domingo, 4 de febrero de 2018

LOS BAÑOS DEL ALMIRANTE EN OBSERVACIÓN


Archivo Municipal

Finalizaba el siglo XIX y el Balneario del Almirante tenía prestigio. Ello había obligado al dueño a su reforma antes del inicio de una nueva temporada que, aunque mejorando sus instalaciones, ya se anunciaba en la prensa una importante rebaja en sus precios.

El periódico Las Provincias recogía la información por el interés mostrado por Lo Rat Penat, cuando los restos arqueológicos de época árabe eran escasos en la ciudad, tanto, que la asociación consideró oportuna la visita a los baños en febrero de 1899, dedicada entonces, entre otras actividades, a su estudio. Establecía su origen cuando la Reconquista, bajo el título de Abdomelich, Avenmelich, Devendmellech, Nalmelig o Almeli, tal era la inconsistencia ortográfica y la mala adaptación de los vocablos árabes al lemosín.

Próximo al barrio judío -informaba el diario- el baño se disponía en una superficie que desde la calle del Palau se extendía hacia la plaza de la Congregación, donde se hallaba el Portal de la Xerea. Por el “Libre del Repartiment” se sabe que ante la casa de una familia judía en el Call, la de Salomón y Jofa, se encontraba una de las puertas de los “baños de Nalmelig”.

Tras la reconquista un amplio solar se había donado al caballero Jiménez de Palafox, progenitor de los marqueses de Guadalest, que obtuvieron a perpetuidad el título de Almirantes de Aragón, nombre que tomaron los baños, aunque Jaume Roig, en 1460, los nóminara de Ganou o de En Juan.

Los Baños del Almirante tuvieron sucesivos dueños pasando de los marqueses citados a los de Ariza, de estos a los condes de Rótova y a los Barones de Ceniza, que enajenaron el edificio. En aquel año, cuando finalizaba el siglo, lucían en su interior espléndidas columnas de mármol, con los arcos de herradura y las bóvedas semicirculares, con los tragaluces estriados en forma de estrellas que llamaron la atención a los ratpenatistas, especialmente por la disposición de las bóvedas en su parte exterior;  dado que no costaba documentación ni gráfica ni escrita sobre las mismas, se optó por unas fotos para dar una idea de la cubierta.

Para la investigación,  los socios de Lo Rat Penat contaron con la amabilidad del dueño de los baños, don Juan Blasco, quien se ofreció acompañado por don Luis Valls Mascarós, en su calidad de director técnico del establecimiento.

Lo Rat Penat quedó muy agradecida, tanto por la oportunidad de observar los restos arqueológicos como por su importantes mejoras para unos baños que ostentaban merecido reconocimiento por parte del público valenciano.
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