sábado, 3 de junio de 2017

SAN VICENTE FERRER, TEMPLO Y CASA


1914 - Se iniciaba la segunda década del siglo XX y a la “zona del ensanche” había que dotarla de nuevos equipamientos. El cuerpo y el alma de los valencianos demandaba aquello que los reforzara. Es así como entre 1914 y 1916 se llevó a cabo la construcción del mercado de Colón. Pero los dominicos, unos años antes, deseosos de que Valencia tuviera una iglesia dedicada a uno de sus más preclaros hijos, habían fijado sus ojos en la calle Cirilo Amorós, y ya desde 1906 habían iniciado la construcción del templo, que en su anexo, también se iba a destinar como edificio para viviendas al servicio de su comunidad religiosa.

Si el mercado de Colón fue inaugurado en la Nochebuena de aquel año de 1916, el templo dominico, que aún no estaba concluido, fue abierto al culto para los fieles pocas semanas antes.

Así había sido el día 12 de octubre anterior, siendo bendecido por el obispo de Mallorca en un acto que pese a su sencillez, destacó por la emotividad de los presentes.

Valencia tenía pues un templo dedicado a San Vicente Ferrer y la nueva Casa de los Dominicos se podía considerar a la altura de las mejores sitas en otros lugares. En el acto inaugural asistieron al obispo los canónigos Don José Vila, don Julio Cabanes como prefecto de Sagradas Rúbricas y don Constantino Tormo, penitenciario.

La misa rezada fue celebrada por el reverendo padre prior, fray Jaime Prats Ferrer, para terminar con un Te-Deum que junto a la bendición a los fieles fueron llevados a cabo ambos por el Obispo como presidente del acto. Tan sencillo pero solemne acto dispuesto para la bendición del templo, también tuvo sus padrinos, honor que recayó en Doña Pilar de Mazarredo, viuda de Zabalburu, junto a  su hermano el Marqués de Lara.

Así se culmina un histórico recorrido residencial que se había iniciado en el Convento de Santo Domingo, ya entonces convertido en Capitanía General, lo que obligó a buscar habitaje para los religiosos en la calle Avellanas, con posterior traslado a la calle de la Nave, lugar que tuvo su continuidad en un edificio de la Plaza del Príncipe Alfonso, propiedad de la viuda de Zabalburu, donde habían residido hasta aquel día tan esperado.


Vemos la foto del nuevo templo de San Vicente Ferrer cuando aún no se había iniciado el mercado en cuya construcción iban a intervenir Francisco Mora y Demetrio Ribes, los grandes arquitectos de la Valencia modernista: la del hierro, vidrio y marquesinas.

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