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miércoles, 12 de febrero de 2020

LA SOCIEDAD DE CAZA Y PESCA

                        
          
  "EL CASINET"

Benicalap ha sido uno de los barrios de Valencia donde el crecimiento y expansión han sido nota dominante desde la década de los cincuenta. Zona rural donde la mayoría de las familias afincadas han vivido del cultivo de la tierra, unas veces como complementario y otras como principal, lo que ha supuesto el sustento y la vida cotidiana de su población.

La actividad principal ha estado  unida al eje central que vertebraba la Avenida de Burjasot. En la época que abarca los inicios  del siglo XX  la gente se reunía  en el antiguo cafetín ubicado en la misma Avenida de Burjasot a la altura de Casa Branca. Recordar que en tradición oral conocemos que en la primera década  del siglo el mismo Blasco Ibáñez dio un “meeting“ en su local. Hay conocimiento que las diferentes opciones políticas de la época tenían sus lugares de reunión  en el periodo anterior a la Guerra Civil en agrupaciones  que fueron lugares de descanso, discusión y en general de esparcimiento. Citar entre otras la Agrupación Autonomista – blasquista - ubicada en el número 178 de la Avenida de Burjasot junto al solar hoy existente. Sobre parte del edificio se erigió  una nueva construcción y en parte hubo un taller de mármol llamado “el de les Pedres“. 

Frente a este y al lado de Casa Branca esquina con la Avenida de Burjasot, mediando la calle Serratella se encontraba el Casino de la Derecha Regional. Terminada la Guerra Civil y desaparecidos todos los antiguos centros,  el actual Casino aparece como el único centro de reunión y esparcimiento en Benicalap. Su actividad principal era una Sociedad de Caza y Pesca teniendo añadida la sección de Colombicultura, "el enfilat", y llevando a cabo actividades culturales. La Colombicultura tenía en los locales de la Sociedad una habitación para uso propio, además de unas jaulas de depósito – actualmente todavía existen - donde se recogían palomos perdidos y se entregaban a sus dueños. Llegaron a ser treinta y dos los socios, soltando palomos a diario. Debido al trabajo de muchos de ellos, eran sus propias mujeres las que llevaban los palomos a la suelta. El objetivo y valía del palomo estaba en ver cual embaucaba y terminaba llevándose a la paloma. Los concursos eran de dos clases: la de palomos jóvenes que al soltarlos los socios valoraban los nuevos valores celebrándose como ritual después un almuerzo de confraternidad. El otro concurso, que hoy diríamos de los sénior, era la suelta de los viejos llamándose a esto los que habían participado ya en competiciones, siendo alguno de ellos premiados. Por descontado, que la confraternidad terminaba esta vez en una comida.

Se hacían subastas cuya valoración consistía en asignar cada uno de los socios puntos a cada palomo. La afición fue importante y se  acompañó construyendo distintos palomares en el barrio. Vayan para el recuerdo el de Ramón Requeni, Lorenzo Rovira, el padre, Hermanos Bellver –llamativo por su color pintado en verde- el de Josele en la huerta, el del  Canyaret… y otros que fueron testigos de la afición  cultivada.


Era frecuente en tardes de domingo y festivos ver el revuelo de la suelta y el seguimiento por los socios. Colocados frente a  la Ceramo, apoyados en unos prismáticos, seguían su curso y el embaucamiento de los mejores. La costumbre venia de los moros y la afición seguía y sigue cultivándose en la mayor parte de las comarcas de Valencia. El lugar de reunión de sus socios seguía estando en el Casino que fue su foco de atracción y a su vez se incorporaron nuevos emigrantes, que asentados en el barrio llegaron a formar parte del grupo de colombaires. Se llegó a participar en concursos nacionales. Por normativa gubernamental, debido a los  crecimientos de los  barrios, se prohibió la suelta -alrededor de los ochenta- en las áreas urbanas. Es el momento de recordar a aquellos socios de la Sociedad de Caza y Pesca que formando parte del grupo de Colombicultura sirvieron para dar prestigio a Sociedad con su trabajo. 

Quizás, por aquella afición, en 1949 se representó la comedia valenciana "Colombaire de profit", cuando el Casinet tomó el nombre de "Teatro Serrano" por un corto tiempo, como se observa en este folleto con un fin de fiesta bajo la dirección de Juan Viñals, ilustre personaje de les "terres marjalenques".


Momento este para de agradecer a:

Pedro Cuevas, Francisco Valdepeñas, Pedro Camacho, Ramón Requeni, Antonio Aparicio, Hnos Bellver, Lorenzo Rovira… y tantos otros que olvidados sus nombres, hicieron de su afición un lugar de encuentro en esta Sociedad.

No obstante aquellos que rondamos los setenta nos acompañan escenas entrañables. Las primeras proyecciones de cine del barrio en la postguerra se hicieron en sus locales. Tuvimos nuestro CINEMA PARADIS. Aquí comenzamos a ver películas que desconociendo su valor artístico, fueron nuestras primeras películas. Esperábamos con verdadero deseo las proyecciones que  echaban” los domingos, abordábamos a Juán, el técnico encargado de las proyecciones, preguntándole: -¿Quina fan el dumenge?



La sala tenía dos espacios para ver la proyección: el bajo, en su mayoría para personas mayores, padres o abuelos que acompañaban a la familia y arriba la xiquelleria: en el “gallinero“. En los descansos se oía el vocerío de  los asistentes; los de abajo a los de arriba y los de arriba a los de abajo:   Donam cacaus”, “apuja el berenar”… mientras que el rosquillero, a media voz, ofrecía barquillos, caramelos, limonada fresca que llevaba con hielo en un pozal y… las primeras Coca Cola. Empezando la proyección y con el vocerío general una voz con potencia e imperativa, decía “Che voleu callar”. 



Seguía la película y en el local resonaba en gritos de horror o alegría según la provocación de la película. Terminada la proyección, y atravesando el pasillo central para salir a la calle, veíamos a ambos lados mesas con socios jugando a las cartas y dominó, todo  envuelto en una nube de humo de tabaco que calaba el local. Los socios acompañaban el juego con café, carajillo y algún “barrexaet”, todo sin perder  la imagen típica del caliqueño en la boca.

1956 fue el año que se dejó de emitir proyecciones. Se inauguró el primer cine del barrio: el cine Boston. Ya hacia unos años que asistíamos los veranos a la terraza Rosaleda en el convento de las monjas.


El Casino siguió con actividades culturales y se aprovechó el espacio dejado por el cine para seguir la tradición de realizar obras de teatro. 

La interpretación de estas obras tenía un largo recorrido. Su comienzo venía desde tiempo anterior  a la República y si bien en lugares físicos diferentes al actual, significaron el inicio de la actual SOCIEDAD. 

Cabe recordar que el embrión de esta arranca del llamado Circulo Instructivo y de Socorros de Benicalap que en 1933 con obras como “El Contrabando”, “Les Barraques”, “El Dia de Reyes”, “La Dolorosa”, “Nelo Bacora”, “L´aguëlo pollastre”, “Tres roses en un pomell”, entre otras muchas, modernas en aquella época y que se repitieron a lo largo de los años sesenta. Se requería muchas veces de profesionales como barítonos y mezzos a los que se les abonaba sus actuaciones si bien el cuadro de actores estaba formado por miembros de la Sociedad o vecinos de Benicalap.  Es el momento de agradecer a todos ellos su esfuerzo por avivar inquietudes culturales y afianzar la base de la actual SOCIEDAD.
               
Nos viene el recuerdo de Julio Tortajada, allá por los años treinta, no solo por sus interpretaciones en  distintas obras, sino por ser el “alma mater” en la Dirección del “teatret”.

Y socios como: Linares, Bartual, Gisbert, Murgui, Lafont… el “Roig”, mezcla de interprete y personaje que en la vida real era tal cual. Y un largo etc. A todos ellos… ¡gracias!

Pasada la Guerra Civil la Sociedad de Caza y Pesca se ubicó en el actual edificio. 

Asumió desde un principio llevar a cabo las actividades que habían sido sus objetivos: Potenciar las actividades culturales y cumplir como su  nombre indica de SOCIEDAD DE CAZA Y PESCA si bien, se ha ido  centrando su actividad de forma especial en SOCIEDAD DE CAZADORES. 

De ahí que  se ha participado en Concursos de Tiro a nivel Nacional e Internacional, además de llevar a cabo las tiradas continuas que la Sociedad ofrecía a sus socios. Las tiradas anuales, la participación en concursos y la valía personal de  los socios han dado renombre al  CASINO: "el Casinet de Benicalap".

Texto de Eduardo Donderis Folgado

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