sábado, 21 de julio de 2018

ALTARES Y RETABLOS EN LAS CALLES DE LA CIUDAD

Archivo Municipal

La gran devoción religiosa que existía en la Valencia del siglo XVIII se manifestaba por la existencia en el año 1757 de más de quinientos retablos o altares, al igual que por la multiplicación de cofradías en recuerdo de santos diversos, a los que se organizaban fiestas y procesiones a lo largo del año.

Parte de los retablos estaban en el interior de las iglesias, pero la gran mayoría se hallaban a la vista en cualquier calle o plaza de la ciudad, compuestos por  azulejos de Manises, donde se podía observar al santo o sus milagros, o la estampa devota que se venera.

Casi nunca faltaban las flores puestas en hermosos búcaros, ni las lamparillas de aceites en los altares, que por las noches y durante el día lucían a cargo de los vecinos, o una persona así encomendada.

Se sentía gran devoción por San Pancracio, que resolvía las dificultades ante el trabajo, por San Blas, abogado contra los males de garganta, por San Roque que protegía contra los de la peste, y por San Antón, quien cuida a los animales domésticos. 

Se rendía culto a los santos patronos de gremios y cofradías, todos con su altar, aunque en mayor número eran los dedicados a la Virgen del Rosario que alcanzaba los setenta.

Del Archivo Municipal vemos a la Virgen en los Santos Juanes, mientras que el retablo cerámico de Jaume de Scals, ya de época moderna, situado ante la Almoina y en el exterior de la Catedral, nos indica que la costumbre en su exposición se prolongó hasta el siglo XX.

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