domingo, 17 de julio de 2016

EL TRIANÓN PALACE

Archivo Fundación Goerlich

Valencia en 1914 tenía seis teatros. A ellos se les iba unir pronto uno con vocación de estar en la línea de los mejores de España, incluso de superarla. Contaba la ciudad con un joven arquitecto dispuesto igualmente a estar entre los mejores. El binomio encajaba a la perfección, por lo que el empresario Manuel Porres dejó en manos de Francisco Javier Goerlich (quien había obtenido el título de arquitecto en el mismo año) la dirección de tan suntuosa obra, en principio como Teatro-Circo de acuerdo con la moda imperante. El solar del Convento de Santa Clara era el marco adecuado para su lucimiento en un lugar céntrico con gran proyección hacia la vida lúdica y bohemia: la del espectáculo.

Goerlich no defraudó las expectativas y el 5 de diciembre de 1914, tras seis meses y unos días de trabajo, se inauguró el Trianon Palace con la consideración por toda la prensa como grandiosa sala de espectáculos, a la que se unía de suntuosa con toda clase de elogios. Se destaca el lujo ostentado y la atención y buen gusto de los empleados al servicio de los asistentes, según los cronistas.

La fachada principal estaba rematada por grupos escultóricos: uno simbolizaba la escultura y la pintura mediante dos soberbias matronas, otro compuesto por dos personas se recreaban en la música y la poesía y un tercero mediante figuras humanas en homenaje a la aviación y al cinematógrafo. Estaban los tres coronados por unos angelitos como remate artístico, mientras que por la fachada se mostraban grandes manchones remarcado por carátulas, llamando la atención por su osadía un arco de una sola pieza sobre la entrada al teatro que lucia una artística verja de hierro.

En cuanto al interior, agradó y mucho su vestíbulo estilo Luis XIV, decorado por las manos de José Benlliure hijo, quien se encargó de su acabado artistico, con una regia escalinata como acceso al patio de butacas, y dos soberbias escaleras en los flancos hacia el piso principal. Pero lo que dejó asombrado al público fueron las dimensiones del salón: sus 50 metros de largo con un ancho de 18 metros y 13 de altura admiraron a los asistentes.

Para el disfrute de los espectáculos se ofrecían localidades clasificadas por butacas, palcos plateas, palcos principales, asientos de preferencia en la planta baja y delanteras y entrada general en el piso superior.

Para su acceso, además de la entrada principal a la calle Pi y Margall, disponía de seis puertas en la calle Convento Santa Clara comunicadas con el salón y dos más con el escenario. 

En su inauguración la asistencia del público fue todo un éxito, pues con su capacidad para más de 1500 espectadores tan solo quedaron vacíos un par de palcos y unas pocas butacas de las últimas filas, con la representación de tres conciertos a cargo del maestro Lasalle. Ya en la década de los veinte, el Trianón se adaptó a la magia del cinematógrafo, deslumbrando al público hasta 1948, el año de su derribo.

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