martes, 17 de noviembre de 2020

LOS PLANOS DE GUESDON ¿SIGUEN SIENDO UN MISTERIO?

Nadie como Alfred Guesdon, con sus planos, muestra la cantidad de campanarios y cúpulas que con cierta altura se veían ya a mediados del siglo XIX en la ciudad de Valencia.

Este arquitecto, formado en París, derivó su vida profesional al dibujo, especializándose en monumentos y restos arqueológicos, hasta que en 1845 tomó la iniciativa de dibujar vistas panorámicas.

 ¿Dónde está el misterio?

Su precisión era de extremado detalle, tanto que para la época no era posible si no es que se tomaran unas fotografías previas y por supuesto desde un globo, para esas vistas no era suficiente subir arriba de un edificio.

Todo comenzó cuando en 1851 un inglés de apellido Clifford, y fotógrafo de profesión, elevó su globo sobre la plaza de toros de Madrid en una corrida con demostración aerostática. En el cartel del espectáculo figuraban los nombres de Clifford y Goulston. Se supuso que el segundo era el nombre mal escrito de Guesdon, y con esta confusión llegó el enredo. Al final  se pudo desenredar, y el tal Goulston era un empresario  con el que Clifford ya había compartido ascensión en Burdeos.

Hay que pensar que en aquella época era el principio de la fotografía, el tiempo de exposición era muy largo, y las imágenes desde allí arriba habrían salido totalmente movidas.

La pregunta sería: ¿Cómo pudo hacerlo entonces?

Cierta o incierta, siempre quedará en misterio, la respuesta es que junto a su pericia para dibujar se añadía que ya habían unos cuantos planos fidedignos de las ciudades, datos de campo, cuando se las recorría previamente fijándose al detalle y sobre todo un gran conocimiento de la perspectiva, pudiendo levantar cualquier punto que eligiera.

Sus espléndidas vistas de Valencia, en número de dos, se publicaron en París en 1853. 

Buscó un editor, Francois Delarue, que con una compleja y minuciosa técnica litográfica les dio color.

De las dos vistas, la más conocida la tomó desde lo alto de la avenida de Burjasot, el Portal Nou, y el barrio del Carmen en primer plano. La otra menos conocida, sobre el puente del Mar, la Alameda y la Ciudadela.

Ofrecía una Valencia amurallada, atrapada y constreñida por las murallas que poco después, en 1865, serían demolidas, con sus habitantes, carros, fábricas y todo detalle que podía representar la vida social, además de la infinidad de huertos que la rodeaban, teniendo en cuenta que de los 130.000 habitantes, la mitad vivía intramuros, y la otra mitad extramuros.

Texto de Amparo Zalve Polo

2 comentarios:

  1. Muchas Gracias Amparo: una historia interesante y claro.
    Saludos desde Holanda y .... keep safe

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  2. Se agradece el gusto por la Valencia antigua, pese a estar alejado de ella. Un cordial saludo

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