domingo, 21 de octubre de 2018

EL LEGADO DE LIÑÁN


1850 - Fuente Plaza de Calatrava - Xilografía archivo Rafael Solaz

Mediaba el siglo XIX. Era el momento propicio para introducir en la ciudad una serie de avances que iban a modificar los usos y costumbres ciudadanos, al tiempo que el enganche hacia la modernidad se imponía.  El agua iba a ser fundamental en forma de vapor para el ferrocarril que gracias a José Campo iba a surcar por las vías desde el centro de la ciudad.

Y ahí estaba el legado del canónigo Mariano Liñán, que bajo la dirección de la Sociedad Valenciana de Crédito y Fomento, cuyo prócer era el también alcalde José Campo, en 1850, se inauguró la fuente del Negret en la plaza de Calatrava, que suponía dotar a la ciudad del servicio de Agua Potable.

Dos años después, gracias al vapor y el hierro, la nueva estación de ferrocarril prestaba servicio desde la plaza de San Francisco, con José Campo al frente.

Gracias al legado testamentario del ilustre canónigo Mariano Liñán y a la Sociedad Valenciana de Crédito y Fomento dirigida por el alcalde José Campo, siempre en el centro de cualquier avance, Valencia disponía de agua potable.

A la fuente del Negret, se sumaron rápidamente otras fuentes públicas, y desde las plazas de la Mare de Deu, de la Congregación,  de Sant Jordi, del Clot o Nueva o Redonda, desde la del Mercado y de San Lorenzo, se suministraba agua potable a los valencianos que mostraban su agradecimiento al canónigo por los 430.339 reales que había testamentado para este fin.

Con anterioridad se había constituido la Sociedad Valenciana para la Conducción de Aguas Potables, con el apoyo de la Sociedad Económica de Amigos del País, y fue el ingeniero Calixto Santa Cruz quien había elaborado un informe del costo de la instalación del servicio que alcanzaba los cinco millones de reales, propuesta que fue aprobada por el Gobierno.

La revolución industrial daba sus primeros pasos en el cap i casal.
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