domingo, 3 de mayo de 2026

LA FIESTA DE LA FLOR EN VALENCIA


La maldita enfermedad que aunque mucha gente cree que está erradicada todavía asoma pero no con la virulencia que lo hacía en las primeras décadas del siglo XX en España.

Tal era la masificación de casos en toda la población que el Gobierno Central de 1906 creó en el Ministerio de la Gobernación una comisión permanente contra la tuberculosis, creyendo que la constitución de las juntas provinciales y locales sería más eficaz. Pero los presupuestos se hacían insuficientes, así que la Comisión Permanente se vio en la necesidad de acudir a las colectas, donaciones particulares y a las fiestas benéficas, todo con el fin de ayudar más a la causa y se pudieran establecer nuevos dispensarios y preventorios. En fin, a través de la caridad que es lo que más se estilaba en aquellos tiempos.

Y de ahí proviene la fiesta de la que se trata esta entrada, la Fiesta de la Flor o como también se le llamaba la Fiesta de la Peste Blanca, así denominada coloquialmente a la tuberculosis.

¿Cómo llegó esta fiesta a la ciudad de Valencia?


Pues he aquí cómo comenzó: Llegado el II Congreso Español Internacional contra la tuberculosis que se celebraba en San Sebastián en septiembre del 1912, al que acudió la reina Victoria Eugenia en el Sanatorio de Nuestra Señora de las Mercedes, tomando esta conciencia de las dificultades expuestas y animando a celebrar una fiesta recaudatoria. Así es como empezó la fiesta. No obstante el auge del primer año fue evidente y el entonces ministro Sánchez Guerra llegó a publicar el 10 de junio del año 1914 una Real Orden por la que esta medida o fiesta recaudatoria se aprobara en cada provincia española. Así pues, Valencia no se quedó atrás y todos los años al llegar el mes de mayo se celebró esta antigua y desconocida fiesta.


Mujeres de la alta sociedad, damas y damitas, muchas de ellas ataviadas con el traje regional valenciano se desplegaban con sus cestas por todas las calles más céntricas. Mesas petitorias en distintos puntos donde volvían a abastecer al mismo tiempo las cestas que portaban las mujeres y niñas. Claveles y flor silvestre, 10 céntimos para arriba y si puede ser más, mejor. El señor abordado rápidamente veía colgada en su solapa la motivada flor.


           Mesa petitoria en la plaza Emilio Castelar, frente al Ayuntamiento

Una fiesta en la que se mezclaba lo popular con lo señoril, pueblo, aristocracia y dinero, incluso realeza.

La Fiesta de la Flor tuvo su periodo de auge, pero también el de decadencia, debido a la escasa recaudación con el tiempo.

Texto de Amparo Zalve Polo

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