La gran figura ecuestre que posiblemente haya descendido más veces de su hornacina es la de San Martín y el mendigo, además de tener tras de sí una bonita historia, para algunos difícil de creer.
Iba el santo montado en su caballo cuando todavía era soldado y a la altura de la ciudad de Amiens, en Francia, pasó junto a un mendigo muerto de frio. No dudó en desenvainar su espada para cortar un trozo de su corta capa de lana y ofrecérsela al pobre para que se cubriera. A la noche siguiente se le apareció Cristo cubriéndose con ese trozo de la tela de su capa. De ahí viene la representación escultórica en la que el Señor representa al mendigo.
En algún sitio de los Países Bajos, en el año 1494, se gestó este soberbio grupo escultórico en bronce. Perfectamente embalado salió de algún puerto de por allí para llegar a Valencia. Aquí en en puerto estaría esperando el comprador y donante, pero no fue así porque falleció antes, por lo que la recibieron sus dos hermanos. El desgraciado donante no pudo ver como ornamentaba la fachada de la iglesia, en la que hasta entonces la habían ocupado las imágenes de San Antonio Abad y Santa Elena.
Así, la víspera de la Ascensión del Señor en 1495, se colocó en el lugar destinado.
A partir de entonces se fueron produciendo desde esa hornacina las bajadas y las subidas del grupo escultórico.
La primera vez fue en enero de 1599 en la boda de Felipe III con Margarita de Austria, había que limpiarla y adecentarla para la ocasión . En esta ocasión solo bajó el santo, el caballo y el mendigo se adecentaron en el sitio. A los ocho días volvió a unirse a ellos.
Un siglo después otro descenso por la conmemoración del quinto centenario de la conquista. Estuvieron sobre un altar en la misma placita, la llamada Comunión de San Martín Obispo.
Llegado el siglo XVIII se bajaron varias veces más. En 1706 en virtud de las fiestas para el juramento de fidelidad que dicho año se le dio al archiduque Carlos de Austria. En 1738 se derribó la fachada de la iglesia para hacer otra nueva y obvio que volvieran a descender. La última del siglo fue aprovechando la restauración de la fachada barroca, ocasión para volver a limpiarla en 1899.
Al comienzo de la Guerra Civil fue incautada y llevada al Ayuntamiento, a una sala del Museo Histórico Municipal, evitando que fuera fundida. Finalizada la contienda y antes del día 11 de noviembre, día de la festividad del santo, el clero deseaba que la figura estuviera ya en su hornacina, pero no pudo ser. Estaba en el Museo de Bellas Artes haciéndose de ella tres reproducciones en yeso, una para Madrid, otra para el museo de Valencia y la otra para el Ayuntamiento. Por eso el día acordado de la festividad del santo se malogró al no haber acabado de dárseles el color del bronce y hubo que esperar.
Para el día 25 de junio del siguiente año, 1940, ya quedaron en su lugar, celebrando una gran fiesta el día 30 en la que el alcalde descubrió las imágenes tras un solemne Te-Deum acabando con volteo de campanas y el himno valenciano.
Ya no bajaron más de ahí porque las siguientes limpiezas se hicieron in situ, siempre correspondiendo con acontecimientos señalados.
Texto de Amparo Zalve


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