lunes, 21 de septiembre de 2015

EL EFÍMERO PIRULÍ DE LA POLITÉCNICA - 31/05/2004

Foto de Esteban Gonzalo Rogel (2004)

Entre los años 2004 y 2009 la cercanía de Valencia por la costa tenía un peculiar y llamativo punto de referencia en el Pirulí, la estilizada torre de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV). Llamativa de día pero más de noche cuando sus iluminados 45 metros de altura destacaban en una zona lateral a la actual gran plaza donde confluyen las avenidas de Cataluña y de Los Naranjos, la calle Doctor  Vicente Zaragozá y la Ronda Periférica, tras la sustitución del paso superior por otro inferior para la autovía A-7.

Su historia comenzó cuando la UPV encargó al ingeniero Juan Antonio Rovira Soler, profesor de Estructuras de la Escuela de Ingenieros Industriales, el diseño de una torre que señalizara a gran distancia su emplazamiento universitario. El resultado fue una estructura realizada con fibras de vidrio, plásticos y resinas sintéticas, materiales que le aportaban ligereza y resistencia, que construyó y montó Tadipol con un coste total equivalente a 300.000 euros. Sólo pesaba 19 toneladas, pero su comportamiento mecánico, similar al de una palmera alta, le permitieron resistir vientos muy fuertes, superiores a ciento treinta kilómetros por hora, que arrancaron árboles y causaron grandes destrozos en Valencia pero a la torre sólo le provocaron una leve inclinación que recuperó al cesar el huracán.  

El profesor Rovira profetizó que el plástico utilizado para esa estructura se convertiría en el material por excelencia del siglo XXI, ya que era muy indicado para estructuras situadas en ambientes agresivos, como son los salinos.

La nueva torre de Valencia fue muy elogiada en diferentes foros internacionales y en revistas especializadas sobre estructuras.

Sin embargo los nuevos gestores de la UPV elegidos en el año 2009 decidieron demoler la torre alegando razones de seguridad, que fueron desmentidas por el profesor Rovira, pero no sirvieron para que éste al retorno de sus vacaciones en septiembre de ese año comprobara que en la última semana del anterior mes de agosto fuera derribado y troceado El Pirulí con un gasto entre 90.000 y 120.000 euros.

Como se quedaron sin punto de referencia dijeron que instalarían un indicador encima del nuevo edificio de Bellas Artes, que según me han dicho todavía no han colocado.

Texto de Esteban Gonzalo Rogel  

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