sábado, 11 de octubre de 2014

EL SALVAMENTO DEL CRISTO DEL GRAO

San maria del mar (Archivo de Paco Mañez)
(Foto realizada desde la casa de Darocha, un tiempo antes de los hechos)

1936. Cuentan la crónica que el 15 de agosto de 1411 apareció flotando en el Turia la talla de un Cristo, desde ambas orillas los de Ruzafa y los del Grao disputaron por él, siendo estos últimos los que terminaron quedándosela. Desde entonces es el patrón del Grao y a partir del siglo XVII los creyentes lo veneran en la iglesia de Santa María de Mar.

A lo largo de su historia el Cristo del Grao ha pasado por diversas vicisitudes, siendo quizá la más famosa cuando fue trasladado en 1811 a Ibiza para evitar que cayera en manos de las tropas francesas de ocupación. Existió una ocasión en que esta obra de arte sacro corrió un peligro mayor.
 
Nada más comenzada la Guerra Civil diversas iglesias, monumentos y edificios religiosos sufrieron grandes daños o fueron destruidos en Valencia. El lunes 20 de julio de 1936 le tocó a Santa María del Grao. Un nutrido grupo de personas se había apoderado de la iglesia saqueándola y destrozando todo lo que podían.
jose darocha trullente
(Archivo de Paco Mañez)

José Darocha Trullente (1892-1975) vivía en la avenida del Puerto enfrente mismo de la iglesia y observó los acontecimientos. Bajó, cruzó la avenida y entró encontrándose con que el Cristo había sido descolgado y estaba colocado en la pira formada por las sillas y los bancos, iban a quemarlo.

Darocha no era un hombre religioso, ni siquiera creyente, pero aquello le pareció una barbaridad. Tras una corta discusión y enfrentamiento con algunos enaltecidos cargó el pesado Cristo y llegó con él hasta la puerta; en la calle fue detenido por un grupo de hombres, comenzaron los insultos y los zarandeos haciendo que temiera incluso por su vida. Por suerte fue reconocido por un portuario, un estibador que llamó a sus compañeros. La intervención de estos hombres logró que los agresores se apartaran, y con su ayuda la obra de arte fue subida hasta el piso de Darocha, en donde permaneció hasta que calmados los acontecimientos y transcurrido un tiempo prudencial avisó a las autoridades para que se hicieran cargo.

Santa María del Mar ardió aquel día y el Cristo se creyó perdido para siempre entre las llamas. Terminada la contienda apareció en el Ayuntamiento junto a la Virgen de los Desamparados en el mismo escondite, para sorpresa de todos. Nadie lo comprendía, existían numerosos y, aparentemente, fiables testimonios sobre su pérdida, sólo cabían dos posibilidades, o era un milagro o había ardido una réplica. Así nació la leyenda sobre la suplantación de la figura original por una copia realizada gracias a grupo de devotos.

José Darocha Trullenque se creó muchos enemigos con su acto, lo que unido a los continuos bombardeos realizados para destruir la flota mercante en el puerto, hizo que se trasladara a vivir al centro de la capital. Nunca se consideró un hombre valiente, jamás se explicó a sí mismo cómo había realizado semejante acto. Siendo un hombre modesto era rara la ocasión en que contaba lo sucedido, nunca buscó reconocimiento, siendo algo más propio de familiares y amigos narrar aquellos sucesos.

Texto y fotos de Paco Mañez

2 comentarios:

Taramá dijo...

Tu tio Pepe debió ser una persona muy interesante. Vamos conociendo poco a poco su vida a través tuyo y como poco era diferente al resto de la mayoría en aquella época. Este relato hace que ademas, sea valiente y admirable. Seguro que estais muy orgullosos de él.
Gracias por el relato y por compartir tus fotos familiares con nosotros

Paco Máñez dijo...

Muchas gracias Tamará. Desde luego no fue un hombre corriente en aquella época. Siempre fue un referente para la familia.

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