martes, 10 de septiembre de 2019

SORPRESA URBANÍSTICA ANTE EL PALACIO MARQUÉS DE DOS AGUAS


La amplia y comercial calle Poeta Querol, céntrica y que lleva el tráfico desde la calle la Paz hasta las Barcas, fue antaño, hasta el final de la década de los cincuenta del pasado siglo,  un conglomerado de callejuelas y plazas que tenían gran encanto, con la existencia de palacios, algún casino, academias y un colegio, con sus esquinas y sus rincones.

La corta y estrecha calle Poeta Querol, la plaza Mirasol, la plaza San Andrés, la calle María de Molina y la calle Canalejas, estaban llamadas a un nuevo y amplio trazado urbano que sería conocido años después como la "milla de oro" de Valencia, con las firmas comerciales más universales.

Pero en su fragua, tuvo lugar una anécdota urbanística que sorprendió a todos.

Un edificio de la calle María de Molina estaba llamado a desaparecer en beneficio del Palacio del Marqués de Dos Aguas.

El inmueble de principio del siglo se derribó en 1957 y el Patronato del Museo había acordado su compra para la ampliación del Palacio. 

Para ello, se acordó pedir un adelanto a la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de 10.000.000 de pts para su adquisición a tercios entre el Estado, la Diputación y el Ayuntamiento.

Y como pasaban los años y el acuerdo no se alcanzaba, la propiedad del solar inició la construcción de un nuevo edificio que llegó alcanzar sus cinco plantas, con su esqueleto concluido y las fachadas de ladrillo ya cerradas en 1967, ante la sorpresa y estupor de muchos, toda vez que la propiedad había puesto como fecha tope del cumplimiento de lo acordado la del 31 de diciembre de 1964.

En presencia de la “razón jurídica”, se impuso la "razón político institucional", y se llegó a un acuerdo que supuso el derribo del inmueble construido y con ello la ampliación del Palacio del Marqués de Dos Aguas, ya en sus funciones de Museo Nacional de Cerámica González Martí. 

Lo que se había quedado en el olvido era la antigua relación de un inmueble decimonónico de María de Molina 4, con la vida del fundador del Museo, Don Manuel González Martí.

Fuente: 50 Años (1954-2004) Museo Nacional de Cerámica en el Palacio de Dos Aguas

domingo, 8 de septiembre de 2019

LA ERMITA DONDE SE FRAGUÓ EL ICONO DE LA VALENCIANÍA


 
Archivo Municipal 

1935 Ca. Una pequeñita ermita de planta rectangular, con altos muros laterales en los que se abren varias ventanas. Sobre la fachada  una pequeña espadaña con cimbalillo y cruz de hierro.

Su nombre, El Capitulet. Se reunían en capítulo los miembros de la Real Cofradía, desde 1411, fecha de su fundación.

La actual ermita, de 1730, que todavía se conserva en el actual recinto de lo que era el antiguo Hospital General, se instauró sobre el mismo lugar que ocupaba la del siglo XV. Se renovó en 1667 y restauró en 1867. Frente a ella se alzaba, hasta que fue retirada, una estatua del venerable Padre Juan Gilabert Jofré, fundador de la institución benéfica.

La importancia del Capitulet, reside en el comienzo de la historia del icono de la valencianía, y que sería la Patrona de Valencia, Ntra. Sra. de los Desamparados. Siendo encargada por los cofrades de Ntra. Sra. de los Inocentes, Mártires y Desamparados al Padre Jofré en el siglo XV. Allí se alojó hasta su traslado a la Catedral en 1487.

Una incidencia, como fue la epidemia de peste de 1646, con gran repercusion en toda la ciudad, afectó al virrey, el Conde de Oropesa, quien se encomendó a la Virgen de los Desamparados. Desde aquel momento cesó la epidemia, razón por la cual fue consagrada como Patrona de la ciudad y del Reino, y a su vez se tomó la determinación de construir una Basílica junto a la Catedral, que se inaguraria en 1667 con una gran fiesta popular, y con el traslado a cargo de la Cofradia de la Virgen, de su imagen desde la capilla dels Tapiners en la Catedral a su nuevo  templo anexo. 

Otra característica de esta ermita es la de albergar hasta hace poco la imagen peregrina de la Virgen. En 1944, el escultor Carmelo Vicent, realizó una copia de la Virgen, conocida como Peregrina y que habitualmente procesiona por las calles de Valencia. Actualmente preside el altar una talla de la Virgen de los Desamparados realizada en 1950 por José María Bayarri, con la aprobación del entonces arzobispo de Valencia, Monseñor Marcelino Olaechea.

Texto de Amparo Zalve Polo

viernes, 6 de septiembre de 2019

OTRAS HUELLAS TERRESTRES DE LOS TRANVIAS

Foto aérea, de autor desconocido, de las cocheras de Portalet, ca. 1964. Remember-València, pg 1768.

ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES TRANVIARIAS
  
Ya hablamos en una ocasión de las huellas terrestres que todavía quedan de los antiguos tranvías de València, pero no hay como comentar el tema con otros aficionados y siempre puede aparecer algo nuevo, como así ha sido.

Resulta que los amplios locales donde estuvieron las cocheras de Portalet últimas que utilizaron la Compañía de Tranvías y Ferrocarriles de Valencia (CTFV) y su heredera SALTUV, que por cierto eran propiedad de una filial de CTFV llamada VASA, empresa que cobró en su día el correspondiente alquiler a las dos firmas, ya que al no pertenecer a las primitivas concesiones no tenían que entregarse cuando finalizase la concesión y realmente había sido una buena inversión en terrenos posteriormente edificables. Una vez finalizado su uso por la Empresa Municipal de Transportes (EMT) heredera de SALTUV, al construir y utilizar ésta sus propias cocheras, quedaron libres de uso y la propietaria VASA pudo aprovechar sus solares para su edificación o venta.

Vías en el solar de Portalet. Foto E. Goñi, 26/01/2019

Por tanto entre las calles Islas Canarias, Tomás Montañana, Asturias y Lebón quedó un gran cuadro edificable, que dio paso a varias manzanas, pese a lo que se amplió la calle Tomás Montañana. Una parte del gran solar permanece hoy en día sin edificar, pero algo más elevado que la calzada de las calles que lo rodean. Y allí en lo que hoy es un solar abierto utilizado por el vecindario como aparcamiento sobresalen vías de cuando eran las cocheras de Portalet.

Otra vista del solar con coches sobre las vías. Foto E. Goñi, 26/01/2019

Quedan huellas de vías colocadas en paralelo y perpendiculares a ellas unas vías de los carretones que podían trasladar de una a otra vía coches motores o remolques de acuerdo con las necesidades del servicio.

Más coches y más vías, y como en la anterior foto al fondo una empresa constructora prepara un nuevo edificio. Foto E. Goñi, 26/01/2019

Está claro que estas huellas desaparecerán nada más se edifiquen o ajardinen los solares que todavía quedan libres. Pero en enero de 2019 siguen allí como podemos ver en las fotos.

Texto de Enrique Goñi Igual

miércoles, 4 de septiembre de 2019

CHEZ RAMÓN

Plaza del Cid (actual Redonda) en 1900

En la Plaza Redonda de Valencia destacan sobremanera los tres comercios de Chez-Ramón: uno donde venden objetos cerámicos y dos consecutivos dedicados a la comercialización, principalmente, de complementos y adornos realizados con forja. Son el fruto de una larga historia que comenzó a mitad del siglo XIX cuando Ramón Ramón, que tenía en Almàssera un taller donde forraban vajillas y objetos con piel, pensó en dedicarse como mejor negocio a la venta de cerámica en València, principalmente en la plaza del Cid y alrededores de la plaza del Mercado. Guardaba el género, que compraba semanalmente en Manises, en un bajo cercano, y posteriormente en el nº 2 de la citada plaza, rotulada como Redonda en el siglo veinte. 

Plaza con el interior descubierto, con variopinto mercado diario de aves, cerámicas y otros productos, y contorneada por comercios y servicios, entre ellos una chocolatería y una horchatería en el año 1900. Con puestos provisionales desmontables alrededor de la fuente a partir de 1916, autorización de fijos por el ayuntamiento desde el año 1977 y remodelada entre los años 2007 y 2012.

Chez Ramón.- Plaza Redonda nº 2 en 1990.- Familia Ramón Ramón.

Negoció que continuó su hijo Ramón Ramón Torres, el nieto Ramón Ramón Sanz y el bisnieto Ramón Ramón Gimeno, quien lo expandió añadiéndole forja y ampliándolo en los bajos 8 y 10 de la citada plaza Redonda.

Chez Ramón.- Plaza Redonda 2,8 y 10.-   Esteban Gonzalo

Sus hijos Chelo (†), Ramón y Vicente comenzaron a ayudarle desde jóvenes, y después Esther y María, las hermanas que actualmente gestionan Chez-Ramón, los tres locales de la plaza Redonda, continuando con la cerámica y la artesanía de hierro, y el aditamento de muchos complementos para turistas.


Chez Ramón.- Su entrada por calle Derechos. Esteban Gonzalo

Vicente se dedica a la venta de Porcelanas Lladró en un pequeño local, El Corner, en la calle Derechos, y Ramón dirige desde octubre de 2004 Chimeneas y Forja, en la calle Guillem de Castro nº 121, muy cerca de las Torres de Quart., con dedicación especial a chimeneas y calefacción. El local donde estuvo más de medio siglo Kristal, que vendía lámparas, vajillas y cristalerías, y cerró cuando se jubiló su dueño, le ha permitido tener más amplitud y mejor visibilidad expositiva que en los locales de la plaza Redonda.

Quinta generación que ha heredado el ímpetu y afán comercial de sus padres

Texto de Esteban Gonzalo Rogel

lunes, 2 de septiembre de 2019

UN TRANVÍA A LO ALTO MIGUELETE

Archivo Municipal

Con el comienzo del año 1909 y tras la decisión de llevar a cabo la Exposición Regional Valenciana por parte del Ateneo Mercantil, la actividad en el tejido industrial y comercial de la ciudad fue frenética, y la firmeza para poner a punto el evento y en tiempo récord fueron la clave; y más partiendo de cero. Y en el corto horizonte, su fecha inaugural:  el próximo mes de mayo.

De tal modo, que las ocurrencias más estridentes no sorprendían, hasta el punto de que "un tranvía al Miguelete" era el nombre de un osado proyecto presentado al Ayuntamiento.

La extravagancia tenía lugar con el punto de su salida desde la misma plaza del Miguelete, y su destino en todo el alto del Micalet.

Fue D. Luis Gil Sumbiela quien presentó en el mes de marzo ante el Ayuntamiento los planos y memoria para la construcción de un "Tranvía funicular" con este fin, cuyo proyecto tenia la autoría del capitán de Ingenieros Bernardo Cabañas, quien se encargaría de la dirección de la obra.

De tracción eléctrica y de corriente continúa, el motor estaría instalado en lo alto del Micalet, que tiraría de unos cables de alambres de acero fundido al crisol, con una resistencia a la rotura de 125 kgs por milímetro cuadrado, cada uno de ellos de 21 mm de diámetro,  con  un total de 222 alambres cuyo aguante a la rotura iban a soportar 21.5000 kgs.

Los coches vacíos, cerrados para ocho pasajeros, y con un peso 850 kgs presentarían un aspecto elegante, con su correspondiente empaque.

Para su ascenso sobre la fachada del Miguelete y respetando hasta sus mínimos detalles artísticos, se fijarán de dos en dos metros las piezas de hierro necesarias, con dos guías del mismo metal, sobre las que rodarán cuatro ruedas, con una pestaña exterior para que el coche no tenga ningún movimiento horizontal en su ascenso que pudiera causar alarma al viajero. Las torrecillas situadas sobre la plataforma superior del Micalet, serán también de hierro.

La seguridad del funicular es absoluta, garantizada por un aparato Ramoneda, que detiene de inmediato al vagón,  ante cualquier contigencia, vaticinaba el autor de la idea.

El Sr.  Gil Sumbiela ofrece al Ayuntamiento a cambio de su autorización para la construcción y puesta en marcha del servicio, cederlo a perpetuidad en beneficio de la ciudad, a cambio tan solo de que se le conceda la explotación hasta el próximo 1 de enero, ocho meses escasos. 

Sin embargo, como quiera que el Micalet es propiedad de la Catedral,  aunque sea el Ayuntamiento el encargado de sus reparaciones, el Sr.  Gil Sumbiela retiró su proyecto del Consistorio para presentarlo al Cabildo de la Catedral, comprometiéndose a su instalación en el plazo de un mes, caso de su autorización. 

Pero la actividad era frenética, les decía, y lo que estaba en marcha para cruzar el río y asistir a la Exposición Regional Valenciana, era la construcción de un tranvía aéreo. En aquellos días se estaba en el montaje de dos esbeltas torres para su colocación en las márgenes del Turia desde el Llano del Remedio, y a la espera de la llegada de unos cables de acero de gran calidad, confeccionados en Londres, cuya fecha de inauguración tuvo que retrasarse a la prevista.

En esta ocasión,  el Sr.  Gil Sumbiela, profesor de fisica y quimica, científico entusiasta, sí consiguió su propósito, lo que fue motivo de una fascinación.

jueves, 1 de agosto de 2019

LAS PROVINCIAS - LA RIADA 1957


Agosto vacacional, tiempo entre lineas.

Un número extraordinario de Las Provincias 

editado un mes después de la hecatombe,

cuando el barro aún tenía presencia en la ciudad.

Si lo descargas, te facilitara la lectura.

Día a día.
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