miércoles, 17 de febrero de 2016

BLASCO IBAÑEZ LLEGA A VALENCIA


Fuente: Fundación Blasco Ibáñez

1911 - En 1908 Vicente Blasco Ibáñez abandonó la política para iniciar su andadura sudamericana. Volvería a Valencia en 1911 y el 17 de febrero de aquel año fue recibido en la vieja Estación del Norte a donde había llegado a bordo del rápido de Madrid.

Ya a las 20 horas un gran gentío se concentraba en torno a la plaza Castelar que semejaba ser un día festivo. Los andenes, entrevías y demás dependencias de la estación se inundaban de sus más fervientes seguidores. Entre vivas y aplausos, a las 20,37 la locomotora hacía su aparición en la playa de vías, al tiempo que su insistente silbido se mezclaba entre los millares de sombreros, pañuelos y gorras que lo esperaban. El convoy aminoraba su marcha.

Blasco Ibáñez pisó tierra y entre aquel mar de gente que le estrujaba, tras más de 15 minutos de abrazos, consiguió llegar al landó situado ante la puerta de la estación en la plaza del Sagrario de San Francisco, donde le esperaba el alcalde accidental Sr. Valentin, al que también se unió el diputado Felix Azzati, iniciando su trayecto en dirección a la Bajada de San Francisco. Los jardines de la plaza Emilio Castelar, abarrotados de gente,  esperaban su paso, mientras las farolas y el arbolado eran utilizados por los más audaces para contemplar con mejor visión el paso del maestro.

El carruaje continuó hacia la plaza Cajeros y a través de la calle de San Fernando, entre un espectáculo grandioso, alcanzó la plaza del Mercado para continuar por la calle de la Bolsería. En el Tros Alt se reavivaron los vítores y el landó dobló hacia la calle Cuarte para dirigirse a la cercana de Palomar, donde se hallaba el domicilio del editor Sempere, que inundada de gente hasta la calle Murillo hacía imposible el paso del vehículo. Por fin pudieron abrirse paso y ya ante la residencia, Blasco Ibáñez y sus acompañantes, entraron en el domicilio. Finalmente, desde un balcón, el insigne escritor tuvo ocasión de dirigirse al público, agradeciendo la multitudinaria acogida que había disfrutado a lo largo del trayecto.

La foto de Barberá nos muestra el instante de su bajada del ferrocarril.
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