miércoles, 20 de abril de 2016

EL TÚNEL DEL CABANYAL CUMPLE VEINTICINCO AÑOS

Foto de Esteban Gonzalo

El día 13 de abril de 1991 fue abierto a la circulación de trenes el túnel que por el subsuelo de las calles Ibiza y Serrería y las modernas continuaciones Luis Peixo e Ingeniero Fausto Elio, la primera del Grao y las restantes del Cabanyal-Canyamelar, sustituyó a las vías en superficie del Ferrocarril de Valencia a Tarragona.

Pasaron al archivo de los recuerdos las congestiones de tráfico y los accidentes en los pasos a nivel de la calle Islas Canarias, de los caminos de Algirós y Cabanyal, pero principalmente en la avenida del Puerto, donde coincidían sesenta mil vehículos de circulación rodada con un centenar de trenes. De tal manera, que las barreras de su amplio paso a nivel, que eran accionadas a mano desde una casilla elevada, cortaban el tránsito rodado siete de cada veinticuatro horas.

Siete días después, hoy hace veinticinco años, el ministro de Obras Públicas y Transportes, José Borrell, inauguró el denominado “Soterramiento del Ferrocarril a Tarragona a su paso por las barriadas marítimas de la ciudad de Valencia”. En el tren especial, que partió de la estación del Norte a las 12:10 horas, le acompañaban el Presidente de la Generalitat, Joan Lerma; la Presidenta de Renfe, Mercé Sala; la Alcaldesa de la ciudad, Clementina Ródenas, así como otras autoridades, invitados y medios de comunicación. Hubo discursos, descubrimientos de una placa y un monumento conmemorativo, una improvisada rueda de prensa, arrancamiento de una de las barreras del paso a nivel junto a la estación del Cabanyal como simbólico desmantelamiento de las instalaciones en superficie, mascletá y fiesta ciudadana, que se prolongó hasta la madrugada y culminó con un castillo de fuegos artificiales.

Foto de Esteban Gonzalo

Día institucional, pero el grande para la historia del Distrito Marítimo fue el 14 de abril de 1991, el primero sin trenes a nivel calle en 2.620 metros de línea férrea que hasta entonces frenaban la intercomunicación del Grau, Canyamelar, Cabanyal  y Malvarrosa con el resto de la ciudad de Valencia. Obra que puso fin a numerosas protestas vecinales.

La historia del túnel comenzó cuando de las tres alternativas presentadas en 1979 fue elegida la del soterramiento de las vías entre el cauce del viejo río Turia y la estación del Cabanyal, con prolongación aprobada en 1984 hasta el linde municipal de Alboraya. Comenzaron las obras en abril de 1986 y estuvieron paradas entre noviembre de ese año y diciembre de 1988, hasta que hubo consenso para el pago del enorme sobrecoste por las técnicas constructivas a emplear según los condicionantes hidrológicos y geológicos derivados por la poca consistencia del subsuelo y el nivel freático casi en la superficie.

Problemático de construcción, pero también de mantenimiento por las frecuentes deformaciones de la plataforma de la vía que obliga a periódicas obras de consolidación. Queda como incógnita si resistirá el gran aumento de trenes de mercancías que prevén los empresarios tras la adecuación de las vías con la colocación de un tercer carril para el ancho común europeo

De una adjudicación a la baja en 1.800 millones de pesetas para la infraestructura del túnel pasaron a una inversión final de 9.500 millones, que incluía la superestructura ferroviaria –vías, catenaria y señales- y un colector. La Generalitat Valenciana, el Ayuntamiento de Valencia y Renfe aportaron 1.500 millones cada uno y el resto el MOPU.

Tras desechar el Ayuntamiento de València la construcción de un puente atirantado diseñado por Santiago Calatrava y decantarse por la continuación del túnel hacia el sur, en 1988 el Ministerio de Transportes denegó la prolongación alegando que ya habían asumido mucho coste y que el terreno era muy inestable. Montaron un puente fácil de quitar y dejaron preparadas las pantallas para cuando quisieran realizar la prolongación. Después un cuarto de siglo con peticiones valencianas, con mayor o menor frecuencia y contundencia según épocas, pero con el mismo resultado, el continuado ninguneo ministerial.


Texto y fotos de Esteban Gonzalo Rogel    
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