Años 50 - Pasan los años, la plaza permanece. Usos y costumbres que por la gratitud de la fotografía llegan a nuestros dias. Céntrica y entrañable plaza bajo el influjo de la monumental Lonja de la Seda, como lugar de encuentro, que lo fue antes al igual que en nuestros dias. De la proximidad del Mercado Central se recibe el sabor de la huerta valenciana.
La plaza se nos asemeja tranquila, cruzada por un ciclista de pedalear confiado, cuando la circulación rodada aún no se había adueñado de las calles.
El bar el "Quiosco de la Lonja", de Ramón Pastor Llorens, recibe a su fiel clientela tanto en las horas del almuerzo como en las del resto del dia, la del aperitivo, la de la cerveza con aceitunas, la del café, la de las amigables tertulias. Cumple su función y la ciudad lo sabe, como en tantos otros lugares, y a ella acude.
Aún no había llegado la hora del Café Lisboa, joya del tardeo en la actualidad. La Hija de Blas Luna, con su oferta de telas metálicas, la Relojería Calduch, la Librería Mariana y la horchateria El Collado - aún existente- diron vida propia a una plaza, nacida por el derribo de la Lonja del Aceite.
En la actualidad y en su recuerdo, un olivo sombrea la plaza.

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