miércoles, 14 de diciembre de 2016

ALAMEDITAS DE SERRANOS


Archivo Municipal

Años 30 - El puente de San José fue ensanchado en 1906 retirando entonces las estatuas de Santo Tomas de Villanueva y de San Luis Beltrán, ambas de Ponzanelli, que serían instaladas finalmente en el puente de la Trinidad en los años cuarenta.

Con la ampliación,  el puente no sólo perdía los dos santos,  sino también sus barandas de piedra que fueron sustituidas por otras de hierro, estando estas en uso hasta el inicio de los años 50 cuando volvieron a ser de piedra, lo que hizo posible la ubicación de una estatua, que como no podía ser otra, se encomendó al artista Octavio Vicent la realización de un monumento en homenaje a San José inaugurado en 1951.

En la foto de los años 30 vemos en primer lugar una de las "alameditas de Serranos" en primer término, construidas en 1830, que serían sometidas a remodelación en 1938, con la Casa Socorro al fondo y el puente de San José, que con sus barandillas de hierro hacía posible una mejor visibilidad de la zona en su conexión hacia Tendetes.

El Convento de San José queda a la izquierda, donde se observa el paso lento de un grupo a caballo que bien pudiera ser de la policía municipal.

lunes, 12 de diciembre de 2016

CALLE BOLSERIA, EPICENTRO DE LA GUITARRA ESPAÑOLA



1933 - Cuando en este año los huelguistas detuvieron y volcaron este tranvía, bloqueando la entrada de la calle de Bolsería, todos los fabricantes de guitarras vivían ya en otros lugares de Valencia.


Cien años antes, esta calle albergaba a muchos luthiers valencianos importantes. Por lo tanto, esta calle puede considerarse como el centro de producción (el epicentro) de la guitarra española (o de la “guitarra valenciana”, como a menudo se la denominaba entonces). Estos luthiers formaron la base de una industria de la guitarra para el mercado mundial. Las exportaciones a Hispanoamérica y las Filipinas formaban parte de su negocio en el día a día. Algunos nombres famosos en esta calle eran Sentchordi, Pau, Reig y Adam.

En su entrada sur cerca del Mercado Central, la calle está guardada por la iglesia de los Santos Juanes. Durante siglos, esta iglesia parroquial fue el centro de la industria maderera de Valencia.

Por tanto, la calle Bolsería es un ejemplo típico de una antigua área dedicada al trabajo en madera. El gremio de los madereros tenía su propia capilla dedicada a San Lucas y San José. En 1482 el gremio de los madereros declaró de una vez por todas que los fabricantes de instrumentos y los aserraderos pertenecían a su gremio. Esto quiere decir que la industria musical existía en Valencia desde muy antiguamente. Se tiene noticia de Ponc Morell, de Valencia, que es el fabricante de instrumentos más antiguo conocido (1353).

Los gremios eran capaces de controlar prácticamente todo lo relacionado con su negocio: desde la compra de materiales hasta la definición de habilidades y estándares, los salarios, los precios de venta, el número de tiendas, los convenios entre empresas, el cuidado de las garantías sociales o la ejecución de las sanciones en caso de la violación de acuerdos.

Nota: durante siglos, el gremio tuvo un almacén de madera junto a un aserradero en Valencia. Este almacén suplía de todas las partes de madera necesarias a las diferentes tiendas madereras y de instrumentos.

En Bolsería 18-24, Agustín Laborda imprimió un método de guitarra en 1758. Decidió hacerlo en dos idiomas: castellano y valenciano. Su imprenta también incluía una librería.

Aparte de los fabricantes de instrumentos y las librerías, la calle Bolsería albergaba muchas tiendas de ropa, telas y lana. Los suministros de alimentos se vendían en el Mercado que estaba a la entrada de la calle, junto a la iglesia de los Santos Juanes.

Durante el siglo XIX cada vez más luthiers decidieron trabajar de forma independiente, lejos de la influencia del gremio, y consiguieron crear su propio ambiente de negocio. Hacia 1910 casi todos los talleres de la calle Bolsería habían desaparecido. Los luthiers más importantes decidieron llevar su producción a los nuevos barrios valencianos en áreas industriales.

La actividad el gremio se vio limitada a definir las habilidades y servir como plataforma para los miembros. La calle Bolsería se convirtió en una calle colorida, agradable y popular.

Texto de Ton Bogaard
Traducción: Lucía Vergara Herrero

sábado, 10 de diciembre de 2016

TORRES DE QUART. LAS OTRAS CICATRICES


Cuando el 25 de Abril de 1946 se aprobó el informe, por parte de la autoridad militar, de que las Torres de Cuarte tenían que cesar como cárcel de los presos militares que allí se albergaban, la suerte estaba echada; su misión como cárcel tocaba a su fín.


Así, el 1 de Junio de ese mismo año de 1946, con la firma del Gobernador Militar, General Carlos Ruiz del Valle, y subsiguientes pasos en la cadena de mando, al Capitán General, y al Ministro del Ejército, finalizaba éste monumento, su triste pasado, uno de los iconos de la Ciudad de Valencia.

Fueron entregadas y  recibidas las torres por parte del Ayuntamiento de la Ciudad, y se vieron las otras huellas de un pasado; no las de las guerras, con las marcas de los tiros y cañonazos, sino sus interiores. 

Esas huellas que en sus entrañas se hicieron para acondicionarlas como cárcel, y que hoy en día no se pueden ver, porque su rehabilitación borró, como no podía ser de otra manera. 

Pero ahí están éstas fotografías, como testimonio de ello, y desearía, que el lector de éste artículo, se sumergiera, en la dimensión de otro tiempo, y viera, lo que vieron otras gentes. 

Orificios donde se apoyaban vigas para crear espacios entre sus grandes huecos, escaleras y estancias; pero vale más unas fotografías, que mil palabras. 


Como anécdota comentaré, que el patio de distracción o esparcimiento de los presos, fueron sus terrazas, y cuando se asomaban por sus antepechos, todavía sin almenas, se les podía ver desde la calle o desde las fincas inmediatas.

Hoy las vemos rehabilitadas, y lucen en todo su esplendor, tal como fueron construidas y terminadas, a mediados del Siglo XV.

Texto Germán Gómez.

Fotos Archivo Municipal

jueves, 8 de diciembre de 2016

LA PLAZA DEL MERCADO EN LOS AÑOS SESENTA



Para captar fondos la Asociación Valenciana de Información y Ayuda al Toxicómano (A.V.I.A.T) vendió en 1981 participaciones de 100 pesetas para “obsequiar” con un automóvil Seat Panda 35 a quien resultara elegido ante notario el día 31 de agosto de ese año.

La participación y las características de la rifa estaban en el dorso de una tarjeta postal con una fotografía de la plaza del Mercado tomada desde el final de la calle María Cristina en los primeros años sesenta del siglo veinte. Destaca por lo variada, al haber muchos vehículos y ninguno duplicado excepto el tranvía, un 200 con remolque de igual tipo de carrocería, una rareza en la línea del siete. Remolque con publicidad de la entonces muy conocida lejía Los Tres Ramos, que “protegía la ropa”.

En la parte central de la imagen además del mencionado tranvía hay un coche de caballos con recién casados, en el camino de serlo o van a recogerlos; en la parte derecha está estacionada una furgoneta DKW, y delante de la Llotjeta, en batería, una furgoneta Citroën, un Renault modelo Daufine o Gordini y un Seat 600.

Finalmente por la calle Palafox, actualmente peatonal, pasa un Renault 4 al lado de dos “bomboneras” para recogida de residuos callejeros, y en la acera está de pie un barrendero y sus herramientas, capazo y escobilla, sobre el pavimento.

En cuanto a peatones, destaca la diferencia del atuendo entre los que están en vanguardia en la toma fotográfica y quienes conversan en la acera de la citada Llotjeta, principalmente una anciana con vestido negro y pañuelo del mismo color cubriéndole la cabeza.

La foto utilizada para esta participación fue realizada por Estudios Sanchis en 1960. 

Texto: Esteban Gonzalo Rogel

martes, 6 de diciembre de 2016

EL JARDÍN DEL CARMEN



Montaje de Pep Valencia

1955 Ca. - Valencia ciudad de huertos, fuera y dentro de las murallas, en especial por “la morería”, donde tanto el conocido como del “tirador” como el de “ensendra” fijaban el contrapunto al resto de la urbe, donde pese a su gran concentración urbana, ausente de claros, era habitual la existencia de pequeños huertos en las casas más notables en su parte posterior.

El río, y de él su acequia Rovella en su penetración por la ciudad, no sólo daba vida a los industriales “blanquers”, sino que nutría a los huertos, por lo que no puede extrañarnos que tras el crecimiento urbano con la desaparición de los de mayor superficie, se mantuviera en el tiempo la antigua costumbre del pequeño vergel reconvertido en coqueto jardín que duró hasta la década de los sesenta, cuando se rindió a la presión inmobiliaria.

Zona la que nos ocupa de campos que a finales del XIX, Francisco Lluch Marí, compró un trozo de su huerta para la instalación de una fábrica de curtidos y su vivienda.


Esta hermosa casa que fuera el “Jardín del Carmen” se encontraba en el lugar que hoy ocupan las fincas números 6, 8 y 10 de la avenida de San José de la Montaña; se derribó en el año 1962. La casa estaba separada de la calle con una pieza cerámica en tono azul cobalto, que permitían apreciar desde la calle la casa con su nombre “Jardín del Carmen” y su jardín.

Hay que destacar los hermosos azulejos que había en las jardineras, banco y fuente, y los grandísimos árboles de pimienta, así como el rosal de la enredadera, que tenía más flores rojas que hojas.

Muchas personas recordarán la tienda de flores y los hermosos ramos y coronas que allí se hacían.

Con mi agradecimiento a Miguel Safón por su aportación de datos.

domingo, 4 de diciembre de 2016

SERVICIO DE LIMPIEZA

Archivo Municipal

La antigua nave de Devís-Noguera en Marchalenes que fue construida cuando finalizaba el siglo XIX, debido al éxito de la empresa metalúrgica especializada en la calderería gruesa y por ello necesitada de unas instalaciones más amplias, por su traslado, pasó a propiedad municipal el 14 de mayo de 1925, siendo utilizado desde entonces como almacén municipal, especialmente como centro logístico para el servicio de limpieza de la ciudad.

De esta nave salían todos los días empleados uniformados con su carro en mano hacia su zona de trabajo. Resultaba entrañable ver en columna, uno tras otros, atravesar el puente de San José cuando esta era la ruta que más les acercaba a su destino. 
Archivo Municipal

Se completaba en su servidumbre con el uso de unos carros tirados por caballos que vemos en la foto como "Servicio de Recogida Domiciliario" y el de riegos, ya motorizado. 

La vieja nave industrial prestó esta función hasta el inicio de la pasada década de los noventa, cuando fue cedida a la Federación Empresarial Valenciana de Empresas Constructoras como escuela taller al servicio de sus asociados.

viernes, 2 de diciembre de 2016

ADHESIÓN REPUBLICANA Y UNA PLACA EN LA CALLE LA BARRACA

Archivo Municipal

1932 - La colocación de una lápida en la calle de la Barraca que se llevó a efecto el domingo 15 de mayo de aquel año, coincidió con una manifestación de adhesión  republicana y blasquista en el Marítimo que reunió a un gran número de seguidores entusiasmados por los que acudían de otros rincones de la provincia en una jornada también en homenaje a la figura de Sigfrido Blasco, en la que el Partido de Unión Republicana se vio muy reforzado.

A las doce de la mañana cerca de cincuenta banderas de las asociaciones provinciales adscritas al Consejo Federal de Unión Republicana Autonomista, partían de la Fraternidad Republicana del Puerto hacia el punto de encuentro, recorriendo la calle Libertad, el Paseo de Colón, para llegar a la que desde aquel momento sería conocida como de la Barraca, con la inauguración de una lápida con su nombre, donde se juntaron con la representación municipal que había llegado en comitiva bajo mazas.

Tras leer el acta correspondiente el Secretario Municipal Sr.  Larrea, el Teniente Alcalde don Vicente Lambies hizo correr la cortina mientras que la Banda Municipal interpretaba el Himno Nacional entre aplausos y vítores a Blasco Ibáñez de la multitud, que se hacía  extensivos a su hijo allí presente Sigfrido Blasco, como Presidente del Consejo Federal, en un acto homenaje al que asistieron concejales del Ayuntamiento, representantes de la Diputación con su Presidente don Juan Calot, diputados a Cortes, Comité Político y Junta Municipal del partido y el cronista de la ciudad Sr.  Cebrián Mezquita.

Todos los presentes se trasladaron finalmente hacia "la barraca", cuyos restos gloriosos aún se mantenían en la misma calle,  como recuerdo del lugar donde había hablado por última vez Blasco Ibáñez, donde se había instalado un tarima sobre la que diversos oradores con sus palabras contribuyeron a ensalzar el acto. Se escucharon también la palabras del ex ministro Martínez Barrios, finalizando con una vibrante locución de Sigfrido Blasco, en la que la mención a la barraca y su significado estuvo en su oratoria, al igual que los valores republicanos y la denuncia de los enemigos del partido que al mismo tiempo lo eran de la República, tal y como denunciaba. 

El restaurante Las Arenas les estaba esperando para una banquete con cuatrocientos comensales en el que se repitieron discursos y grandes muestras de adhesión, tal y como se habían repetido en una jornada de la que el diario El Pueblo, que dirigía el mismo Sigfrido Blasco, dio cumplida información. 

miércoles, 30 de noviembre de 2016

UN VALENCIANO EN VILLAVICIOSA



1943 - No me refiero a una persona sino a un tranvía que fotografiaron en 1943 para que vieran en la empresa Valle, Ballina y Fernández, S.A. de Villaviciosa (Asturias) cómo había quedado el anuncio de su sidra champagne en los laterales de los modernos tranvías de Valencia. La fotografía está en un lugar de honor del museo que esa empresa tiene en un edificio histórico de su factoría asturiana.

El tranvía fotografiado a su paso por una calle de Valencia es uno de los 17 puestos en circulación en 1933 por la CTFV (Compañía de Tranvías y Ferrocarriles de Valencia) para modernizar los servicios entre el centro de la ciudad y sus barrios marítimos.

Primeros valencianos sobre bogies o carretones, fueron carrozados por Material Móvil y Construcciones de Zaragoza, continuadora de la antigua Carde y Escoriaza, con equipos motrices comprados a la General Electric de Estados Unidos.

Hasta 1945 bidireccionales, sin puertas y con dos troles por ausencia de bucles en extremos de las líneas.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel  


Foto tomada el 1 de abril de 2016 en Villaviciosa (Asturias)

lunes, 28 de noviembre de 2016

LA NOCHE QUE ARDIÓ EL MIGUELETE.

                
Años 60 - Cuando el 28 de Noviembre de 1657, en el vetusto Alcázar de Madrid, nació el décimo hijo de Felipe IV, tercero de su segundo matrimonio con Mariana de Austria, poniéndole por nombre Felipe Próspero, y nombrado seguidamente Príncipe de Asturias, nadie pudo presagiar, un suceso poco conocido, que conmovió a Valencia.

Gran regocijo hubo en el alcázar madrileño, por éste nacimiento, pues por fin, había un heredero en la familia austríaca, el posible Felipe V Habsburgo.

Corrió la magna noticia por todo el reino, se dispusieron fiestas, y en Valencia ente otros festejos populares, se dispararían fuegos artificiales.

Los Jurados de la Ciudad los autorizaron, y los encargados de montarlos, lo hicieron en lo alto del Miguelete, para que de todas tierras próximas pudieran disfrutarlos.

En los primeros días de Diciembre, se llevaron a efecto los festejos, fiestas en las calles, y al anochecer los fuegos artificiales desde lo alto del Campanario de la Seo.

Empezaron los fuegos de artificio, las gentes asombradas mirando hacia lo alto, sólo luz y fuego veían; la luz del artificio y el fuego que prendió a la gran espadaña, todavía de madera, viniéndose abajo la campana de las horas, quedando hecho un tizón todos sus grandes y gruesos maderos. Las gentes aplaudían ante tal demostración pirotécnica, ignorando que lo que se quemaba era el Miguelete.

Para reparar los daños ocasionados, por las autoridades, se decidió en 1660, levantar una nueva espadaña, pero de piedra.

Consta que en 1671, la nueva espadaña aún no estaba terminada, dando por concluidas las obras años mas tarde. Las piedras fueron traídas de las canteras de Godella y Burjasot.

Un suceso, tal vez menor, pero  que forma parte de la historia de nuestra Catedral.  
 
Texto Germán Gómez


sábado, 26 de noviembre de 2016

SI LOS PIES DEJARAN HUELLAS. ESCOLAPIOS ILUSTRES.


1920 - No me refiero a huellas de barro o similares;  más bien a huellas atemporales, de personas que pisaron las mismas baldosas que ahora mismo estoy pisando, pero no distanciadas en el tiempo.

Hace algunos meses, escribí un artículo, sobre el viejo caserón, ¡si ese!, el de la calle Carniceros ¡si ese!

El Colegio de las Escuelas Pias; pensé, qué pasaría si entrara en él, por su zaguán, y al llegar a la verja de hierro, me paro, me  vuelvo, y me traslado en el tiempo, pero un tiempo resumido en un momento, donde lo que menos importa son los años, sino los personajes, todos de la misma edad, todos a clase, con sus cartapacios, carteras o mochilas,… qué vería…? ¿Estoy soñando?...


Vería entrar por la misma puerta a Don Vicente Blasco Ibáñez, éste el primero, porque allí al lado vivía, y que todavía no pensaba en sus novelas; al Cardenal Benlloch, también vecino cercano del viejo caserón, se hacía paso entre las gentes, diciendo “lloc, lloc a Benlloch”; al mismo Benlliure; al ceramista D. Manuel González Martí, al que todavía lo ví, ya mayor, por aquí; al marino Ciscar, si, si, el de la calle Gabriel Ciscar y Císcar, que luchó contra el francés; al Pintor Domingo, que luce calle en el barrio; al mimo obispo Amigó (don Luis) tantas veces nombrado en tiempos de fallas; a José Luis Villar Palasí el que fuera ministro; a Joaquín Manuel Fos, alcalde del barrio de Velluters, y sedero; al político Amalio Gimeno, muchas veces leído en fotografías antiguas; a José Bodria y Roig, poeta, narrador y cofundador de Lo Rat Penat; a Don Vicente Mortes Alfonso de Paterna él, y Ministro  de la Vivienda; Don Félix Pizcueta médico y político; a Constantí Llombart de la Renaixança; otros como Don. José Amérigo que dieron clases en al Colegio.

Haría una lista mucho más larga, pero las limitaciones del blog lo impiden.

Cuando muchos años después, entré por esa misma puerta, que mis antecesores entraron, miré al suelo, y no vi huellas de sus pies, parecía que solamente era yo, el que había entrado por primera vez, y me di cuenta, que los pies no dejan huellas, o ¿si?...

Texto de Germán Gómez

Fotos de Amparo Cerverón Lleó.