A mediados del siglo XIX ya se exportaban naranjas a los principales mercados europeos, como Berlín, París, Londres, incluso Nueva York.
La necesidad de exportación entre finales de siglo y principios del XX conlleva a una respuesta de los empresarios valencianos creando una marca para identificar sus productos y asociarlo con la cultura española. La mayor parte indicaba el nombre del exportador y el lugar de origen de la fruta.
Los empresarios y comerciantes recurrieron al diseño y jugaron su papel los diseñadores gráficos de la época, como fueron, por citar algunos, J. Aviñó, Huguet o Durá.
Más de 5.000 marcas revolucionaron el mercado exterior desde 1895 a 1960. Imágenes litografiadas en unos soportes de papel de 20x30 cms. Figuras de toreros, bailarinas, falleras y paisajes de la huerta se pegaban en el frontal o los laterales de cajas de madera, a las que se les llamaba “testeros”. Cada pieza a su vez iba envuelta en papel de seda porque la piel de la naranja en aquel tiempo era más delicada por no estar sometida a tantos tratamientos como los actuales y así, si se pudría una, el resto quedaba intacto. Los papeles de seda también iban impresos porque además de la exportación en las tiendas de alimentación daban fidelidad al consumidor.
Durante 1871 y 1920 las exportaciones de naranja ocupaban el 91´1% de todo el comercio exterior de Valencia. En la posguerra civil contribuyeron a la entrada de divisas, y esto provocó la proliferación de más marcas, además de que algunas etiquetas se hicieron en inglés, alemán o francés.
Habían etiquetas muy curiosas por el sentido que se les daba. Así eran las que mostraban elementos que transmitían la idea de frescura y rapidez, representando trenes, barcos o animales rápidos como el galgo o la liebre. También las habían de personajes literarios, mitológicos, con nombres en francés o en inglés para mimetizarse con el mercado local.
Y llegaron las bolsas de malla y los envases de plástico, la introducción de maquinaria de calibrado y envasado sustituyendo al trabajo manual de envolver pieza por pieza, y la aparición de las pequeñas pegatinas autoadhesivas con los códigos PLU para facilitar el control de inventario en los supermercados.
Cosas de la época como tantas otras que se quedaron en el recuerdo y que gracias a los coleccionistas podemos volver a verlas.
Texto de Amparo Zalve Polo



.png)




.jpg)


No hay comentarios:
Publicar un comentario