lunes, 11 de octubre de 2021

VALENCIA: LA TIERRA DE LAS FLORES

Tras los vientos de marzo llegaron las lluvias ocultando el color azul celeste con nubes esponjosas destilando perlas de menudas gotas como hilos de brillantes para darle paso a un abril florido.

La huerta valenciana madruga a su suelo fértil y sus plantas van pariendo a sus flores. 

En invierno el trabajo pesa, pero al llegar la primavera de mañanas soleadas,  madrugar ya no cansa. Las gallinas abandonan el pajar en la casa del huertano clavando sus picos en el sembrado, los patos se zambullen en el agua de la acequia, y los perros eligen sombra sobre la tierra buscando la proximidad de los hombres que la trabajan para las flores, mientras las mujeres caminan por las sendas hacia la ciudad para la venta en el mercado, con sus capazos llenos  de flores sueltas y de ramilletes de flor que habían estado confeccionando la tarde anterior. 

El mercado ya es un hormiguero de gente que entre discusiones con las vendedoras de hortalizas para arreglar precio y peso, las horchateras iban abriendo los puestos del refresco. Los toldos amarilleaban por el sol y el calor del adoquinado se hacía insoportable. Se agolpaban ante las dos largas mesas que ocupaban  las dos filas de floristas buscando las flores más bonitas que se encontraban embutidas en cucuruchos metálicos, o del más cuidado ramillete.

Nunca faltaban las olorosas rosas de te que aguantaban tanto el calor como el frío.

A poco del mediodía las floristas del mercado regresan a sus huertos, a sus casas, donde les espera el resto de la familia para sobre cañizo ir confeccionando los del día siguiente. El clavel doble abre todos los años para Año Nuevo. Las clavellineras no se arrancan hasta reventar todos los capullos. Los nardos y las dalias solo hay que regarlas cuando florecen. Los rosales y los jazmineros se apelotonaban formando inmensos bosques. Filas de verdes hojas alineaban a las violetas para marzo. En el mes de julio salían las flores en grandes cantidades hacia las capitales españolas, sobre todo hacia Madrid, aunque había que dejar una buena parte para el final del mes donde había que vestir los carruajes para la gran batalla floral de la feria. 

-"Justo es que las mujeres pregonen las flores, al fin y al cabo ¿para quien sino para ellas las cultiva el hombre?"

Texto de Amparo Zalve Polo

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