1932 - Junio - Las Provincias
viernes, 25 de noviembre de 2016
jueves, 24 de noviembre de 2016
SUGERENCIAS DE PRENSA: PUENTES...PRETILES.
Archivo Municipal
En 1908 la prensa local se hacía eco de los preparativos
hacia la Exposición Regional que el Ateneo Mercantil de Valencia tenía en su
horizonte, incluso sugería propuestas para la mejora de la zona, fijando su
atención en el cauce del río, en especial de los puentes que por su proximidad
iban a ser utilizados con asiduidad.
El periódico El Pueblo hacía referencia al proyecto del
Comité de la Exposición para la construcción de una pasarela, y como quiera que
el puente del Mar se consideraba muy estrecho por la densidad de su tráfico, lanzaba la idea que el presupuesto del Ateneo fuera entregado al Ayuntamiento
para la construcción de un nuevo y más amplio puente, quedando el del Mar -cuyo
ensanche tenía fijado un presupuesto municipal de 800.000 pesetas- como
peatonal y al servicio de la Exposición, lo que significaba un ahorro para el
Consistorio.
No quedaba ahí la cosa, pues la redacción del diario ampliaba su propuesta con la conveniencia de eliminar las “toscas barandas de
piedra” de los puentes del Real, Trinidad y Serranos, instando a colocar
barandillas de hierro, tal y como se había hecho recientemente en el puente de
San José.
Reforma que iría en beneficio de una mayor anchura para sus
estrechas aceras, además de que su estética “saldría beneficiada al ofrecer los
puentes un aspecto más airoso y elegante que en la actualidad”.
Mientras que las piedras eliminadas serían de provecho para
el tramo del pretil desde el inicio de la Pechina al Azud que había sido arrancado “por
necesidades de otros tiempos", así como en la parte opuesta, “desde el
puente de Serranos á “la Figuera”, según se decía en la crónica.
Lo cierto fue que el comité de la Exposición construyó “su
pasarela”. El Puente del Mar tendría su reforma, pero bastantes años después,
peatonal y con las escaleras de Goerlich.
Quizás, por las piedras eliminadas que denunciaba el
periódico El Pueblo, sea razón de la ausencia en nuestros días de bolas
herrerianas en el tramo comprendido entre los puentes de San José y el del Real,
observadas en el plano de Tosca en su margen izquierdo.
Salvo una que permanece.
miércoles, 23 de noviembre de 2016
martes, 22 de noviembre de 2016
EL EDIFICIO BALKIS CUMPLE 70 AÑOS
Es un montaje de Pep Valencia
1946 - Entre 1943 y la década de los sesenta tuvieron lugar los derribos para la futura avenida del Oeste cuyo eje iba a nacer en la plaza de San Agustín y en línea recta avanzar hacia su final ante el puente de San José. No fue así. La actual plaza de Brujas puso su límite.
Los primeros derribos fueron en la zona situada entre la calle Padilla y la plaza Pellicers. De una agrupación formada por los señores Hidalgo Pérez, Belenguer Giner y Llorens Salvador, surgió la idea de levantar el edificio que iba a ser el primero, cuyo hecho anecdótico compite y según los datos, con el que figura con el número 31. El "Edificio Balkis" recibió a sus primeros vecinos a partir de julio de 1946, una vez obtenido el permiso de ocupación por la gestión de José de Fuenmayor Champín, quien actuaba en representación de los citados señores, quienes se repartían la propiedad del edificio por tercios, con el compromiso de entregar una vivienda del primer piso, la número dos, a la propietaria del solar de 1.084 m2. Desamparados Marí Olmos, donde con anterioridad había existido un amplio y lúdico establecimiento conocido como Balkiss, que se correspondía con la manzana 262, cuyo nombre sería utilizado para el nuevo inmueble.
El edificio iba a ocupar una superficie de 835 m2, mientras que el resto seria segregado del primitivo solar para ensanche de la nueva avenida, aunque la calle Rafol a su espalda, destacaría por su estrechez, con apenas un "palmo de calzada". El Balkis estaba dispuesto en su planta baja para 14 establecimientos comerciales, diez de ellos con su correspondiente parte del sótano.
La foto nos habla de su personalidad diferenciada, al ser el único edificio de la avenida, hoy Barón de Cárcer, exento a cuatro calles: Beata, Rafol, plaza Pertusa que desaparecía para convertirse en el inicio de la calle Pilar ya existente y Jabonería Nueva, que también pasaba al olvido por la puesta en escena de la Avenida del Oeste.
También llama la atención por la numeración interior de sus 35 viviendas, que se distinguen por su arranque con el número 46 en el primer piso, hasta alcanzar el 80 en el octavo y último.
Ello se explica a que el "entresuelo" estaba dispuesto en departamentos para 18 tiendas todas exteriores, que después sería utilizado en su totalidad por Radio Nacional de España, con la segunda planta conocida como "principal", compartida por 27 despachos. Esta numeración fue contemplada a partir de 1949, pues con anterioridad las viviendas iniciaban su numeración con el número 1 en el primero, para finalizar con el 35 en el último.
¿A qué se debe el cambio en los ordinales? ¡Quién sabe! Quizás por decisión de la propiedad, sin desdeñar fuera del “portero del Balkis”, institución ésta que alcanzó gran popularidad en el edificio.
Las viviendas fueron ocupándose con la llegada de sus familias que lo fueron así: en el año 1946, siete; 1947, seis; 1948, cinco; 1949, cuatro; 1950, una; 1951, cinco; 1952, dos; 1953, dos; 1954, una; sin tener el dato cierto de las dos que nos faltan, ocupadas con posterioridad.
Un hecho anecdótico y del que hoy se cumplen setenta años, es el "del primer nacimiento en el Edificio Balkis", que lo más verosímil fuera también en la nueva avenida, que se debe al de mi hermano, Angel Cob, que tuvo lugar en la vivienda del portero donde vivían nuestros padres, con acceso a la gran terraza que corona el inmueble que cuenta con dos patios interiores o deslunados, muy amplios, que dan luz a la parte interior de las viviendas, todas con vistas al exterior.
¡Felicidades hermanito!
(Con mi agradecimiento a Rosa Sanchis Belenguer de la Farmacia Balkis por la fotografía y a Juanjo Guerao por su eficaz ayuda)
lunes, 21 de noviembre de 2016
CARTA DE BLASCO IBÁÑEZ
1919 - Una carta de Blasco Ibáñez en la que menciona la calle
Jabonería Nueva, donde había nacido,
Jabonería Nueva, donde había nacido,
domingo, 20 de noviembre de 2016
UNA PLACA AL ACTOR MORA
Archivo Municipal
1934 - Domingo 18 de noviembre,
la antigua calle conocida popularmente como “antigua vía de Betera” pasó a denominarse como
del Actor Mora. En su recuerdo el Ayuntamiento había tomado en el anterior mes
de septiembre la decisión de su nombre y colocar una placa de piedra que la rotulara. Se cumplía el centenario de su nacimiento en el populoso barrio de Movedre,
en cuya casa natalicia de la calle Sagunto sería colocada a continuación una
lápida en su memoria.
Día activo para el Consistorio,
pues en el acuerdo municipal se había acordado también celebrar el mismo evento
para Eduardo Escalante, que había sido llevado a cabo en aquella misma mañana
en la barriada del Cabanyal, momentos antes. Se reunía en ambos una gran
amistad, igualmente epistolar, lo que hizo que el Consistorio fijara su
atención en ellos de la mano de Lo Rat Penat, alma de las celebraciones.
Ascensio Mora, propietario de una
prestigiosa pastelería de la barriada de Ruzafa que había conseguido un gran
éxito en el teatro Princesa con la comedia “Un héroe de Conchinchina”, en
valenciano, que superó las mil representaciones, gozó de gran popularidad.
Los hijos del actor y otros
familiares junto la Banda de la Vega, el Orfeón de la Vega y la Sociedad de
Socorros Mutuos La Protectora esperaban
a la numerosa comitiva que llegaba desde el Cabanyal, para dar inicio al acto
inaugural descubriendo la lápida doña Juana Mora, con discursos a cargo del
señor Gayano de Lo Rat Penat, el también actor Salvador Mora, hijo del
homenajeado, y el Alcalde Gisbert quien elogió los grandes méritos artísticos
de Ascensio Mora que tenían su continuación en su sucesor, a quien tras
estrechar un fuerte abrazo, se dio por finalizado el acto, con traslado a la
casa natal.
sábado, 19 de noviembre de 2016
viernes, 18 de noviembre de 2016
UNA PLACA A EDUARDO ESCALANTE
Archivo Municipal
1934 - Autor nada encorsetado antes las costumbres del momento,
prolífico en sus géneros, narrador costumbrista tal y como demandaba la época,
se ganó el entusiasmo del público que disfrutaba con sus sainetes entre unos
aplausos que abarrotaban las salas del Principal y del Princesa.
Eduardo Escalante tenía su calle en el Cabanyal y en su
homenaje, el ayuntamiento, cuando se cumplía el centenario de su nacimiento, el día 18 de noviembre de 1934 inauguró allí una lápida dentro de un acto que iba a
tener su continuidad homenajeando en el mismo sentido al actor Ascensio Mora, y
con la celebración de la “Fiesta al Sainete”, como titulaba la prensa, en el
Teatro Libertad (nombre que adoptó el Princesa en aquellos años) en honor de
ambos personajes que se llevó a término en la noche del día siguiente.
La lápida a Escalante la descubrió su nieto Eduardo a
petición del alcalde Gisbert cuando había llegado la comitiva a hora temprana,
a las 10,30 horas, compuesta por los concejales y una representación de la
Diputación que se vio acompañada en el acto por enviados por parte de las
Cámaras de Comercio y Agrícolas, al igual que de la Sociedad Valenciana de
Actores, la Societat Valenciana d’Autors, del Conservatorio de Música, de la Academia de Bellas Artes, de la Acció
d’Art y Lo Rat Penat. No faltaron otras personalidades, así como el autor de la
lápida Marco Diaz y familia del homenajeado.
Los habituales discursos, tras la lectura del acta municipal
y descubrimiento de la lápida, corrieron a cargo de Peris Celda por parte de
los autores valencianos y de Gayano Lluch por Lo Rat Penat, quienes glosaron a
Escalante, para finalizar el acto con unas palabras del Alcalde entre aplausos
de los concentrados.
La "fiesta" tendría su continuación en la calle del Actor
Mora, con su nuevo nombre, a donde se trasladó la comitiva.
jueves, 17 de noviembre de 2016
miércoles, 16 de noviembre de 2016
LA PRIMERA FUENTE PÚBLICA EN VALENCIA
1806 - En torno a la plaza del Mercado giraba la vida social de la ciudad como punto de encuentro comercial y también lúdico. La famosa horca concentraba la atención ciudadana atenta al reo ante el poder de la justicia. Huerta y ciudad hermanaban sus deseos superadas las murallas. Es así cómo se explica que fuera el lugar idóneo para situar la primera fuente pública de la ciudad, propicia para saciar la sed de quienes a diario acudían a sus proximidades.
De ornamentación barroca, regaló por primera vez sus aguas un 8 de mayo de 1672, obra del arquitecto Juan Bautista Pérez Castiel quien durante más de treinta años destacó por sus muchas manifestaciones artísticas, entre las que sobresalieron el Colegio San Pio V y la remodelación del presbiterio de la Catedral.
La fuente estaba situada frente a la fachada barroca de los Santos Juanes, equidistante entre la Lonja y el Principal, tal y como se observa en el plano del Padre Tosca de 1704. Para su ornamentación, el principal recurso del autor fueron motivos vegetales en remembranza a la huerta que ofrecía sus productos al mercado.
martes, 15 de noviembre de 2016
lunes, 14 de noviembre de 2016
LA PLAZA CAJEROS
Archivo Municipal
1927 Ca.- Con la reforma de la plaza Castelar, cuando terminaba la
década de los veinte, desapareció la Bajada de San Francisco. No se fue sola.
En su huida hacia al futuro por exigencias de la modernidad, aceras y calzadas
iban a necesitar un mayor espacio, por lo que la plaza de Cajeros tomaba el
mismo viaje, a la que hasta entonces se había accedido desde las calles
San Vicente, Fuentes, Bajada de SanFrancisco y Colchoneros que venía de la plaza dels Porchets.
La vida comercial de siempre, reinante en la plaza, estaba
llamada a permanecer intacta, aunque cambiando el decorado, más acorde a los nuevos
aires donde si el pasaje Ripalda mantenía su prestancia, los aromas de
Robillard iban formar parte del andamiaje de los recuerdos.
Plaza más bien estrecha pero muy concurrida, sus
establecimientos tenían garantizada la venta perdurando en el tiempo. Las
camiserías de Alvaro Oltra y la de Abdón Sánchez con sus complementos, vestían a
su fiel clientela, mientras que la sombrerería de Enrique Saval ofrecía el
último modelo que iba a dar mayor empaque al burgués acomodado. O a quien deseaba aparentarlo.
En Albert Ricart, peluquero, con sus masajes y paños
calientes tras el afeitado diario, se comentaba el último acontecimiento de la
vida social valenciana y Manuel Armengod, relojero, ponía en hora tanto a la
muñeca como al bolsillo del chaleco, según las preferencias, de sus clientes.
En la Papelería Vila con su material de escritorio se abastecían despachos y empresas mercantiles, con sus cuadernillos cuadrículados
y hojas de Diario o de Mayor. En la Farmacia de Bernardo Aliño se tomaba la tensión arterial y las mejores purgas estaban garantizadas.
Y cómo no, el Salón París de Paco ofrecía limpieza de zapatos, escritorio, retretes, lavabos y reparto rápido de cartas y paquetes a domicilio, según consta en un anuncio de la época.
Los derribos se sucedían y la plaza de Cajeros pasaba a mejor vida.
El Pasaje de Ripalda tenía un buen seguro de vida.
El Pasaje de Ripalda tenía un buen seguro de vida.
domingo, 13 de noviembre de 2016
sábado, 12 de noviembre de 2016
SOBRE LA EDUCACION ESCOLAR EN EL BARRIO DE BENICALAP - III
LA ESCUELA DE D. EMILIO NADAL
1955 - La escuela de D. Emilio Nadal estaba ubicada en la calle de
la Florista, en el primer piso del almacén de trapos “Casa el Quinto” que daba
a la misma calle, si bien, el almacén ocupaba un espacio que iba de la Avenida
de Burjasot, en la actual Bankia, a la calle de la Florista.
Llegabas al rellano de la primera planta y había dos pisos.
El de la izquierda era la zona donde se impartían las clases y en el piso de la
derecha era la vivienda de la familia Nadal. Recuerdo que el piso del colegio
era toda un aula careciendo de habitaciones. Era un espacio amplio donde había
pupitres y mesas con bancos donde
los críos de todas las edades se sentaban.
Una mesa colocada en lugar estratégico en el centro,
pertenecía a D. Emilio, que con una
buena voz y una paleta cuyo golpe sonaba
a estruendo, ayudado con la supervisión
de la Sra. Emilieta, su mujer, imponían el silencio y por descontado orden. Si
había algún rebelde que alteraba, allí estaba la paleta de D.Emilio para
señalarle el recto camino. La Sra. Emilieta se encargaba de cuidar a los más
pequeños y cuidar la clase cuando D. Emilio, por cualquier circunstancia, tenía
que ausentarse.
La terraza del piso era amplia y aprovechaba como recreo de
los alumnos. Los pupitres eran de madera, si bien, no era extraño que
sobresaliera algún clavo que esgarrara más de un pantalón.
Era el colegio privado para aprender las cuatro reglas y se
preparaba el ingreso para el bachillerato. La mayoría eran niños que llegada la
edad no se permitía estudiar en el
colegio de monjas y era el único sitio
donde se podía seguir estudiando. Recuerdo que D. Emilio seguía formándose en
la Facultad de Filosofía, y que cursaba estudios de piano. El colegio
desapareció con su muerte.
Con antiguos alumnos que he hablado hay un grato
recuerdo e incluso algunos me han
comentado que aquí fue donde aprendieron las bases elementales que les
sirvieron en su vida.
Texto: Eduardo Donderis Folgado
viernes, 11 de noviembre de 2016
jueves, 10 de noviembre de 2016
UNA LÁPIDA PARA EL CARDENAL BENLLOCH
Archivo Municipal
1923 - La relevancia del Cardenal Benlloch había alcanzado el punto
más alto en su carrera sacerdotal. Hacía escasamente dos meses cuando cumplía con su misión diplomática en Sudamérica dispuesta por el Rey Alfonso XIII. No
es de extrañar pues que el Consistorio decidiera rotular una plaza con su
nombre. La elegida fue la situada enfrente al Palacio Arzobispal que cambiaba
su nombre el 9 de noviembre de aquel año, hasta entonces conocida como del
Arzobispo.
En aquel día se había dispuesto un estrado ante la Cerería
del Palau para inaugurar la lápida que estaba cubierta por una cortina con los
colores de la bandera española. A las once de la mañana una nutrida comitiva partía del Ayuntamiento compuesta por las más altas personalidades en representación del Consistorio, Diócesis, Gobierno Civil, estamento militar y universitario que estaban acompañados por el Cronista de la Ciudad. No podían faltar a la cita la Cámara de Comercio, la Junta de Obras del Puerto, la Cámara de la Propiedad y otras entidades culturales, en un marco que procuraron solemne.
La comitiva llegó a la plaza precedida por maceros y alguaciles con una sección de la Guardia Municipal. Ya en la tribuna el alcalde, general Avilés, pronunció un efusivo discurso glosando al Cardenal Benlloch, para a continuación proceder a descubrir la lápida, obra del artista Constantino Gómez, cocida en la Escuela de Cerámica de Manises, ante la ejecución de la Marcha de la Ciudad por parte de los timbales y clarines.
Terminó el acto en uno de los claustros del Palacio Arzobispal donde se procedió a la toma de unas fotografías de los invitados como recuerdo del acto.
En la foto se observa la proximidad del antiguo palacio que, de nueva planta, fue construido tras la guerra civil.
La plaza del Cardenal Benlloch, volvía a su antiguo nombre del Arzobispo.
La comitiva llegó a la plaza precedida por maceros y alguaciles con una sección de la Guardia Municipal. Ya en la tribuna el alcalde, general Avilés, pronunció un efusivo discurso glosando al Cardenal Benlloch, para a continuación proceder a descubrir la lápida, obra del artista Constantino Gómez, cocida en la Escuela de Cerámica de Manises, ante la ejecución de la Marcha de la Ciudad por parte de los timbales y clarines.
Terminó el acto en uno de los claustros del Palacio Arzobispal donde se procedió a la toma de unas fotografías de los invitados como recuerdo del acto.
En la foto se observa la proximidad del antiguo palacio que, de nueva planta, fue construido tras la guerra civil.
La plaza del Cardenal Benlloch, volvía a su antiguo nombre del Arzobispo.
miércoles, 9 de noviembre de 2016
martes, 8 de noviembre de 2016
ESFINGES EN LAS ALAMEDITAS DE SERRANOS
Archivo Municipal
1945 Ca. - Corría el año 1830 cuando el corregidor-gobernador de Valencia Barón de Herves
ordenó limpiar el terreno comprendido entre las puertas de la Trinidad y de
San José, que de antiguo era ocupado por
los madereros; zona muy abandonada que corría junto a los pretiles del Turia en su margen derecho
ante las Torres de Serranos.
Es así como nace la idea de la construcción de las
“Alameditas de Serranos” que situadas una entre los puentes de San José y de
Serranos, diseñada por el arquitecto Francisco Ferrer en 1832, la que se
extendía desde este último hasta al de Trinidad, que observamos en la foto, su proyecto había nacido
de las manos del arquitecto Cristóbal
Sales en 1830.
Años después, el 2 de septiembre de 1837, se acometió la
instalación de unas escalinatas de piedra diseñadas por Salvador Escrig
Melchor, quien trazara la plaza Redonda, como punto de acceso a las "dos
alameditas" situadas en los flancos del puente de Serranos. En la que se
extendía hacia el puente de la Trinidad, se colocaron en 1838 dos esfinges de
autor anónimo, una de frente a la otra, como ornamento al acceso.
Sin embargo no siempre estuvieron situadas en el lugar al
que habían sido destinadas. En la década de los cuarenta, tal y como vemos en la
foto, se fijaban a lo largo de un paseo necesitado de reformas, para ser
colocadas tras la riada de 1957 ante el Pont de Fusta, construido a partir de
1959 que había dejado de ser de madera. El tranvía de la serie 400, fabricado por Construcciones Móviles del Grao en 1943, nos indica la época.
Y allí siguen, pero ya ante un nuevo puente que vuelve a ser
de madera, peatonal, junto a otro que da paso al tráfico rodado desde 2012.
lunes, 7 de noviembre de 2016
domingo, 6 de noviembre de 2016
LAS PUERTAS DE LAS TORRES DE QUART
Archivo Municipal
1950 Ca - Corría el año 1449 cuando en las Torres de Quart, cuyas obra
de construcción se había iniciado ocho años antes, se colocaron las grandiosas
puertas que iban a cerrar su paso. Contribuirían por sí mismas y con el tiempo
al dicho de “a la luna de Valencia” a quienes se iban a quedar fuera de la ciudad,
una vez cerradas al toque de campana del Micalet, torre campanario, que, a la sazón, había sido culminada unos años antes, en 1426.
El Palau de la Generalitat estaba casi concluido en su
primer estadio, cuando llevaba veintisiete años en construcción, a falta de la torre. El esplendor
del XV en Valencia se manifestaba con sus obras.
Archivo Municipal
La construcción de las torres estaba tan avanzada en aquel año de 1449 que la instalación de sus puertas era de necesidad. De contextura muy sólida, a diferencia de las de Serranos, predomina en ellas la mampostería.
Cuentan las crónicas que la colocación de las puertas supuso todo un espectáculo, pues congregó a una enorme multitud admirando la esbeltez de las torres que en aquel momento estaban rodeadas de un gran andamiaje que no dificultaba su visión.
Próxima a la torre norte, estaba situada la Casa de la Fundición, considerada la más famosa de España, lugar donde se fundían metales para la fabricación de campanas y otros herrajes. En sus hornos se fundió y templó la espada de Isabel la Católica, que hacía juego con la firmeza de su carácter.
Próxima a la torre norte, estaba situada la Casa de la Fundición, considerada la más famosa de España, lugar donde se fundían metales para la fabricación de campanas y otros herrajes. En sus hornos se fundió y templó la espada de Isabel la Católica, que hacía juego con la firmeza de su carácter.
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