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miércoles, 1 de enero de 2014

“CARRANCS” Y ZAMBOMBA

CARRANCS Y ZAMBOMBAS AÑOS 40

Años 40 - Si hubiese que aglutinar los festivos días de Navidad, Año Nuevo y Reyes Magos en una sola palabra, la que más puede servirnos para identificar todo lo que en ellos se representa es la “ilusión”. Por nuestra cultura cristiana, la ilusión de celebrar el nacimiento del Niño en un humilde portal de Belén; el Año Nuevo nos invita a la ilusión de un volver a empezar que deseamos mejor; y en la festividad de los Reyes Magos la ilusión que despierta en los niños esperar a su llegada. Y se manifiesta tanto entre villancicos como en las campanadas de las uvas o en el colocar unos zapatos en el balcón de la casa un instante antes de irse a la cama. Y que mejor y más sincera es la que manifestábamos en nuestros años infantiles con el tra-ca-traca "dels carrancs” o el zum-zum de la zambomba; como la que adivinamos en los niños que vemos en los escalones de la Lonja, bien pertrechados con ellos, una vez adquiridos en los puestos cercanos torno al Mercado Central en tan festivos días navideños de los años 40. Tradiciones lamentablemente perdidas, sí, pero no una ilusión que por fortuna intacta les permanece.

domingo, 24 de diciembre de 2017

EL SÓTANO DEL MERCAT CENTRAL


Archivo Municipal

1935 Ca. - En los días previos a la Navidad de los años cincuenta no era este, precisamente, el aspecto que presentaba el sótano del Mercado Central que por lo que se observa en la foto no debía de hacer mucho tiempo de cuando su inauguración en 1928.

La década de los cincuenta se correspondió con los años de las estrecheces y las restricciones de luz, con los zapatos de media suela y los pantalones con remiendos, con los litines en la mesa y la zarza como refresco, mientras un vaso de Jumilla calentaba el cuerpo en la barra de un bar. El Rioja aún no había llegado a sus anaqueles, aunque el racionamiento había pasado al olvido, desaparecido en el año de 1952. 

Sin embargo, con la llegada de las fiestas navideñas y con ellas la noche de Nochebuena y la comida de Navidad, había que estirar de la manga al calor de la familia que se reunía con larga sobremesa afinando villancicos que siempre eran los mismos.

El suministro de gallinas y pavos vivos más algunas que otras viandas estaban gustosamente garantizados en los bajos del Mercado Central, donde también se ofrecían las zambombas y los “carrancs”.

Papadas y crestas rojas competían exultantes unas con otras ante los clientes que asistían con sus cestas de mimbres dispuestas para la mejor oferta a pesar de unos bolsillos que tanto en cuanto llegaba la Nochebuena estaban esquilmados.

Y pese a ello, aún había que hacer un aparte para las estrenas, en especial las de los padrinos a sus ahijados: una costumbre ya sin arraigo fustigada en su olvido. 

La cuesta de Enero presentaba sus primeros pasos.

miércoles, 25 de diciembre de 2019

EN LAS NAVIDADES DE LOS CINCUENTA


Hacer la lista y buscar la libretita para revisar las direcciones de familiares y amigos, aunque vivieran a dos manzanas, para enviar las postales de Navidad. Es la primera tarea para empezar las fiestas. El deseo de compartir felicidad y de llenar los aparadores con decenas de tarjetas semiabiertas con vivos colores de gráficos, belenes infantiles para los mas jóvenes y otros algo más clásicos para los más mayores.

La televisión está preparada para que Pepe Isbert nos acompañe un año más en la película “La gran Familia”. El Belén con multitud de figuritas, cada año dos o tres a añadir, mientras que suena un tocadiscos “Dime niño de quien eres, todo vestidito de blanco...”. Otros prefieren cantarlos  ambientando con “carrancs y panderetas".











Para que no se diga, en Valencia tenemos una gran feria que ponen en la Alameda, en la que no faltan ni el Látigo, ni la Montaña Rusa, ni el “pringarnos” la cara con el algodón de azucar.

Llegado el día de Navidad, y después de la opípara comida de la que hablaremos ahora mismo, es costumbre en los niños dar la vuelta a la mesa y besar la mano cerrada de los mayores para que al abrirla puedan recoger las estrenas, cada uno lo que pueda dar, y en el mismo día gastarla en el kiosco cercano o en la feria por la tarde.

Habrá que preparar dos botellas, una de vino, y otra de champagne junto a una pastillita de turron del duro, el de Alicante, para el guardia urbano.

Nos sentaremos a la mesa habiendo preparado algun guiso con gallina, muy típico en Valencia de toda la vida. Al día siguiente, Navidad. Ahí tomaremos "puchero". Acompañaremos la comida con dulces, principalmente boniato y calabaza asada, turrón, frutas escarchadas y chocolates. Sin olvidar “el cascajillo” con avellanas, nueces, pasas, e higos secos.

Y a esperar al dia de Reyes y que no nos traigan carbón.

Texto de Amparo Zalve Polo