miércoles, 27 de mayo de 2026

NADA QUEDA DE LO QUE SE VE


Con la fotografías antiguas lo mejor es ubicarse previamente en el espacio y en el tiempo anterior a la toma para de esta manera comprenderlas mejor. Una sencilla fotografía como es esta, siempre está llena de significado aunque uno la pasa como pasaría la hoja en blanco de un libro sin detenerse a pensar cómo era la gente que pasaba por esa calle, cómo era el aspecto de las casas, las historias que se habrían vivido en aquel año detrás de los muros, sobre la tierra que se pisaba o lo que ocurría en la misma barriada. ¡La Valencia vivida!

En sus más lejanos tiempos, en su subsuelo, se encontraba el antiguo foro de la Valencia romana del año 138 a.C. Ya vamos dándole importancia a la foto por el lugar. Asentamientos musulmanes, medievales, y estrechas callejuelas que de ahí surgían, actuando como epicentro de el barrio de la Seu, hasta llegar a formar una hilera continua de viviendas particulares con pequeñas plantas bajas comerciales, porque la plaza de la Virgen no era un espacio diáfano. En el siglo XIX en la misma manzana que ocupa el desaparecido edificio grande de la fotografía, en los callejones posteriores se concentraban célebres talleres artesanales e industriales, entre ellos el de los escultores Rabassa y Royo para imaginería religiosa. 

Ahora nos detenemos para observar ya la fotografía minuciosamente. Hemos llegado al siglo XX, concretamente es del año 1957.

Convivía el tráfico rodado y las vías del tranvía. Pero nada de lo que se ve está. El edificio del fondo, el que ocupa el número 4 de la plaza ya no es el mismo, aunque ya le quedaba poco, como se suele decir “estaba dando sus últimos coletazos”, porque en 1960 ya se reemplazó por otro nuevo, que es el que ahora vemos con sus locales de hostelería, de inmensas terrazas llenas de mesas y de turistas viendo de frente la Basílica de Nuestra Señora La Virgen de los Desamparados. A la derecha se observa un trocito de la Tómbola de la Caridad, aunque también a ella le quedaba poco porque dejó de funcionar a finales de la década de los años 60. A la izquierda se deja entrever la antigua fuente de piedra, aquella que se hizo en homenaje al canónigo Mariano Liñán y que de forma redonda ocupaba el centro neurálgico del espacio. Farolas y elementos menores acabaron repartidos por otros puntos de la ciudad. La estructura del gran edificio ha servido tradicionalmente de contrapeso arquitectónico para la plaza. Su fachada sirvió durante décadas como uno de los anclajes para el toldo textil que cubría la plaza fijándose directamente al muro, por estar justamente frente a la Basílica.

Así que, la Plaza de la Virgen en la década de los años setenta fue sometida a una profunda remodelación dejándola peatonal. Nada de lo que se ve en la fotografía es inventado, lo que fue y ya no queda.

Texto de Amparo Zalve Polo

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