sábado, 17 de octubre de 2015

EN LA CALLE CONDE DE ALTEA

Archivo Municipal 


El domingo 23 de junio de 1923, en unos actos que se iniciaron a las once horas, una comisión municipal presidida por el Alcalde D. Juan Artal, formada por los Sres. Cardona, Rosat, Porta y Ballester, con los maceros del Ayuntamiento, se dirigió al domicilio del Sr. Gil Perotín en la plaza Wilson, en el Parterre, donde se hospedaba el Conde de Altea. Ambos se incorporaron a la comitiva, a la que se unieron también  los señores Ibáñez Rizo y Carrau, dirigiéndose a la calle donde se iba a descubrir una lápida que le daría nombre.

Llegados al lugar, el secretario accidental del Ayuntamiento, Sr. Castañeda, dio lectura al acuerdo que daba el nombre de Conde Altea a la calle trazada en paralelo a la Gran Vía Marqués del Turia.

A continuación y a los acordes de la Marcha de la Ciudad, el alcalde descubrió la lápida decorada al estilo por el que se había optado en la calle del Cardenal Reig, dado a “aunar artísticamente la pintura y la escultura cerámica en rica policromía y oro”. Un medallón circular pintado en azul en su centro, recoge un retrato del Conde de Altea, mientras que a los lados, unas alegorías de la Instrucción, Bellas Artes y Trabajo, recuerdan el paso de D. José Jorro y Miranda por las subsecretarías citadas.

Una vez descubierta la lápida pronunciaron una emotivas palabras los Sres. Artal, Gil Perotín por el Notariado, Carrau por el Colegio de Abogados e Ibáñez Rizo, íntimo amigo de quien iba a perpetuar su nombre en la calle del Ensanche.

Finalmente todos los reunidos se trasladaron al domicilio particular de la plaza Wilson donde se sirvió un espléndido lunch, en noticia publicada por el Diario de Valencia dos días después.

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