masa.

En el campo se recolectaban plantas para cocinarlas en forma de gachas, tal como eran las tagarninas o las almortas.

Texto de Amparo Zalve Polo

lunes, 13 de julio de 2026

1894 - PLANO GENERAL DE VALENCIA Y SUS ENSANCHES

 

1894 - Anónimo. Planimétrica. Copia en papel ferroprusiato. El original está dibujado sobre papel entelado. Expresa el estado de la ciudad al comienzo de la década del 1890, es decir, pocos años después de la definitiva aprobación del Ensanche Interior, como las primeras propuestas de Reforma Interior conocida. Contiene en la parte inferior izqquiera una "Esplicación de las lineas y tintas convencionales que se adoptan para este plano" con los símbolos (en color el original) utilizadas para señalar las alineaciones vigentes dentro del Ensanche y en el Interior de la ciudad; líneas, ejes, zonas expropiables y edificables en los proyectos de nuevas calles; recorrido de los desagues y del valle cubierto; edificios públicos y religiosos importantes; principales calles y plazas; y la curvas de nivel del antiguo recinto urbano, equidistando 1 metro.

Su importancia radica en la incoprporacion de la altimetria (es el primer plano conocido con las curbas de nivel del antiguo recinto intramuros), y en la información relativa al Ensanche Exterior y a la Reforma Interior.

Respecto al Ensanche, el plano muestra perfectamente las nuevas alineaciones (cosa que no se observa con el plano del proyecto original, nº 40, dado el estado de conservación de la copia reproducida), y el estado de colmatación conseguido tan solo siete años despues de su aprobación definitiva.

Por lo que hace a la ciudad histórica incluye las alineaciones de las calles de la Paz (iniciada en 1878) y Navellos (desde la plaza de San Lorenzo, hasta la de la Constitución); y sobretodo los dosproyectos de las Grandes Vias, ineditas gráficamente, redactadas por el arquitecto Luis Ferrere (coautor también del citado Proyecto del Ensanche): "Proyecto de apertura de una Gran via de 30 metros entre las expuertas de Ruzafa y San José" (1891), y "Proyecto de calle de 25 metros que partiendo del puente del Real, termine en la calle de Guillen de Castro frente a la de San Pedro Pascual" (1893). El primero,todo y ser aprobado por el Ayuntamiento en abril de 1892, no fue ejecutado nunca; y del segundo desistió el Ayuntamiento en febrero de 1895, atendiendo que su trazado afectaba al nuevo Mercado Central que estaba en proyecto.

Estas dos vias aparecieron a partir de 1906, en los Proyectos de Reforma Interior de Federico Aymami (planos número 51 y 555).

Archivo Histórico Municipal. Valencia. En buen estado de conservación.