viernes, 12 de junio de 2026

LO QUE FUE LA PLAYA DE CARO


A partir de un enclave junto a la zona del Grao y el puente de Astilleros surgió un humilde barrio al que se le llamó Cantarranas, en una zona de arenales y marismas a orillas del río 
Turia. Croaban en él multitud de ranas debido a las charcas formadas debido al mal drenaje del terreno.

Formó una playa a la que se le vino el mismo nombre del barrio. Una playa sin historia, y en un lugar poco apreciado hasta que un día se le dotó de un paseo y una gran rotonda al final de él que cambió la situación de ese arenal convirtiéndolo en la playa de la alta sociedad valenciana. La playa de Cantarranas se había convertido en la playa de Caro, tal y como se le había puesto al paseo en honor a Nicolás García Caro, el influyente Marqués de Caro, figura clave de la aristocracia valenciana de finales del siglo XIX.

A finales de 1852 se empezó a gestar la idea de crear una zona de ocio y de baños en el muelle de Poniente, pero hasta que no llegaron los inicios del siglo XX no se hizo realidad. Y fue a partir de la construcción de un bonito paseo que finalizaba en una gran rotonda con su famosa marquesina entre 1909 y 1910 cuando se consiguió la llegada del tranvía a la playa de Caro, dejando a los bañistas en la misma playa mediante un sistema moderno eléctrico de vía única y un bucle de retorno. Hacía un bucle, un giro completo en curva alrededor de la rotonda.

Justo en el centro de este bucle se levantaba el apeadero del tranvía de estructura metálica en forma de cruz con una gran cúpula central. Junto a él estaba el kiosco Chantecler, tal vez para tomar un refresco, una comida o disfrutar de una deliciosa velada musical por las noches.


Todo en la rotonda del final del paseo del Caro formaba un conjunto visual y social, porque además se unían las casetas de baño de la playa. El billete de ida y vuelta del tranvía resultaba caro, por lo que esta playa se convirtió en la preferida de los únicos que podían llegar a ella, la burguesía valenciana.

Y como de lo que trata el relato es de la playa de Caro vamos a darnos un baño.

Sus aguas eran limpias, tranquilas y templadas, con oleaje muy suave que la hacían ideal para el baño. Poco profunda en los primeros metros.

La arena fina, muy suave y de color dorado claro con una franja bastante ancha y llana por el aporte de sedimentos del río Turia y las corrientes del golfo de Valencia, ello permitía el paseo por la orilla sin desniveles.

Además de permitir un baño atractivo, también era terapéutico. Los médicos recomendaban acudir a esta playa para respirar el fuerte olor a yodo y salitre, tomar baños de ola considerados efectivos para la anemia, problemas respiratorios y estrés.

Avanzaba el siglo XX y el puerto empezaba a expandirse, por lo que la playa de Caro fue perdiendo su carácter exclusivo. Llegó el punto que el kiosco marquesina que dominaba la rotonda del tranvía se retiró en 1833, tras tres años de abandono era penoso su estado influenciado además por el salitre del mar. Las ampliaciones portuarias y diques de abrigo que se construyeron a lo largo del siglo XX hicieron que esta franja de arena fina desapareciera bajo el agua.

Texto de Amparo Zalve Polo

No hay comentarios:

Publicar un comentario