viernes, 16 de diciembre de 2016

MIS RECUERDOS DE BENIMAR - I


1954 - El primer verano, 1948, había un  edificio, que había sido hecho en 1941 para la Guardia Civil. La verdad es que no tengo ni idea de lo que se hizo para que fuera posible Benimar, tal como yo lo conocí, pero así fue, y creo que la Guardia Civil siguió utilizando solo una pequeña parte del piso superior.

En la planta baja había un bar, un pequeño restaurante, una terraza y los vestuarios.

En el primer piso, había a la izquierda una bonita y grande terraza, a la que se subía por una escalera exterior que es la que se ve en las fotografías de la fachada. Al lado un salón muy grande que se dedicaba a muchos usos. Podía haber exposiciones de fotografías, de pintura o dibujos, a veces hechos por los niños de allí, algunas veces charlas, y cuando no había nada, era simplemente el lugar donde podíamos estar hablando, cantando, o jugando a lo que quisiéramos.

Desde el principio ya había una piscina para niños muy bonita, aunque poco profunda, era muy grande. Al lado un pequeño parque, con columpios, barquitas y toboganes infantiles.

También había una pista para patinar, un campo de baloncesto, un frontón, cuatro mesas de ping pong y mucho espacio libre para jugar a lo que se quisiera.

Un tiempo después, no recuerdo cuando porque nunca me interesó, se hizo, al lado, a la izquierda, un campo de fútbol, que funcionó durante muchos años como equipo de fútbol Benimar.

En el edificio central, a la entrada, a la derecha había un despacho, para el Director, que era el sacerdote Don Baltasar Argalla, y Don Jesús, que era seglar, y era el que se encargaba de casi todo.

A ese despacho se podía acudir para cualquier cosa que se quisiera pedir, preguntar o comentar, y había un micrófono y un altavoz fuera, por el que se daban toda clase de mensajes, como las actividades que había para ese día, concursos de hacer dibujos o castillos en la arena, partidos, teatro, cine, o también con mucha frecuencia, cuando alguien había perdido o encontrado algo en la playa.

Podía ser una pelota, una cartera, una toalla o cualquier objeto, pero también bastantes veces "la cosa" era un niño, que se había perdido y alguien lo llevaba allí para que lo comunicaran por el altavoz. Otras veces al revés, unos padres angustiados que no encontraban a su hijo, y pronto D. Jesús, muy contento, daba la feliz noticia de que el niño ya estaba con su familia.

Texto de Amparo Lleó Morilla

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