Bonita postal a color de los años 60, quizás la más representativa de la noche valenciana de aquellos años en los que la noche se alargaba mientras el resto de la ciudad dormía.
La época en que se estilaba salir de noche y porque así lo pedía la noche valenciana porque estaba de moda ir al teatro y al cine, sin antes pasar a “pegar un moset” por cualquiera de las cafeterías del centro, especialmente desde la plaza del Caudillo hacia las dos calles que de ella se abrían, mientras los carteles publicitarios de neón ayudaban a las altas farolas en la iluminación que la hacían festiva.
Desde la plataforma del guardia urbano que ya había quedado vacía bajo los luminosos del reloj Longines, de la renombrada marca de calcetines Molfort´s, muy conocida por sus campañas publicitarias, y la de la Coca-Cola, se abría la calle, en aquel momento Calvo Sotelo, haciendo chaflán con la calle Ribera, la más antigua de las tres cafeterías que refleja la fotografía, era Casa Balanzá. Era la nueva Balanzá en 1932 cuando se hizo el edificio nuevo en el que ya estaba en 1881 con el anterior. Muy característica por sus grandes cristaleras redondeando el chaflán.
Al otro lado, cubriendo el chaflán con la calle del Almirante Roger de Lauria, en un edificio del año 1882 junto al edificio de Correos, se abría la cafetería Lauria. Decían que si era la más cara de Valencia. Fragmento del libro de Manuel Vicent, Tranvía a la Malvarrosa: “Había una línea divisoria que nunca transgredían las chicas de servicio. Ellas paseaban por Calvo Sotelo y nunca pasaban de la cafetería Lauria hasta donde llegaban los señoritos”
Algo más adentrada la calle Calvo Sotelo en 1948 se abre la cafetería Hungaria. Aunque en ese momento todavía no estaba junto al cine Lys, más tarde sí lo estuvo al inaugurarse este en el año 1953. Abrían de 8 de la mañana a 2 de la madrugada. Como las otras cafeterías y según el momento del día se servían cafés, batidos, platos combinados y bocadillos. Una nota curiosa es que cuando entraba una señorita que el encargado creía de dudosa reputación le entregaba con discreción una tarjeta con la que en pocas letras y de manera educaba la invitaba a que abandonara el local. Fragmento del libro de Manuel Vicent, Tranvía a la Malvarrosa: “soltaba chispas verdes el neón de la reciente cafetería Hungaria y al al lado se acababa de levantar el cine Lys”.
Texto de Amparo Zalve

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