martes, 27 de junio de 2017

PLACA A LOS HÉROES DE LA INDEPENDENCIA


Archivo Municipal

1908 - Se celebraba justo el primer centenario desde aquel grito del “Palleter”, Vicente Domenech,  en la “plaza de les Panses” y Valencia entera tenía ganas de celebrarlo por todo lo alto.

Lo Rat Penat,  y bajo su batuta, fue la entidad que recordó la gesta en una iniciativa a la que se sumó toda la vida social, cultural, religiosa, política, universitaria e  institucional en suma, con todos sus estamentos que se fue congregando en el domicilio de la entidad de la plaza Manises, donde su presidente, el barón de Alcahalí, fue el gran anfitrión.

La marcha se inició a las once y diez minutos de aquel domingo 28 de Junio y para la relación de todas las entidades que acudieron, su extensión excede la pretensión de esta entrada. Una comitiva que se iniciaba por una pareja de guardias municipales a caballo y la bandera de “Lo Rat Penat” y que se cerraba con una banda de música del Regimiento de Mallorca, y un piquete del mismo con secciones de artillería, ingenieros y caballería mandado por oficiales.

Con gran afluencia de gente se recorrieron las calles y plazas de los Hierros, Constitución, Miguelete, Zaragoza, Reina, San Vicente, Emilio Castelar y Sangre, donde el alcalde sr Maestre se sumó  al acto con la bajada según su costumbre desde el balcón Consistorial de la Senyera, con vivas a Valencia y a España, todo en un ambiente muy solemne, pero también entusiasta y emotivo.

Y por las calles de la Sangre, San Vicente, San Fernando, Mercado, Ercilla y Lonja, se llegó a la plaza de les Panses donde desde una tribuna al efecto, el barón de Alcahalí recordó el grito del Palleter, encumbrando su significado para descubrir una lápida frente a la Iglesia de la Compañía fijada en el cerco de La Lonja.

No terminó ahí el emotivo acto, pues por la calles de Cordellats, plaza del Mercado, Bolsería y Cuarte, la comitiva alcanzó las torres de Quart, donde se repitieron las emociones, con la colocación de un placa en recuerdo de la resistencia de los valencianos al acoso artillero de las tropas del general Moncey a la ciudad amurallada.

Las heridas pétreas sobre las torres son un homenaje permanente, un eco al grito del Palleter que jamás se extingue.

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